'La Vanguardia' organiza un debate sobre el estado de la
cultura | El sector rompe su silencio y alerta de que ya no es posible dar más
pasos atrás | "Si hay más recortes, se romperá todo"
Los directores del Teatre Lliure, el MNAC o el CCCB, entre
otros, han participado en una mesa redonda organizada por 'La Vanguardia'
publicat per
http://www.lavanguardia.com
10 de febrer de 2013
Teresa Sesé i Justo Barranco
Los equipamientos culturales catalanes están sufriendo los
efectos feroces de la crisis. Asfixiados por los recortes presupuestarios, se
ven obligados a aplicar soluciones extremas, desde el cierre de salas a la
presentación de expedientes de regulación de empleo o la renuncia de
programaciones ampliamente respaldadas por el público. La Vanguardia ha reunido
a seis señalados representantes del mundo cultural -el director del Teatre Lliure,
Lluís Pasqual; el del festival Temporada Alta, Salvador Sunyer; el del MNAC,
Pepe Serra; el del Mercat de les Flors, Francesc Casadesús; el presidente del
patronato de la Fundació Tàpies, Xavier Antich, y el profesor de la Pompeu
Fabra Antonio Monegal- para conocer cómo están viviendo la situación en primera
persona, su diagnóstico y su visión de futuro. También para romper un clamoroso
silencio -a diferencia de lo que sucede en sanidad o educación, aquí no hay
acciones conjuntas de protesta y apenas se oyen voces de denuncia- ante una
debacle en la que todos nos jugamos mucho. El encuentro, en el que también hubo
espacio para la autocrítica, dio lugar a una apasionada -y necesaria-
reivindicación coral de la cultura, con una conclusión a modo de declaración de
intenciones: "Ni un paso atrás".
Silencio en el mundo cultural
Lluís Pasqual: Es verdad que están sucediendo cosas muy
graves sobre las que hay un gran silencio, pero me parece que las peores no son
en el ámbito cultural. Este área está desprotegida y está desmontándose, porque
está sufriendo una serie de embestidas que parecen no tener fin. Hace mucho
tiempo que estamos hablando de la corrupción, por poner un ejemplo banal, pero
es que ahora ya no está en la página 1 de los diarios o en la 7, es que es la
página 1, la 2, en la 3, la 4, la 5, la 6... Y es muy difícil hablar de una
parte de la estructura cuando la estructura entera no se aguanta. Dicho lo
cual, no he venido a hablar de política general, pero me resulta muy difícil
hablar gremialmente cuando el entorno es tan bestia...
Antonio Monegal: Lo que dice Lluís me parece sintomático de
un problema de fondo: la falta de un sustrato cultural sólido en esta sociedad
en términos de modelos, de conducta, de valores y de una tradición incluso de
pensamiento, de respeto a ciertas cosas que en otras sociedades se dan por
supuestas y que aquí no eran más que una capa muy superficial que cuando hemos
empezado a rascar, por un problema coyuntural como la crisis económica, ha
puesto en evidencia un problema de fondo, que es la falta de reconocimiento y
de respeto a la cultura como algo que da fundamento a una sociedad. Para los
griegos el teatro era una escuela de ciudadanía. A través de la cultura
comunicamos elementos fundamentales de la convivencia y del respeto y de la
ética, y hacemos al mismo tiempo crítica de cosas que pasan. Desde el momento
en que pones eso de lado y dices que es decorativo, una cosa que cuando éramos
ricos nos podíamos permitir y ahora no, se pone como lateral lo que es central,
una cuestión fundamental en una sociedad.
