14 de juliol 2006

Quiero mostrar el daño de la represión sentimental’


9 de juliol de 2006

Foto - Gustavo López en primer plano, precediendo a los actores que interpretan Después de la lluvia.

Dato
Después de la lluvia se puede apreciar en el C. C. PUCP (Camino Real 1075, San Isidro), de jueves a lunes, a las 8:00 pm.

En el Teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se acaba de estrenar Después de la lluvia del dramaturgo catalán Sergi Belbel. Siendo una de las obras con mayor presencia internacional en la actualidad, el espectáculo gira en torno a una temática que se podría catalogar de profética y apocalíptica.

Los personajes que intervienen –empleados de una empresa transnacional– son deshumanizados por la mecanización de sus funciones laborales.
Son seres humanos abstraídos tanto por el trabajo, que han perdido la capacidad de comunicación interpersonal y sólo encuentran una “salida” en el refugio del cigarrillo que, sin embargo, tienen que consumir clandestinamente en la azotea del edificio empresarial. A continuación, conversamos con Gustavo López, quien viene dirigiendo la obra.

Jack Martínez
–La sensación de un silencio represor parece estar instalado en cada uno de los personajes de la obra. ¿Se trata de los estragos de la posmodernidad?–Así es, porque alrededor de los personajes, ligados todos ellos a una empresa, gira e impera la idea de producir y dejar de lado la emotividad, porque consideran que ésta va en detrimento de su rendimiento.
–Es entonces cuando salir a la azotea para fumar se hace vital y necesario para no caer en la locura y el descontrol. En ese sentido, ¿la obra lleva los hechos de la realidad al extremo o, simplemente, nos anuncia un devenir irremediable?
El consumo del cigarro en la obra está íntimamente ligado a la reflexión y al diálogo consigo mismo, porque, a través de él, los trabajadores empiezan a relacionase entre ellos y lo hacen en la azotea –está prohibido que fumen mientras trabajan–, la cima del rascacielos que se convierte finalmente en el único espacio que permite despertar una sensación de libertad donde ellos puedan emitir esa especie de grito ensordecedor que los libera y se hace necesario para mantener cierto equilibrio emocional. Ahora, si la obra retrata el futuro o no el tiempo lo dirá, pero lo cierto es que todo parece indicar que así será.
–Entonces no es raro que, por todo el estrés reunido en los trabajadores, la idea del suicidio esté siempre presente en ellos…–
Y ello reafirma que la idea del “avance” de la humanidad no es tal en realidad, porque el sujeto posmoderno siente que nadie lo escucha y surge en su mente la posibilidad de la muerte como única salida.
–Hasta que aparece “la lluvia” y cambia esta situación…–
Porque Sergi Belbel intenta decirnos que mantengamos la esperanza, que puede llegar una salida. La lluvia, en la obra, cumple esa función, es lo que todos esperaban. Representa la limpieza, un nuevo amanecer, una etapa en la que el flujo emotivo puede ser liberado para así expresarnos sin temor.
–Lluvia que, además, representa el reencuentro con la naturaleza…–
Y no sólo con la naturaleza del mundo material, sino también con la naturaleza del ser humano. Es decir, aparece el amor en los distintos niveles, se vuelve fundamental para alimentar las esperanzas y surge en toda su dimensión al final de la obra.