
11 octubre 2006
Suchit Chávez
Hasta el momento, dos fases de reconstrucción han sido ejecutadas en el Teatro Nacional, de San Salvador. Su regreso a la actividad, sin embargo, aún está lejos y los artistas escénicos resienten la falta del que hasta hace cinco años era el paradigma capitalino del teatro.
Ocho ediciones del Festival Centroamericano de Teatro. Grupos teatrales de todo el mundo. Temporadas de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié. Los festivales teatrales ochenteros Goldtree-Liebes. Años atrás, en los cincuenta, Sarita Montiel.
Cientos de artistas desfilaron por la gran sala del Teatro Nacional, de San Salvador. Ahora, una pausa obligatoria de más de cinco años y que se alarga por unos cuantos más resiente a algunos teatreros por la imposibilidad de utilizar el local.
Actualmente, una larga fila de lámina galvanizada impide la libre visión de la parte frontal inferior. Frente a esta, más de una veintena de puestos callejeros ha tomado la zona: discos piratas, cosméticos, vajillas, ropa, zapatos y una interminable lista de artículos se venden diariamente frente a la sala nacional. El reggaetón atrona por doquier.
Durante 2001, pocos meses después de los dos terremotos que inutilizaron el teatro, varios enfrentamientos entre vendedores y autoridades del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) sucedieron justo frente a la entrada principal del centro cultural. Ventanales rotos y una cortina chamuscada fueron las cicatrices de ese conflicto.
Según el director nacional de patrimonio del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), Héctor Ismael Sermeño, “ya estoy negociando con la alcaldía por lo de los vendedores”.
Sin embargo, las últimas proyecciones señalan 2008 como término de los trabajos estructurales y de restauración que el Teatro Nacional enfrenta.
Hasta ahora
Dos fases de reconstrucción, en las que se repararon las grietas de la pared posterior del escenario (una de las más dañadas) y se cambió el sistema eléctrico, han sido concluidas, según Sermeño.
El funcionario no oculta su entusiasmo ante los avances. La nueva cara de la gran sala del Teatro Nacional comenzará sin el terciopelo que recubría palcos, butacas y telones nuevos, y remozamiento de la pequeña sala.
Hasta ahora, la gran sala está sin butacas y varios empleados trabajan sobre la madera de puertas y palcos.
Sermeño revela: “Vamos a tener un equipo técnico completamente nuevo”, y al más de $1 millón invertido se le sumará otro millón más, donativo del Gobierno japonés para comprar luces y sonido.
La lentitud en el proceso de recuperación del teatro capitalino se debe a cuestiones de presupuesto, según el funcionario. Por otra parte, comenta que para cada fase (actualmente se desarrolla la tercera) ha habido empresas y licitaciones diferentes.
Uno de los que resiente la falta de la sala es Fernando Umaña, organizador del festival centroamericano, que tuvo su origen en el casi centenario local.
“Me limita los grupos que puedo traer o programar (para el festival), es el único teatro que tiene una verdadera tramoya”, afirma Umaña, y añade: “Después de presentarse en el (Teatro) Presidente, ningún grupo quiere volver al país”.
Roberto Salomón, director artístico del Teatro Luis Poma e impulsor de la remodelación del Teatro Nacional en 1975, comenta: “No existe reemplazo, el Teatro Presidente es un cine, hágase lo que se haga en él sin una remodelación completa es un menosprecio”.
Salomón asevera que para la remodelación de 1975 se invirtieron “¢5 millones”, lo que implica un presupuesto por debajo de lo que ya se ha consumido en los actuales trabajos.
Para 1975, el Teatro Nacional formaba parte del Circuito de Teatros Nacionales, donde se proyectaba cine. Durante la última función de este tipo, con la película “Toda una vida”, Salomón comenta: “Mientras terminaba la película conté seis ratas que corrían por la platea”.
Tanto Salomón como Umaña apuestan a que, una vez lista la sala, los grupos nacionales tienen la capacidad para asumir una constancia de funciones.
Pero para Umaña también dependerá “de la capacidad de organización y del administrador”.
Ocho ediciones del Festival Centroamericano de Teatro. Grupos teatrales de todo el mundo. Temporadas de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié. Los festivales teatrales ochenteros Goldtree-Liebes. Años atrás, en los cincuenta, Sarita Montiel.
Cientos de artistas desfilaron por la gran sala del Teatro Nacional, de San Salvador. Ahora, una pausa obligatoria de más de cinco años y que se alarga por unos cuantos más resiente a algunos teatreros por la imposibilidad de utilizar el local.
Actualmente, una larga fila de lámina galvanizada impide la libre visión de la parte frontal inferior. Frente a esta, más de una veintena de puestos callejeros ha tomado la zona: discos piratas, cosméticos, vajillas, ropa, zapatos y una interminable lista de artículos se venden diariamente frente a la sala nacional. El reggaetón atrona por doquier.
Durante 2001, pocos meses después de los dos terremotos que inutilizaron el teatro, varios enfrentamientos entre vendedores y autoridades del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) sucedieron justo frente a la entrada principal del centro cultural. Ventanales rotos y una cortina chamuscada fueron las cicatrices de ese conflicto.
Según el director nacional de patrimonio del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), Héctor Ismael Sermeño, “ya estoy negociando con la alcaldía por lo de los vendedores”.
Sin embargo, las últimas proyecciones señalan 2008 como término de los trabajos estructurales y de restauración que el Teatro Nacional enfrenta.
Hasta ahora
Dos fases de reconstrucción, en las que se repararon las grietas de la pared posterior del escenario (una de las más dañadas) y se cambió el sistema eléctrico, han sido concluidas, según Sermeño.
El funcionario no oculta su entusiasmo ante los avances. La nueva cara de la gran sala del Teatro Nacional comenzará sin el terciopelo que recubría palcos, butacas y telones nuevos, y remozamiento de la pequeña sala.
Hasta ahora, la gran sala está sin butacas y varios empleados trabajan sobre la madera de puertas y palcos.
Sermeño revela: “Vamos a tener un equipo técnico completamente nuevo”, y al más de $1 millón invertido se le sumará otro millón más, donativo del Gobierno japonés para comprar luces y sonido.
La lentitud en el proceso de recuperación del teatro capitalino se debe a cuestiones de presupuesto, según el funcionario. Por otra parte, comenta que para cada fase (actualmente se desarrolla la tercera) ha habido empresas y licitaciones diferentes.
Uno de los que resiente la falta de la sala es Fernando Umaña, organizador del festival centroamericano, que tuvo su origen en el casi centenario local.
“Me limita los grupos que puedo traer o programar (para el festival), es el único teatro que tiene una verdadera tramoya”, afirma Umaña, y añade: “Después de presentarse en el (Teatro) Presidente, ningún grupo quiere volver al país”.
Roberto Salomón, director artístico del Teatro Luis Poma e impulsor de la remodelación del Teatro Nacional en 1975, comenta: “No existe reemplazo, el Teatro Presidente es un cine, hágase lo que se haga en él sin una remodelación completa es un menosprecio”.
Salomón asevera que para la remodelación de 1975 se invirtieron “¢5 millones”, lo que implica un presupuesto por debajo de lo que ya se ha consumido en los actuales trabajos.
Para 1975, el Teatro Nacional formaba parte del Circuito de Teatros Nacionales, donde se proyectaba cine. Durante la última función de este tipo, con la película “Toda una vida”, Salomón comenta: “Mientras terminaba la película conté seis ratas que corrían por la platea”.
Tanto Salomón como Umaña apuestan a que, una vez lista la sala, los grupos nacionales tienen la capacidad para asumir una constancia de funciones.
Pero para Umaña también dependerá “de la capacidad de organización y del administrador”.
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