Salvador Sunyer: En momentos así es muy difícil no parecer
insolidario. Ocurre que en este país la cultura ha importado históricamente muy
poco, y eso se nota porque lo que importa a un país es lo que acaban defendiendo
los políticos en una cosa que se llaman presupuestos. La cultura ha estado
siempre muy por debajo de lo que le tocaría como país normalito. Tenemos una
sanidad equiparable a la europea, pero en cultura estamos muy por debajo. En
Grenoble, ciudad de 100.000 habitantes, su teatro, segunda división de los
teatros públicos franceses, tiene un presupuesto de 14 millones de euros. Aquí
en Barcelona, capital de un país y con millones de habitantes, mirad qué
presupuesto tienen el Lliure y el Nacional sumados. Y en los museos pasa igual.
Todas las estructuras del mundo de la cultura estaban en mínimos comparadas con
los vecinos, y llega la crisis y se las trata como al resto. En el momento en
el que comienza esta crisis no tenemos asumido el papel que tiene la cultura,
que de hecho es el artículo principal de una sociedad, que hace que no nos
desmembremos, y se baja todo linealmente y por tanto el sistema entre comillas
cultural, cuyas estructuras estaban cogidas con alfileres, con costes que eran
los mínimos para hacer actividad, se hunde. Y lo que es más grave, ¿por qué no
hablamos? ¿por qué el silencio? Los que somos del ramo de la cultura hemos
llegado a asumir que si han de cerrar un quirófano en la Vall d'Hebron, si se
ha de eliminar una beca comedor, ¡cómo vamos a reivindicar la cultura! Lo hemos
asumido y nos los comemos y callamos, y esta es para mí la esencia de la
situación en que estamos. Y creo que o entendemos que en la sociedad del
bienestar, que es del medioestar ahora, se deben mantener las patas del sistema
equilibradas o...
Francesc Casadesús: Se utiliza mucho la idea de que la
cultura está muy subvencionada, cuando no es tan así. Está cofinanciada. Por lo
menos en los teatros y en los museos con el pago de las entradas hay una
cofinanciación privada por parte de los espectadores. Ya hay una participación
de la sociedad, y se le está cargando aún más con esa idea de "id a buscar
los recursos vosotros".
Xavier Antich: En una situación como ésta de crisis allí
donde se acaba notando más es en estructuras tan frágiles que todavía, y pese a
los años que llevábamos, no se habían acabado de normalizar del todo. La
embestida es brutal. Y también pasa en el mundo de la educación. Es obvio que
el porcentaje del PIB que se dedicaba a cultura y educación era infinitamente
inferior al de países a los que nos parecemos. Una realidad que va en contra de
la que puede ser la opinión común de que todo está subvencionado y de que ya
era hora de que se espabilaran por su cuenta. Continúan funcionando tópicos que
han hecho mucho daño y que pueden estar detrás de ese silencio que nos hace
pensar que lo nuestro no es tan importante como otras cosas. Y, en cambio,
todos sabemos que un euro gastado en cultura no es gasto sino inversión, igual
que pasa en educación. Pero se piensa que la cultura es un ornamento social y
por tanto se puede prescindir sin que pase gran cosa.
Pepe Serra: Hay que insistir en la tripleta. ¿Qué es de
primera necesidad? Sanidad, educación y cultura. Y ponerlo al mismo nivel. El
otro día tenía una entrevista con la consellera de Educació y me decía que le
faltaban no sé cuántos millones para unos niños que toman una sola comida
caliente al día. Estuve a punto de decirle que cancelaba una exposición y le
daba el dinero. Pero no se trata de eso. La cultura siempre se ha movido en
tantos por cientos muy bajos. Y encima en el momento más crítico, en el que
tendríamos que hacer un mayor esfuerzo por explicar que una sociedad libre es
una sociedad con cultura, que nos emancipa y nos libera, que el espacio
cultural es el espacio público de más calidad, de más libertad, la discusión es
de supervivencia y cuesta mucho explicar que la aportación que hace la cultura
a la sociedad tiene un retorno mayúsculo.
Una pata del estado de bienestar
A. M.: Para nosotros está claro que la cultura es una de las
patas del estado del bienestar y eso es sobre lo que no hay un consenso social,
lo que se cuestiona ahora. Además, aquí se ha impuesto la idea equivocada de
que el modelo era muy costoso, idea que se impone a partir de la noción de que
la cultura es algo superfluo.
LL.P: Cosa que no ha pasado con el deporte.
A.M.: Exactamente. Los políticos tienen elecciones difíciles
de tomar, que además se complican en campos como este porque dependen de la
percepción de su electorado, has de cuidar lo que tu electorado valora, y
estamos en una sociedad donde, por un déficit educativo, la cultura no se
considera imprescindible porque no se ve como una pata, sino como el mantel. Y
el mantel puedes quitarlo de la mesa sin problema.
LL.P: Pero para que esta conversación no tenga el aire de la
queja, sino de la legitimidad reivindicativa, yo podría decir a la clase
política, que es la clase a la que le toca considerar y escoger, que en el
Lliure hemos doblado los abonados en un año, es decir, hay una necesidad de
tener un espacio poético, cada uno a su manera, y en libertad. Y cuando pones
las condiciones económicas que se han de poner para que la gente venga, la
gente viene. Y tú haces una promoción y en dos horas vendes 800 localidades.
El IVA y la argucia de Mascarell
A.M.: O cambias el IVA.
LL.P.: Subir el IVA al 21% es la obra de un grosero, de un
ignorante, que no es capaz de ver el momento de depresión social como el que
hay en este país, porque sólo hay que ir a las farmacias y comprobar que no
quedan tranquilizantes. ¿Cómo se puede tratar la cultura al mismo nivel que un
bolso de Loewe?
F.C.: La propuesta de Mascarell de convertir las entradas en
donaciones para eludir el IVA forma parte de un informe que hizo hace años
Miquel Roca para la Fundación Barcelona Cultura para cambiar la ley del
mecenazgo sin tener que hacerla nueva....
S.S.: Si no se cambia la ley, eso será defraudar, una trampa
fiscal. No sirve. Yo creo que hemos de defender que cada cual pague sus
impuestos comme il faut y que después se gasten de manera adecuada. Pero
volviendo a lo que decía Lluís, recuerdo que hablaba con el conseller
Tresserras de que lo que se invertía en Cultura era el coste para la
Generalitat de los antidepresivos, 300 kilos exactamente. Y eso cuando se
gastaba más en cultura, que ahora no habría ni para las lavativas. Por tanto es
una magnitud que no es descabellada.
¿Qué hemos hecho mal?
S.S.: Hemos de aceptar cierta culpa, sí, no todo lo hemos
hecho bien. Pero la culpa de nuestro mundo no ha sido tanto que se haya
malgastado, sino no haber sabido hacer que lo que hacemos tenga suficiente
importancia para el ciudadano. Es un aspecto que hemos de trabajar más a partir
de ahora. Por ejemplo, por hacer un mea culpa personal, quizá como director de
un festival de teatro debería haber dedicado más energías a pensar que en lugar
de llegar a un 12% de la población debería estar llegando a un 25%.
P.S.: Estoy muy de acuerdo. Este país hizo hace unos años un
esfuerzo enorme por ponerse a la altura en infraestructuras, en sistema, pero
cuando nos giramos nos dimos cuenta de que detrás no venía todo el mundo. Es la
hora del público. Tenemos que luchar por tener un retorno social más amplio,
que no quiere decir banalizar, que nos legitime. Yo soy muy crítico con lo que
han hecho algunos museos. Ha habido propuestas que eran un artículo, no una exposición
de 300.000 euros... En cambio, estoy convencido de que hoy la salida, tanto
social como económicamente, es la cultura. Las consultas están llenas de gente
que no tiene esperanza, que lo ve todo perdido, eso se arregla en parte yendo
al teatro, viendo una buena película o visitando una exposición… La capacidad
de trascender lo real, lo inmediato, lo pobre, lo concreto que tiene lo
nuestro, no tiene valor, es incalculable… Es lo que hace que una sociedad sea
gris o esté viva. El mea culpa siempre ha de estar presente y por delante, pero
tendríamos que intentar explicar muy bien que no es que pidamos para nosotros,
que no es la queja, sino la reivindicación legitimada, como decía Pasqual.
