2 setembre 2006
SERGI BELBEL
Director del Teatro Nacional de Cataluña
BARCELONA.
Ha sido un relevo dulce. Así lo explica el nuevo director del Teatro Nacional de Cataluña que lleva un año compartiendo objetivos con Domènec Reixach, ex-director del TNC. Belbel conoce bien este palacio y sus pasillos porque ha trabajado en varias ocasiones bajo este techo, pero siempre en calidad de director de algún espectáculo. Desde que aceptó el cargo de llevar las riendas del TNC mira sus instalaciones con otros ojos. «He venido casi cada día. Yo conocía la dinámica de la casa pero más bien del escenario que de las oficinas. Tengo que resaltar que Domènec Reixach me ha ayudado mucho».
No ha querido hacer borrón y cuenta nueva sino que ha preferido ver lo que funcionaba y reaccionar frente a los problemas. Ha comprobado que la casa tiene una dinámica bien engrasada. «Son cien personas fijas a las que se suman la gente que aterriza con cada producción. Cada una funciona en su puesto».
Desde la sala de reuniones (¡donde lleva ya unas cuantas!) justifica el «buen rollo» con el que ha tomado el testigo. «Se debe a que se le conservó el cargo a Reixach hasta el final. Las programaciones de teatro se hacen con mucho tiempo. Yo he trabajado todos estos meses en dibujar y concretar la temporada que empieza ahora; él se ha encargado de la temporada pasada». Armonía en tiempos de guerra. Este caso se estudiará en los anales de la historia del teatro catalán (nadie olvida la salida fulminante de Josep Maria Flotats al que sustituyó Reixach). Después de estos meses, ¿qué diferencias ve entre el saliente y usted?: «Creo que la gran diferencia es que yo dirigiré y no estaré tanto en el despacho. Por eso necesito mucho a mi equipo para que me ayude». Antes de empezar el curso Belbel ha disfrutado de unas merecidas vacaciones en las que ha combinado unos días en el mar (Mallorca) y otros en la montaña (La Garrotxa. Girona). Con el contrato en la mano reconoce que nunca había soñado con este cargo. «Me ha caído del cielo. Cuando me llamaron para proponerlo pensé... ay, ay... Esa misma noche lo decidí. Fue determinante mi experiencia en este teatro como director de escena porque ya conozco a buena parte del personal». Por encima de todo, Belbel tiene claro que «mi vocación no es dirigir teatros sino dirigir teatro». Se da la coincidencia de que Belbel dirigirá el TNC a la vez que Álex Rigola lleve las riendas del Teatre Lliure. Tanto uno como otro reúnen un perfil que cambia el panorama de los directores de toda la vida que se limitaban a controlar los diferentes departamentos pero que no se inmiscuían en el terreno creativo. «No olvidemos que en el Romea está Calixto Bieito. Todos venimos del mismo lugar, nos reconocemos. Es muy importante que estemos en contacto y que colaboremos». El TNC y el Lliure son dos teatros públicos con los mismos problemas y las mismas ventajas. «Entre nosotros tenemos que respetar el programa para no repetirnos», añade Belbel.
Aunque ha tenido muchas horas estivales para reflexionar sobre las mejoras que puede incluir para el curso que viene, el nuevo jefe tenía muy claro -cuando aceptó el cargo- que quería hacer algunos ajustes como el cambio de horario. Según sus pronósticos, todo apunta a que con los años se acabará de trabajar antes (estilo más europeo) y por lo tanto es de agradecer que la función empiece a las ocho de la tarde como tiene previsto cuando empiece el curso. Está convencido de que si se adelanta una hora la función, todo son ventajas. Es una idea de futuro en la que cree y por la que apuesta. Pero no se cierra en banda y reconoce que si no funciona se puede dar marcha atrás el curso siguiente. Este cambio de horario también afecta a los sábados, día que habrá dos funciones, a las cinco de la tarde y a las nueve.
Tiempos revueltos Recoge el testigo en una época un tanto movida (políticamente hablando) y estrenará su primer espectáculo en el TNC, como director del mismo, el día 2 de noviembre (las elecciones son el miércoles día 1 de noviembre). Es una coincidencia pero no podemos obviar el título de la obra que ha elegido porque define muy bien lo que se vivirá en la campaña electoral. «En pòlvora!» de Àngel Guimerà. El texto es un homenaje a la época industrial que vivió Cataluña y se siente muy orgulloso de ponerla en pie porque es hijo de Terrassa, ciudad industrial por excelencia. Entre las novedades que aporta brilla la idea de potenciar el teatro para toda la familia (con funciones a las 12 del mediodía el sábado y el domingo) y la danza que tendrá un papel esencial en la programación.
No ha querido hacer borrón y cuenta nueva sino que ha preferido ver lo que funcionaba y reaccionar frente a los problemas. Ha comprobado que la casa tiene una dinámica bien engrasada. «Son cien personas fijas a las que se suman la gente que aterriza con cada producción. Cada una funciona en su puesto».
Desde la sala de reuniones (¡donde lleva ya unas cuantas!) justifica el «buen rollo» con el que ha tomado el testigo. «Se debe a que se le conservó el cargo a Reixach hasta el final. Las programaciones de teatro se hacen con mucho tiempo. Yo he trabajado todos estos meses en dibujar y concretar la temporada que empieza ahora; él se ha encargado de la temporada pasada». Armonía en tiempos de guerra. Este caso se estudiará en los anales de la historia del teatro catalán (nadie olvida la salida fulminante de Josep Maria Flotats al que sustituyó Reixach). Después de estos meses, ¿qué diferencias ve entre el saliente y usted?: «Creo que la gran diferencia es que yo dirigiré y no estaré tanto en el despacho. Por eso necesito mucho a mi equipo para que me ayude». Antes de empezar el curso Belbel ha disfrutado de unas merecidas vacaciones en las que ha combinado unos días en el mar (Mallorca) y otros en la montaña (La Garrotxa. Girona). Con el contrato en la mano reconoce que nunca había soñado con este cargo. «Me ha caído del cielo. Cuando me llamaron para proponerlo pensé... ay, ay... Esa misma noche lo decidí. Fue determinante mi experiencia en este teatro como director de escena porque ya conozco a buena parte del personal». Por encima de todo, Belbel tiene claro que «mi vocación no es dirigir teatros sino dirigir teatro». Se da la coincidencia de que Belbel dirigirá el TNC a la vez que Álex Rigola lleve las riendas del Teatre Lliure. Tanto uno como otro reúnen un perfil que cambia el panorama de los directores de toda la vida que se limitaban a controlar los diferentes departamentos pero que no se inmiscuían en el terreno creativo. «No olvidemos que en el Romea está Calixto Bieito. Todos venimos del mismo lugar, nos reconocemos. Es muy importante que estemos en contacto y que colaboremos». El TNC y el Lliure son dos teatros públicos con los mismos problemas y las mismas ventajas. «Entre nosotros tenemos que respetar el programa para no repetirnos», añade Belbel.
Aunque ha tenido muchas horas estivales para reflexionar sobre las mejoras que puede incluir para el curso que viene, el nuevo jefe tenía muy claro -cuando aceptó el cargo- que quería hacer algunos ajustes como el cambio de horario. Según sus pronósticos, todo apunta a que con los años se acabará de trabajar antes (estilo más europeo) y por lo tanto es de agradecer que la función empiece a las ocho de la tarde como tiene previsto cuando empiece el curso. Está convencido de que si se adelanta una hora la función, todo son ventajas. Es una idea de futuro en la que cree y por la que apuesta. Pero no se cierra en banda y reconoce que si no funciona se puede dar marcha atrás el curso siguiente. Este cambio de horario también afecta a los sábados, día que habrá dos funciones, a las cinco de la tarde y a las nueve.
Tiempos revueltos Recoge el testigo en una época un tanto movida (políticamente hablando) y estrenará su primer espectáculo en el TNC, como director del mismo, el día 2 de noviembre (las elecciones son el miércoles día 1 de noviembre). Es una coincidencia pero no podemos obviar el título de la obra que ha elegido porque define muy bien lo que se vivirá en la campaña electoral. «En pòlvora!» de Àngel Guimerà. El texto es un homenaje a la época industrial que vivió Cataluña y se siente muy orgulloso de ponerla en pie porque es hijo de Terrassa, ciudad industrial por excelencia. Entre las novedades que aporta brilla la idea de potenciar el teatro para toda la familia (con funciones a las 12 del mediodía el sábado y el domingo) y la danza que tendrá un papel esencial en la programación.
Como botón de muestra, la Sala Gran del TNC (edificio de Ricardo Bofill) subirá el telón el 5 de octubre con el Cullberg Ballet que presentará «End/Blanco» con coreografías de Sidi Larbi Charkaoui y Johan Inger. Tampoco olvida que trabaja en el Teatro Nacional de Cataluña y por ende que la dramaturgia catalana clásica y contemporánea «será el eje fundamental de nuestra línea de futuro sin dejar a un lado a los clásicos universales» pero aclara que «no debemos hacerlo por cuota sino porque queremos».
Tiene todo el mes de septiembre para trabajar duro en los ensayos de «En pòlvora!» (que empiezan el lunes) y atender los deberes de su nuevo sillón. Por ahora no ha se ha ocupado de redecorar el despacho porque cree que hay cosas más urgentes. En cuanto al futuro político pide sensatez a los políticos para el teatro y concluye que «a nivel teatral no sufro, porque gobierne quien gobierne seguirá adelante».
TEXTO: MARÍA GÜELL
Tiene todo el mes de septiembre para trabajar duro en los ensayos de «En pòlvora!» (que empiezan el lunes) y atender los deberes de su nuevo sillón. Por ahora no ha se ha ocupado de redecorar el despacho porque cree que hay cosas más urgentes. En cuanto al futuro político pide sensatez a los políticos para el teatro y concluye que «a nivel teatral no sufro, porque gobierne quien gobierne seguirá adelante».
TEXTO: MARÍA GÜELL
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