
10 de juliol de 2006
El cantar de la venganza Un musical han ideado Miguel Ángel Bravo y la Compañía Apasionada de Shakespeare: es Hamlet, el cantar de la venganza, que se presenta hasta el 15 de julio en Teatro Arena.
Las versiones originales del teatro isabelino, allá por el siglo XVII, contaban con actores, músicos y actores-cantantes. Era un espectáculo de entretención, independiente de la profunda problemática que trataran las obras. La dramaturgia estaba entrando a su mayoría de edad en Europa, y su propia valentía impulsaba a los autores a tejer los textos con críticas sociales y denuncias éticas, a esbozar una mirada no tan complaciente sobre el estado de los gobiernos, la estructura de la sociedad o el rol de los intelectuales. Sin embargo, nadie veía la necesidad de sacrificar las ricas formas del espectáculo teatral: la música en vivo permitía al público distraerse y a los contenidos ingresar camuflados a la conciencia.Por eso es que es tan valiosa la propuesta que dirige Miguel Ángel Bravo de Hamlet en Teatro Arena. Porque recupera la tradición isabelina y arma con ella un montaje atrevido y al mismo tiempo consistente. Cuatro actores-cantantes y tres instrumentistas se toman ágilmente en el escenario con la dramaturgia de un grande como William Shakespeare. La Compañía Apasionada de Shakespeare ha subtitulado Hamlet con El Cantar de la Venganza. Y por eso es que se da el trabajo de escudriñar en las raíces de la infancia la semilla de este sentimiento tan reptil y humano a la vez. Partimos con el nacimiento del príncipe de Dinamarca, su infancia y cómo juega al amor y a la guerra, con los hermanos Ofelia y Laertes. Luego crece y se encuentra con la muerte del padre y el funeral que se transforma en casamiento de su madre y su tío. La tortura de la fría mirada de los adultos, lo hosco y práctico de sus decisiones. La traición desnudada por el fantasma de su padre, que lo estimula a la locura, al sin sentido y a la venganza.La música compuesta por Daniel Baeza y Sebastián Horta nos introduce en las escenas, amplificando las emociones, conduciéndonos por estados de ánimo y niveles de conciencia. Las canciones que entonan los diferentes personajes esenciales de Hamlet, entre los cuales sólo echamos de menos a Horacio, el amigo del protagonista, son también catalizadores de la acción, del drama y de la reflexión sobre lo que vamos conociendo e interpretando.
Las versiones originales del teatro isabelino, allá por el siglo XVII, contaban con actores, músicos y actores-cantantes. Era un espectáculo de entretención, independiente de la profunda problemática que trataran las obras. La dramaturgia estaba entrando a su mayoría de edad en Europa, y su propia valentía impulsaba a los autores a tejer los textos con críticas sociales y denuncias éticas, a esbozar una mirada no tan complaciente sobre el estado de los gobiernos, la estructura de la sociedad o el rol de los intelectuales. Sin embargo, nadie veía la necesidad de sacrificar las ricas formas del espectáculo teatral: la música en vivo permitía al público distraerse y a los contenidos ingresar camuflados a la conciencia.Por eso es que es tan valiosa la propuesta que dirige Miguel Ángel Bravo de Hamlet en Teatro Arena. Porque recupera la tradición isabelina y arma con ella un montaje atrevido y al mismo tiempo consistente. Cuatro actores-cantantes y tres instrumentistas se toman ágilmente en el escenario con la dramaturgia de un grande como William Shakespeare. La Compañía Apasionada de Shakespeare ha subtitulado Hamlet con El Cantar de la Venganza. Y por eso es que se da el trabajo de escudriñar en las raíces de la infancia la semilla de este sentimiento tan reptil y humano a la vez. Partimos con el nacimiento del príncipe de Dinamarca, su infancia y cómo juega al amor y a la guerra, con los hermanos Ofelia y Laertes. Luego crece y se encuentra con la muerte del padre y el funeral que se transforma en casamiento de su madre y su tío. La tortura de la fría mirada de los adultos, lo hosco y práctico de sus decisiones. La traición desnudada por el fantasma de su padre, que lo estimula a la locura, al sin sentido y a la venganza.La música compuesta por Daniel Baeza y Sebastián Horta nos introduce en las escenas, amplificando las emociones, conduciéndonos por estados de ánimo y niveles de conciencia. Las canciones que entonan los diferentes personajes esenciales de Hamlet, entre los cuales sólo echamos de menos a Horacio, el amigo del protagonista, son también catalizadores de la acción, del drama y de la reflexión sobre lo que vamos conociendo e interpretando.
Las interpretaciones vocales de Cristián Guzmán, Carolina Spencer, Miguel Ángel Bravo y Javier Bolívar alcanzan profundidades valiosas, a veces exudan ternura, otras energía. Y sus cualidades como cantantes hablan de una tradición actoral de antigua data. El volumen de la voz, así como una impostación, no quedan en deuda con la obra asumida, aun cuando Spencer tenga un lento despertar, yendo de menos a más a medida que avanza la obra.En definitiva, esta adaptación de Hamlet se constituye como un musical, su principal objetivo, atractivo, entretenido, representativo del mundo isabelino. Y los mayores riesgos son bien resueltos, por ejemplo, la integración de música atonal con estilos tradicionales de la escuela británica.Muy interesante es también el despliegue escénico que logran los actores mediante un sistema de cinco módulos metálicos de gran volumen, que desplazan, organizan, penetran y dominan.
El teatro físico acá también tiene su espacio, con un par de escenas donde se revelan dotes de trapecistas.El recorrido que ofrecen al espectador, tomándole una mano con la música en vivo interpretada por una batería, un piano y un contrabajo, y por la otra, con los textos; resulta interesante. Es Shakespeare, es una de las más tremendas historias escritas. Es música y teatro. Está en escenas tan bellas como el reto que Hamlet le regala a Ofelia, la venganza del pecado original. Está la muerte de todos, tras una suma de traiciones. Muy bien dirigido e interpretado. Es Hamlet, el cantar de la venganza, en Teatro Arena.
Por Romina de la Sotta
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