X.A.: Que los públicos estén en el centro es una obviedad,
lo han estado siempre. Siempre se ha pensado, pero nunca como ahora se ha
creído que eso era una cosa sustantiva. Hablabas del retorno económico y
social, y hace falta decir y recordar que el mundo de la cultura genera más
ingresos globales en el PIB que los que recibe por subvención. Pero hay otro
elemento que es el del retorno social, que es un intangible y un
incuantificable: crea comunidad, crea barrio…
LL.P.: No es nuevo, pero sí, hay que recordarlo. Yo tengo un
sentido de culpa mayor que el de Sunyer, pero pienso que el porcentaje de culpa
es bastante más bajo por parte nuestra y bastante más alto por parte
institucional. El respeto por el National Theatre se aprende en la escuela. Y
que el Lliure, el Nacional, el MNAC, Temporada Alta y el Mercat son lugares
importantes para formarse a través de la sensibilidad es una cosa que nuestros
gobernantes, perdonadme, no han defendido como pienso que se ha de defender. La
cultura pública les ha dado medio vergüenza porque somos un país de botiguers
(y eso no lo digo yo, lo decía Maria Aurèlia Capmany y lo decía cada día del
año), y al botiguer le parece que mejor la cosa privada o semiprivada.
Tendríamos que recordarles: señores, ustedes tienen estas herramientas,
siéntanse orgullosos de ellas, no hagamos ver que son de primera si son de
tercera, aunque hay equipos de tercera que son buenísimos, y siéntanse
orgullosos y utilícenlas para el ciudadano.
Hostilidad institucional
X.A.: Me resisto a pensar que no hay interés por la cultura.
Tenemos muchas muestras de que cuando se hacen esfuerzos bien dirigidos la
respuesta es abrumadora, porque efectivamente hay algo realmente sentido de
este elemento emancipador, de que la cultura forma, y eso posiblemente no lo
sabrán los políticos responsables de las grandes áreas, pero la gente que va al
cine o al teatro o a un museo o a la danza lo sabe, obtiene una satisfacción
íntima que tal vez las grandes políticas no recogen. Schiller decía que la
belleza es la vía que conduce a los hombres a la libertad. No es para pasar el
rato sino algo emancipador. El problema está en el ámbito institucional. Porque
cuando hay iniciativas tan hostiles como la del 21% del IVA o paralizar la ley
del Mecenazgo, que son vitales, ya no es que no se hagan las cosas que se
tendrían que hacer, sino que se ponen palos a las ruedas.
LL.P.: Agresiones deliberadas.
X.A.: Hostiles. Pedro Alonso, que dirige todo el equipo del
Clínic de la malaria, decía que los países avanzados han entendido que es
necesario invertir en sanidad porque invirtiendo en sanidad después se mejoran
todas las otras cosas. Creo que en el ámbito de la cultura y la educación pasa
lo mismo: los países avanzados están convencidos de que invertir en estas cosas
permiten el progreso, y no que sea necesario progresar y resolver la situación
para después invertir.
P.S.: En un país donde por debajo de los 40 años todo el
mundo está condenado a no tener casa propia, una bomba social, la vía de
salida, de respiración, es un sistema cultural potente. Si no, esta gente de
menos de 40 se acabará tirando por los balcones.
Pero, ¿hay un plan?
F.C.: Siguiendo el ejemplo de la sanidad, una cosa que ha
fallado es la definición de cuál es el sistema básico. En sanidad se ha dicho:
el sistema básico es éste. En cambio en la cultura, dada la excesiva proximidad
de la política y el cortoplacismo, las decisiones están provocando que el
sistema básico sea aquello que yo inauguro o aquello que me da rédito
electoral. Es delicado poner el tema sobre la mesa, pero el sistema básico no
está definido.
