Uno de los teatros más antiguos de Madrid es
el Teatro Español, llamado antes Teatro del Príncipe. Un edificio que ha
sufrido infinidad de transformaciones, impulsadas por cambios y por varios
incendios. