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1 de març de 2009
Por Antonio Castro
El 15 de febrero de 1929 se firmó la escritura de compra-venta del teatro de la Princesa, oficializada por el notario don Manuel Enciso. Con la adquisición, al precio de 800.000 pesetas (de entonces) el Ministerio de Instrucción pública se hacía con la propiedad del recinto, en manos hasta entonces del actor Fernando Díaz de Mendoza, viudo de la actriz María Guerrero, que había fallecido un año antes mientras actuaba en el teatro Calderón. Comenzó así la historia de uno de los grandes teatros nacionales españoles.
La princesa a la que se dedicó el teatro en sus primeros años fue María de las Mercedes de Borbón y Austria, primogénita del rey Alfonso XII y su segunda esposa, María Cristina de Austria. María de las Mercedes fue Princesa de Asturias hasta el nacimiento en 1886 de su único hermano varón, el futuro rey Alfonso XIII que pasó a ostentar ese título correspondiente al heredero de la Corona.
En febrero de 1928 una comisión de la Sociedad de Autores, de la Casa del Pueblo y de intelectuales propuso al general Primo de Rivera que el Estado comprara el teatro para convertirlo en un centro docente con el que homenajear a la actriz fallecida. La iniciativa tuvo éxito y ya en junio de ese año Presidencia del Consejo inició los trámites para adquirir el teatro de la Princesa con el fin de destinarlo a conservatorio de música y declamación. También se anunció que se le daría el nombre de María Guerrero. No fue hasta el 4 de enero de 1929 cuando se autorizó la operación de compra, reflejada en la Gazeta (BOE) del día.
El Marqués de Monasterio encargó al arquitecto Agustín Ortiz de Villaojos la construcción de un gran teatro, que se inauguró el 15 de octubre de 1885. La Ilustración publicó un espléndido grabado de Comba que recreaba la primera velada. El teatro, desde el primer día, dio muchos problemas a sus empresarios. Los actores-directores que se atrevieron a programarlo acabaron prácticamente arruinados. Hacia 1908 fue adquirido por el matrimonio Díaz de Mendoza-Guerrero, que habitaron en los altos del edificio. El matrimonio tenía un gran espíritu emprendedor. No olvidemos que también construyeron el teatro Cervantes de Buenos Aires, que acabó igualmente en manos del gobierno de aquella nación. Seguramente la muerte de la Guerrero precipitó la decisión de deshacerse de su buque insignia.
Ya en 1849, cuando el Conde San Luis cambió el nombre al corral del Príncipe por el de Teatro Español, se hablaba de establecer un teatro nacional al estilo de la Comédie Française. No llegaron a cuajar las iniciativas. En junio de 1923 un grupo de autores, entre ellos Arniches, Marquina y Fernández Ardavín, se dirigieron al ministro de Instrucción Pública solicitando el apoyo estatal para la creación de un teatro nacional. Los teatros públicos –Español y Real- se arrendaban a empresarios privados a cambio de un canon, lo que no dejaba de dar quebraderos de cabeza a los propietarios.
Tras la compra por el estado, el teatro de la Princesa cerró sus puertas a la programación regular. Dejó de figurar en la cartelera, salvo en las ocasiones en que se empleaba para algún concierto o acto público relevante. Así permaneció más de diez años. Finalizada la Guerra Civil, y tras algunas reformas, el 27 de abril de 1940, el María Guerrero recobró la actividad regular como Teatro Nacional, dirigido por Luis Escobar. Al iniciarse la temporada otoñal se instaló en el vestíbulo un gran cuadro de Vázquez Díaz que mostraba a la insigne actriz. La lápida que regalaron los españoles residentes en Uruguay, obra de Julio Vicent, se instaló en el vestíbulo el 14 de enero de 1929. En 1978, sin perder su condición de teatro público, se convirtió en sede del Centro Dramático Nacional, condición que mantiene actualmente.
A punto de cumplir 125 años de historia, es lógico pensar que el edificio ha sufrido numerosas reformas. Ya en 1909 los entonces nuevos propietarios acometieron obras para que recuperara su esplendor y mejorar las instalaciones, tanto para el público como para los actores.
Durante los años 2000 y 2003 el teatro tuvo que ser sometido a profunda y costosa reforma dirigida por Florentino Gómez Arruabarrena, para subsanar los numerosos problemas que presentaba el edificio. Se aprovechó para eliminar algunas particiones de espacios realizadas anteriormente. Hoy el María Guerrero es, posiblemente, el teatro más hermoso de Madrid y está indisolublemente ligado al teatro público del Estado Español.