S.S.: Cambia cada cuatro años...
A.M.: Y eso tiene que ver con una asociación muy importante,
que es la asociación de la cultura y la agricultura. Eres muy mal payés si
permites que el sustrato de la tierra se empobrezca hasta el punto de que
cuando decidas que es el momento de lanzar semillas nuevas ya no crezca nada.
Desertizas el sistema. Eso también tiene que ver con los públicos. Estoy de
acuerdo en que se puede acceder a los públicos sin banalizar y sin bajar de
nivel, porque lo peor y lo más grave es dejarse llevar por esa acusación de la
cultura como un producto elitista. Lo que es verdaderamente elitista es retirar
el apoyo público y hacer que sólo los muy ricos que pueden ir a Nueva York, a Berlín
o donde quieran puedan disfrutar de la experiencia cultural.
P.S.: La idea de servicio público es central.
LL.P.: Está en el centro, o lo es o no lo es.
S.S.: Ahora no está de moda. Pero lo que dice Cesc es
cierto, no hay un sistema cultural en este país. Se ha querido copiar más o
menos del sistema francés.
F.C.: Del siglo XIX.
S.S.: Se han hecho una serie de infraestructuras y ahora no
hay contenidos. Desde museos comarcales a teatros, un montón, y ahora sin
contenido. Yo me imagino que en el Consell Executiu deben quedar todos
impresionados, porque el de sanidad tiene a las enfermeras y los médicos en
huelga, el de educación a los profesores, el de agricultura a los payeses, y a
Mascarell le deben decir “tú eres un crack”, porque no hay ninguna queja.
F.C.: Eso sucede porque las instituciones culturales están
gestionando bien las cosas, y aún consiguen índices de ocupación altos, tienen
una buena respuesta…
S.S.: Pero si no hay una cierta presión, esto no cambiará.
LL.P.: Es que no se trata sólo de sobrevivir esperando
tiempos mejores, porque esa es una actitud antigua y equivocada. A mí me da
miedo que de la solidaridad pasemos al sálvese quien pueda, y me da miedo que
además de afectar al público afecte a los artistas. La generación de la que
habla Pepe es la que lo tiene peor. Somos lugares de transmisión necesarios. Y
eso lo ha de saber la gente y lo han de saber los estamentos que tenemos
detrás. Somos necesarios para la sociedad. Si no, se rompe como se rompió en la
Guerra Civil. Y la situación comienza a hacer daño a los artistas, de forma que
todos están pensando en coger el AVE para hacer televisión en Madrid. Nos
estamos despoblando, estamos quitando el sustrato.
P.S.: En educación y sanidad hay unos planes, una
ordenación. El sistema básico. Y para hacer un hospital nuevo hay unos procesos
de discusión, de estudio, la incidencia, la especialización, la proximidad de
otros, etcétera. Incluso en bibliotecas hay un plan de lectura pública. En
cambio aquí no sabemos cuál es nuestro tejido de carreteras cultural.
S.S.: Yo creo que se ha de escoger a quién se ayuda, se ha acabado,
desde mi punto de vista, esa cosa lineal que lo está matando todo. Es un
desastre.
P.S.: Es la política de miseria para todos. Pero creo que
hay que aprovechar un momento tan crítico como este para comenzarnos a dotar de
mecanismos más profesionales para tomar decisiones que afectan a medio y largo
plazo al sistema cultural. Aquí los equipamientos funcionan con unas dinámicas
y unas voluntades en función del titular administrativo impensables en un país
culturalmente avanzado. No puede ser.
X.A.: Yo cuando pensaba en cosas que se tendrían que haber
hecho y no se han hecho, hay una histórica, que es el 1 por ciento cultural,
que ha sido un cajón de trapacerías, por decirlo de forma eufemística.
P.S.: Ha servido para hacer rotondas y ponerles esculturas...
F.C.: Falta la estrategia, lo que se quiere conseguir y
cuáles han de ser los pasos para llegar.
