
6 de juliol de 2007
La compañía Art Trànsit Dansa, dirigida por Maria Rovira, estrena esta noche en el Grec la obra 'El salto de Nijinsky'
Sílvia Colomé Barcelona
Vaslav Nijinsky es un mito de la danza y ahora también el protagonista del espectáculo El salto de Nijinsky, que esta noche estrena la compañía Art Trànsit Dansa en el Mercat de les Flors, dentro del Festival Grec de Barcelona. Su creadora es Maria Rovira, coreógrafa y bailarina, que quedó impresionada por el último salto que el gran bailarín polaco efectuó cuando estaba ingresado en un centro psiquiátrico y llevaba más de 20 años sin actuar. Ese momento quedó inmortalizado en una fotografía que ha inspirado el espectáculo.
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Una imagen del montaje 'El salto de Nijinsky' / Xavier VallsPALABRAS CLAVE
Barcelona, París, Festival Grec, Frankfurt, Grec, Berlín
-¡Menudo salto!
-Estoy enamorada de esta fotografía. Siempre he sentido una profunda fascinación por Nijinsky. Después de 20 años inmóvil, casi levita. Me conmueve profundamente.
-¿Cómo es posible?
-Me gustaría saber lo que le pasó por la cabeza. Su vida fue una aventura, con una carrera como bailarín corta a causa de la esquizofrenia. A los 29 años dejó de actuar y pasó de sanatorio en sanatorio, hasta que de golpe y porrazo hizo este salto.
-Un último salto en el sanatorio, cuando Nijinsky ha pasado a la historia de la danza por sus saltos en el escenario…
-Es conocido por sus saltos enormes, prodigiosos. Hay una anécdota que él cuenta en sus memorias. Explica que el primer movimiento que recuerda de su vida es un salto. Su padre le tiró en un pozo para que aprendiera a nadar, y cuando estaba ahogándose tuvo el poder de dar un salto dentro del agua que lo alzó hasta alcanzar la rama de un árbol. Fue un impulso vital. Un salto no es un movimiento gratuito. Es para superar un obstáculo o para conseguir alguna cosa.
-¿Y a usted qué motivos le impulsan a saltar?
-Salto poco. Muchas veces de alegría, pero estos saltos tienen otro nivel. Para mí, la vida es un salto.
-En la danza, los saltos son imprescindibles.
-Sí, porque te permiten alcanzar el poder del aire y de la tierra. Es maravilloso tener esta agilidad.
-¿Y qué se siente?
-Una libertad total y absoluta. Saltar y sentirse en el aire es lo mejor del mundo.
-¿Por eso ha escogido un salto para homenajear a Nijinsky?
-Este espectáculo es un homenaje al bailarín, no al enfermo. Quiero transmitir optimismo. Nos recreamos en su figura, intentamos entrar en comunión con él a través de diferentes vínculos, como la música. Utilizamos melodías muy bonitas, y sin ningún tipo de complejo. Me he dejado llevar por las emociones, aunque también hay músicas más tecnológicas. A nivel de danza, es un espectáculo muy bailado. Se expresan las emociones a través del movimiento.
-¿Y la escenografía?
-En el suelo se reproduce un dibujo del propio Nijinsky. Es un ojo, porque él decía que los teatros tenían que tener forma de ojos.
-Llevaba tres años sin presentar ningún espectáculo en Barcelona, ¿cómo espera que sea su regreso a casa?
-Para mí es muy importante montar esta obra aquí. He intentado hacer un trabajo honesto, a partir de nuevas sensaciones, aunque siempre queda algo de la memoria del cuerpo, como un intenso trabajo de brazos, movimientos energéticos y una gran fuerza.
-Una propuesta muy vital para estrenar en el Grec…
-…Y además en el Mercat de les Flors, que es donde debuté hace 21 años.
-¿Cuesta que el público de Barcelona siga el mundo de la danza?
-Aún no estamos a la altura de Berlín, París o Frankfurt, donde la gente se moviliza para asistir a un estreno, pero se ha avanzado mucho, gracias sobre todo a la implicación de las administraciones.
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Una imagen del montaje 'El salto de Nijinsky' / Xavier VallsPALABRAS CLAVE
Barcelona, París, Festival Grec, Frankfurt, Grec, Berlín
-¡Menudo salto!
-Estoy enamorada de esta fotografía. Siempre he sentido una profunda fascinación por Nijinsky. Después de 20 años inmóvil, casi levita. Me conmueve profundamente.
-¿Cómo es posible?
-Me gustaría saber lo que le pasó por la cabeza. Su vida fue una aventura, con una carrera como bailarín corta a causa de la esquizofrenia. A los 29 años dejó de actuar y pasó de sanatorio en sanatorio, hasta que de golpe y porrazo hizo este salto.
-Un último salto en el sanatorio, cuando Nijinsky ha pasado a la historia de la danza por sus saltos en el escenario…
-Es conocido por sus saltos enormes, prodigiosos. Hay una anécdota que él cuenta en sus memorias. Explica que el primer movimiento que recuerda de su vida es un salto. Su padre le tiró en un pozo para que aprendiera a nadar, y cuando estaba ahogándose tuvo el poder de dar un salto dentro del agua que lo alzó hasta alcanzar la rama de un árbol. Fue un impulso vital. Un salto no es un movimiento gratuito. Es para superar un obstáculo o para conseguir alguna cosa.
-¿Y a usted qué motivos le impulsan a saltar?
-Salto poco. Muchas veces de alegría, pero estos saltos tienen otro nivel. Para mí, la vida es un salto.
-En la danza, los saltos son imprescindibles.
-Sí, porque te permiten alcanzar el poder del aire y de la tierra. Es maravilloso tener esta agilidad.
-¿Y qué se siente?
-Una libertad total y absoluta. Saltar y sentirse en el aire es lo mejor del mundo.
-¿Por eso ha escogido un salto para homenajear a Nijinsky?
-Este espectáculo es un homenaje al bailarín, no al enfermo. Quiero transmitir optimismo. Nos recreamos en su figura, intentamos entrar en comunión con él a través de diferentes vínculos, como la música. Utilizamos melodías muy bonitas, y sin ningún tipo de complejo. Me he dejado llevar por las emociones, aunque también hay músicas más tecnológicas. A nivel de danza, es un espectáculo muy bailado. Se expresan las emociones a través del movimiento.
-¿Y la escenografía?
-En el suelo se reproduce un dibujo del propio Nijinsky. Es un ojo, porque él decía que los teatros tenían que tener forma de ojos.
-Llevaba tres años sin presentar ningún espectáculo en Barcelona, ¿cómo espera que sea su regreso a casa?
-Para mí es muy importante montar esta obra aquí. He intentado hacer un trabajo honesto, a partir de nuevas sensaciones, aunque siempre queda algo de la memoria del cuerpo, como un intenso trabajo de brazos, movimientos energéticos y una gran fuerza.
-Una propuesta muy vital para estrenar en el Grec…
-…Y además en el Mercat de les Flors, que es donde debuté hace 21 años.
-¿Cuesta que el público de Barcelona siga el mundo de la danza?
-Aún no estamos a la altura de Berlín, París o Frankfurt, donde la gente se moviliza para asistir a un estreno, pero se ha avanzado mucho, gracias sobre todo a la implicación de las administraciones.
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