www.lavanguardia.es
28 de setembre de 2008
M. Gutiérrez
Barcelona
Trajimos el musical a Barcelona porque estamos un poco locos", dice a lo Monty Python Juan Luis Goas, productor ejecutivo de Spamalot,que estos días se representa en el teatro Victòria de Barcelona. Normal, porque si no lo estuvieran, probablemente no se habrían atrevido a versionar algo tan montyniano como Los caballeros de la mesa cuadrada.Los propios miembros del grupo británico se lo advirtieron cuando se enteraron de que pretendían comprar los derechos de la obra. "¿Estáis seguros?", preguntaron. Como la respuesta fue afirmativa y llegaron a un acuerdo, decidieron poner alguna cláusula en el contrato para salvaguardar sus intereses. Por ejemplo, que quedaba totalmente prohibido cambiar el sexo de los personajes de la función. "De eso ya nos encargamos nosotros", escribían los Monty Python. Y es que son muy dados a la transexualidad.
Los productores del musical en España han dejado a cada personaje con el sexo que le toca y la obra ha llegado por primera vez a un país no anglosajón. Para ello han tenido que adaptar ciertas bromas. La primera, el propio nombre del musical, aclarar por qué se llama Spamalot - lo de la mortadela barata-, justificar por qué aparecen unas animadoras junto a la Dama del Lago y meter las montañas de Montserrat y la melodía de una sardana en la búsqueda del Santo Grial - para cuando la obra se estrene en Madrid podrían tocar un chotis e incluir entre los personajes al oso, al madroño y a Esperanza Aguirre-. "Aun así, el humor catalán y el británico son similares, más de sonrisa que de carcajada, humor fino más que sal gorda", aclara Goas, por lo que el público ha respondido bien a la puesta en escena.
Fernando Gil, que encarna a Lancelot - el personaje que originalmente interpretaba John Cleese-, cree que el humor de los Monty Python funciona en casi cualquier contexto porque "es universal". Este actor, que durante tres años trabajó representando los mejores gags de Flying Circus,dice que lo que distingue al grupo británico es su capacidad para hacer humor desde la base. "No hacen comedia sobre nombres propios, sino que van al meollo del asunto. Hablan de la institución en general: de la Iglesia, no de un papa concreto; de los militares, no de un cargo en especial; esto les permite no tener que acotarse en el tiempo, por eso son universales e imperecederos".
Con un humor transgresor y un poco punkarra - pero fino-, los Monty Python marcaron un antes y un después en la escena cómica. "En la época en que aparecieron fueron un bombazo, porque la moral de hace cuarenta años era diferente de la de ahora, fueron muy transgresores y rompieron con la imagen que se tenía de los británicos", opina Gil. Ahora puede que sus bromas no resulten tan chocantes, pero continúan gustando y sobre todo han marcado un estilo - Gil ve algo de Monty Python en, por ejemplo, Muchachada Nui,salvando las distancias-.
Este mismo actor debe parte de su papel en Spamalot a la influencia del grupo británico.
Había pensado en presentarse al casting. "Mis amigos me insistían, pero no sabía muy bien dónde tenía que apuntarme", dice. Un día, en un festival de cine, hizo algunos gags al estilo de Monty Python, y uno de los productores del musical en España le echó el ojo. "Me dijeron que podría encajar en lo que estaban buscando, me presenté al casting y aquí estoy", recuerda. A partir de entonces, tocó trabajar un personaje nada fácil, como todos los que plantean Monty Python. "Sir Lancelot es un personaje muy expresivo, que habla muy alto, hace muchas caras, pero también muy de verdad". Y no sólo él está encantado. Cuentan que Jordi Bosch, que interpreta el papel de Rey Arturo, está feliz por haber dejado de hacer culebrones.
28 de setembre de 2008
M. Gutiérrez
Barcelona
Trajimos el musical a Barcelona porque estamos un poco locos", dice a lo Monty Python Juan Luis Goas, productor ejecutivo de Spamalot,que estos días se representa en el teatro Victòria de Barcelona. Normal, porque si no lo estuvieran, probablemente no se habrían atrevido a versionar algo tan montyniano como Los caballeros de la mesa cuadrada.Los propios miembros del grupo británico se lo advirtieron cuando se enteraron de que pretendían comprar los derechos de la obra. "¿Estáis seguros?", preguntaron. Como la respuesta fue afirmativa y llegaron a un acuerdo, decidieron poner alguna cláusula en el contrato para salvaguardar sus intereses. Por ejemplo, que quedaba totalmente prohibido cambiar el sexo de los personajes de la función. "De eso ya nos encargamos nosotros", escribían los Monty Python. Y es que son muy dados a la transexualidad.
Los productores del musical en España han dejado a cada personaje con el sexo que le toca y la obra ha llegado por primera vez a un país no anglosajón. Para ello han tenido que adaptar ciertas bromas. La primera, el propio nombre del musical, aclarar por qué se llama Spamalot - lo de la mortadela barata-, justificar por qué aparecen unas animadoras junto a la Dama del Lago y meter las montañas de Montserrat y la melodía de una sardana en la búsqueda del Santo Grial - para cuando la obra se estrene en Madrid podrían tocar un chotis e incluir entre los personajes al oso, al madroño y a Esperanza Aguirre-. "Aun así, el humor catalán y el británico son similares, más de sonrisa que de carcajada, humor fino más que sal gorda", aclara Goas, por lo que el público ha respondido bien a la puesta en escena.
Fernando Gil, que encarna a Lancelot - el personaje que originalmente interpretaba John Cleese-, cree que el humor de los Monty Python funciona en casi cualquier contexto porque "es universal". Este actor, que durante tres años trabajó representando los mejores gags de Flying Circus,dice que lo que distingue al grupo británico es su capacidad para hacer humor desde la base. "No hacen comedia sobre nombres propios, sino que van al meollo del asunto. Hablan de la institución en general: de la Iglesia, no de un papa concreto; de los militares, no de un cargo en especial; esto les permite no tener que acotarse en el tiempo, por eso son universales e imperecederos".
Con un humor transgresor y un poco punkarra - pero fino-, los Monty Python marcaron un antes y un después en la escena cómica. "En la época en que aparecieron fueron un bombazo, porque la moral de hace cuarenta años era diferente de la de ahora, fueron muy transgresores y rompieron con la imagen que se tenía de los británicos", opina Gil. Ahora puede que sus bromas no resulten tan chocantes, pero continúan gustando y sobre todo han marcado un estilo - Gil ve algo de Monty Python en, por ejemplo, Muchachada Nui,salvando las distancias-.
Este mismo actor debe parte de su papel en Spamalot a la influencia del grupo británico.
Había pensado en presentarse al casting. "Mis amigos me insistían, pero no sabía muy bien dónde tenía que apuntarme", dice. Un día, en un festival de cine, hizo algunos gags al estilo de Monty Python, y uno de los productores del musical en España le echó el ojo. "Me dijeron que podría encajar en lo que estaban buscando, me presenté al casting y aquí estoy", recuerda. A partir de entonces, tocó trabajar un personaje nada fácil, como todos los que plantean Monty Python. "Sir Lancelot es un personaje muy expresivo, que habla muy alto, hace muchas caras, pero también muy de verdad". Y no sólo él está encantado. Cuentan que Jordi Bosch, que interpreta el papel de Rey Arturo, está feliz por haber dejado de hacer culebrones.