X.A.: Y faltan las relaciones entre el sistema, y eso sí que
tal vez sea culpa un poco de todos. Hay que conseguir remontar todo aquello que
no se ha hecho, que es el establecimiento de redes. Existe todo el plan de
museos y centros de arte de Catalunya que está paralizado desde hace años.
Cuántas iniciativas se han paralizado que permitirían el establecimiento de
lazos, que las cosas reviertan más, que haya costes compartidos…
S.S.: Es un sistema incoherente y desarticulado. Y puestos a
hablar de la ley del Mecenazgo, incluso podríamos hacer la parte de la ley del
mecenazgo que afecta al ciudadano de a pie, que es importante. Para mí es
esencial que doblemos el público que tenemos en unos cuantos años, pocos. Nos
da legitimidad y no tendría un coste tan alto, pero no les importa ni les
interesa.
P.S.: Un día se debe comenzar un debate sobre el sistema, de
decir el país da lo que da, qué queremos tener, qué instituciones, de qué
tamaño, cuáles son capaces de exportar, cuáles bajo la sombra de estas pueden
hacer una acción local potente y que también puede tener mucho sentido pero que
no hemos de duplicar. Hemos de exigir un pacto entre administraciones.
S.S.: Eso no cuesta ni un duro, la situación te obliga y
sólo depende de nosotros. Pero es que además se está produciendo una
desertización del mundo artístico, ya no del público sino de los artistas.
Estos señores necesitan un lugar para trabajar. ¿Cuántos teatros tenemos en
Catalunya cerrados? ¿Treinta, cuarenta? Este dibujo de futuro no es tan caro ni
tan difícil. Pero si no dices adónde quieres ir de aquí a ocho años es muy
difícil que sepas qué hacer. Y hacerlo ahora no es difícil, es fácil casi. Y tendrás
una ventaja: unos costes de estructura, contra lo que todo el mundo piensa, muy
bajos, que dan risa respecto a Europa. Lo que gasta el Lliure da risa. Es un
teatro de…
LL.P.: De Perpiñán.
A.M.: Aquí no ha habido un sistema cultural grande y bien
dotado. Si de repente se llega a la conclusión de que se ha de redimensionar el
sistema cultural para hacerlo más pobre y pequeño porque no nos podemos
permitir el que tenemos que era bastante justito, habremos de redimensionar
nuestras ambiciones como país. Ajustar nuestra división.
Nuevos proyectos, ¿necesidad o incoherencia?
LL.P.: Es como tapar las goteras del apartamento de Cadaqués
y dejar en casa una que te está agujereando la mesa.
P.S.: El tema del Museo de las Culturas del Mundo, que he
mencionado en alguna ocasión y ha provocado gran malestar en el Ayuntamiento,
lo relaciono con lo que decíamos antes: falta articulación, planificación a
medio y largo plazo, sentido de las cosas… Los mecanismos –y no tiro contra
ningún museo, y menos contra ese proyecto cuyas piezas las recogió un señor que
era mi abuelo– por los que se puede tomar la decisión de generar un
equipamiento nuevo han de ser más sofisticados, más exigentes, estamos en un
mundo complejo. Una ciudad que tiene un museo etnológico en obras, que está
medio vacío y medio cerrado, y que apuesta por recuperar una colección como la
Folch e integrarla en un museo, en principio no me parece mal. Pero eso no ha
sido objeto de debate ni público ni con el sector. Y el Disseny Hub Barcelona
de la plaza de las Glòries es lo mismo. ¿Qué ha costado? ¿100 millones? No
ataco a nadie, sólo pido un debate de altura profesional. Y, eso sí, discuto el
momento. El Museo de las Culturas del Mundo, adelante. Pero ¿de qué manera?
¿Cuándo? ¿Ahora? Evidentemente es el político el que toma las decisiones desde
un punto de vista estratégico, pero ha de estar informado, dotado de datos que
objetivamente le permitan tomarla con fundamentos sólidos.
