9 octubre del 2007
El sábado arrancó el Festival Internacional de Teatro Contemporáneo de Almagro con las palabras de Luis Molina López, director del Celcit, Antonio Lozano, director del Festival Tres Continentes en Agüimes y Luis Maldonado, alcalde de Almagro, quedó sellada el acta de nacimiento del nuevo Teatro Laboratorio La Veleta, el cual pretende consolidar su rol de “Casa del Teatro de Iberoamérica en La Mancha”.
[Lanza ] [/ Ciudad Real]
El acto, a sala llena, contó con la presencia de autoridades políticas y culturales regionales y locales, directores de festivales, editores, artistas, músicos y personalidades destacadas del medio teatral de distintos países iberoamericanos, quienes, con un cerrado aplauso, testimoniaron la importancia de esta reapertura. También, entre los presentes, se contaban las compañías que toman parte del Festival así como público en general. Luego de una recepción en los jardines de La Veleta, el público se trasladó al Corral de Comedias de Almagro, para asistir a la representación de la obra ‘Los hijos de los hijos’, de Inés Saavedra por La Maravillosa, de Argentina, obra que dio apertura al VII Festival de Teatro Contemporáneo de Almagro. Una “Maravilla”Un hombre avanza hacia el público. Trae una foto. La muestra en silencio. Un abuelo, una abuela y un padre niño, sonríen en blanco y negro. El recién llegado, entonces, rompe el silencio y brotan las palabras y las acciones que propone la puesta en escena de ‘Los hijos de los Hijos’, de Inés Saavedra quien a su vez la dirige junto a Ricardo Merkin. El texto se pulió en el escenario cuya escenografía ubica la acción en el depósito de una fonda argentina habilitada como depósito. Este espacio se convierte a su vez en los camarotes, muchas veces colectivos, del barco en el cual los emigrantes llegaban a Buenos Aires. Es desde ese espacio -cuya adaptación al Corral de Comedias de Almagro resultó todo lo adecuada que puede ser ante un ámbito tan marcado-, es donde los actores juegan a contar la historia de sus respectivas familias. Hay ironía, en este juego de la memoria trasmitida de generación en generación, porque la ironía resulta ser un arma contra esa suerte de idealización habitual con la cual los primeros inmigrantes suelen recordar la historia de sus arribos, sus procesos y su actualidad. El manual del inmigrante, citado en reiteradas ocasiones, sirve de parámetro en el cual se miden, con risueño y patético humor, las vicisitudes del primer encuentro-desencuentro con un mundo desconocido, idealizado hasta el paroxismo y entrevisto como una tierra de promisión.
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El acto, a sala llena, contó con la presencia de autoridades políticas y culturales regionales y locales, directores de festivales, editores, artistas, músicos y personalidades destacadas del medio teatral de distintos países iberoamericanos, quienes, con un cerrado aplauso, testimoniaron la importancia de esta reapertura. También, entre los presentes, se contaban las compañías que toman parte del Festival así como público en general. Luego de una recepción en los jardines de La Veleta, el público se trasladó al Corral de Comedias de Almagro, para asistir a la representación de la obra ‘Los hijos de los hijos’, de Inés Saavedra por La Maravillosa, de Argentina, obra que dio apertura al VII Festival de Teatro Contemporáneo de Almagro. Una “Maravilla”Un hombre avanza hacia el público. Trae una foto. La muestra en silencio. Un abuelo, una abuela y un padre niño, sonríen en blanco y negro. El recién llegado, entonces, rompe el silencio y brotan las palabras y las acciones que propone la puesta en escena de ‘Los hijos de los Hijos’, de Inés Saavedra quien a su vez la dirige junto a Ricardo Merkin. El texto se pulió en el escenario cuya escenografía ubica la acción en el depósito de una fonda argentina habilitada como depósito. Este espacio se convierte a su vez en los camarotes, muchas veces colectivos, del barco en el cual los emigrantes llegaban a Buenos Aires. Es desde ese espacio -cuya adaptación al Corral de Comedias de Almagro resultó todo lo adecuada que puede ser ante un ámbito tan marcado-, es donde los actores juegan a contar la historia de sus respectivas familias. Hay ironía, en este juego de la memoria trasmitida de generación en generación, porque la ironía resulta ser un arma contra esa suerte de idealización habitual con la cual los primeros inmigrantes suelen recordar la historia de sus arribos, sus procesos y su actualidad. El manual del inmigrante, citado en reiteradas ocasiones, sirve de parámetro en el cual se miden, con risueño y patético humor, las vicisitudes del primer encuentro-desencuentro con un mundo desconocido, idealizado hasta el paroxismo y entrevisto como una tierra de promisión.
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