1 de març de 2009
Por Antonio Castro
El 15 de febrero de 1929 se firmó la escritura de compra-venta del teatro de la Princesa, oficializada por el notario don Manuel Enciso. Con la adquisición, al precio de 800.000 pesetas (de entonces) el Ministerio de Instrucción pública se hacía con la propiedad del recinto, en manos hasta entonces del actor Fernando Díaz de Mendoza, viudo de la actriz María Guerrero, que había fallecido un año antes mientras actuaba en el teatro Calderón. Comenzó así la historia de uno de los grandes teatros nacionales españoles.
La princesa a la que se dedicó el teatro en sus primeros años fue María de las Mercedes de Borbón y Austria, primogénita del rey Alfonso XII y su segunda esposa, María Cristina de Austria. María de las Mercedes fue Princesa de Asturias hasta el nacimiento en 1886 de su único hermano varón, el futuro rey Alfonso XIII que pasó a ostentar ese título correspondiente al heredero de la Corona.
En febrero de 1928 una comisión de la Sociedad de Autores, de la Casa del Pueblo y de intelectuales propuso al general Primo de Rivera que el Estado comprara el teatro para convertirlo en un centro docente con el que homenajear a la actriz fallecida. La iniciativa tuvo éxito y ya en junio de ese año Presidencia del Consejo inició los trámites para adquirir el teatro de la Princesa con el fin de destinarlo a conservatorio de música y declamación. También se anunció que se le daría el nombre de María Guerrero. No fue hasta el 4 de enero de 1929 cuando se autorizó la operación de compra, reflejada en la Gazeta (BOE) del día.
El Marqués de Monasterio encargó al arquitecto Agustín Ortiz de Villaojos la construcción de un gran teatro, que se inauguró el 15 de octubre de 1885. La Ilustración publicó un espléndido grabado de Comba que recreaba la primera velada. El teatro, desde el primer día, dio muchos problemas a sus empresarios. Los actores-directores que se atrevieron a programarlo acabaron prácticamente arruinados. Hacia 1908 fue adquirido por el matrimonio Díaz de Mendoza-Guerrero, que habitaron en los altos del edificio. El matrimonio tenía un gran espíritu emprendedor. No olvidemos que también construyeron el teatro Cervantes de Buenos Aires, que acabó igualmente en manos del gobierno de aquella nación. Seguramente la muerte de la Guerrero precipitó la decisión de deshacerse de su buque insignia.
Ya en 1849, cuando el Conde San Luis cambió el nombre al corral del Príncipe por el de Teatro Español, se hablaba de establecer un teatro nacional al estilo de la Comédie Française. No llegaron a cuajar las iniciativas. En junio de 1923 un grupo de autores, entre ellos Arniches, Marquina y Fernández Ardavín, se dirigieron al ministro de Instrucción Pública solicitando el apoyo estatal para la creación de un teatro nacional. Los teatros públicos –Español y Real- se arrendaban a empresarios privados a cambio de un canon, lo que no dejaba de dar quebraderos de cabeza a los propietarios.
Tras la compra por el estado, el teatro de la Princesa cerró sus puertas a la programación regular. Dejó de figurar en la cartelera, salvo en las ocasiones en que se empleaba para algún concierto o acto público relevante. Así permaneció más de diez años. Finalizada la Guerra Civil, y tras algunas reformas, el 27 de abril de 1940, el María Guerrero recobró la actividad regular como Teatro Nacional, dirigido por Luis Escobar. Al iniciarse la temporada otoñal se instaló en el vestíbulo un gran cuadro de Vázquez Díaz que mostraba a la insigne actriz. La lápida que regalaron los españoles residentes en Uruguay, obra de Julio Vicent, se instaló en el vestíbulo el 14 de enero de 1929. En 1978, sin perder su condición de teatro público, se convirtió en sede del Centro Dramático Nacional, condición que mantiene actualmente.
A punto de cumplir 125 años de historia, es lógico pensar que el edificio ha sufrido numerosas reformas. Ya en 1909 los entonces nuevos propietarios acometieron obras para que recuperara su esplendor y mejorar las instalaciones, tanto para el público como para los actores.
Durante los años 2000 y 2003 el teatro tuvo que ser sometido a profunda y costosa reforma dirigida por Florentino Gómez Arruabarrena, para subsanar los numerosos problemas que presentaba el edificio. Se aprovechó para eliminar algunas particiones de espacios realizadas anteriormente. Hoy el María Guerrero es, posiblemente, el teatro más hermoso de Madrid y está indisolublemente ligado al teatro público del Estado Español.