X.A.: Pero esta reflexión sobre el sistema, quienes no la
pueden hacer de ninguna manera son los organismos políticos, que son los que
tendrían que acabar de tomar las decisiones. Pero, claro, hay una instancia
profesional mediadora que aquí no existe….
F.C.: Y una cosa fundamental: hay que definir la misión de
los equipamientos, saber cuál es tu misión y orientar hacia ella tu actividad.
Esa ha de ser tu guía.
LL.P.: En Francia hay una palabra preciosa que es la
tutelle, estás tutelado.
S.S.: Aquí es al revés. Tu dices “haré esto porque creo que
es lo que se ha de hacer”, y como que el interlocutor a) no tiene ni idea, y b)
no ha tenido mucho tiempo de leer de qué va porque tiene 50 cosas que hacer,
dice “bien” o “no fotis” como máximo. Y tú al final haces una valoración
aproximada de lo que te parece. Pero lo más grave es que mientras todo eso
sigue en el aire, el tejido cultural, la parte de la creación se está
desmebrando a marchas forzadas...
¿Cómo sobrevivir?
P.S.: Siempre digo que si los museos fueran hospitales se
nos morirían los enfermos en los pasillos.
LL.P.: Yo soy de una generación que ha de resistir. ¿Qué
quieres que diga? ¿Que he de dar un paso atrás? No. Ya hice la mili. Y como ya
la hice, la continuaré haciendo hasta que me dejen. Yo, como todos los que
están aquí, actúo en nombre de dos colectivos: el de los artistas y el del
público. Los dos tienen derecho a existir y a intercambiarse. Y nosotros somos
el puente de diálogo entre ambos. Resistiré mientras pueda hacerlos dialogar.
¿Cómo? Adquiriendo una enorme plasticidad, imaginación ya no podemos tener más,
hay un momento en el que se acaba. Y espero que tengamos suerte. Hay una
generación a la que se lo debemos, tanto de espectadores como de artistas.
S.S.: Lo que no puede ser es que los que vivimos el final
del franquismo, ahora no seamos capaces de pasar lo que hemos hecho a los que
vienen detrás. Hemos de exigir dos cosas: 1) que hagan un dibujo de qué ha de
ser este país culturalmente dentro de 20 años y 2) que en un plazo corto
dediquen porcentualmente el doble. que es lo mínimo. Este país no podrá tener
estructura de país sin una cultura que lo cohesione.
A.M.: Es mucho más caro perder lo que tenemos que
sostenerlo, el coste de dar pasos atrás es lo que no nos podemos permitir.
X.A.: No hay elección, la cultura es central en nuestra
sociedad y en nuestro país. Ya no somos una sociedad industrial ni agraria, es
una sociedad postindustrial. La cultura es central, no tenemos elección.
A.M.: Y, sobre todo, no podemos caer en la paradoja de
defender lo importante que es para el país la cultura del pasado, Espriu,
Gaudí, no sé qué, y no cuidar el presente y el futuro.
LL.P.: Y estamos a punto. Hemos vivido muchos años con el
calendario electoral y no con el gregoriano. Las escaleras cuestan mucho de
subir, pero las bajas rodando.
¿Hay margen para hacer más recortes?
LL.P.: No.
P.S.: No, se rompe todo, y dejas de cumplir tu misión.
Entonces a lo mejor eres tú el que tienes que decir que mejor que no se gaste
ese dinero público. Para pagar la luz, no.
S.S.: Dedicamos el 90% de nuestro tiempo a gestión y un 10%
al trabajo esencial que es, como decía Pasqual, a poner en contacto a los
artistas con el público. Ya no hay margen. Y la bajada que va a haber es de
cataclismo. No afecta a una serie de personas sino que afecta al sentido mismo
de lo que estás haciendo.
F.M.: El plan B está plenamente definido: no se puede dar ni
un paso más atrás.
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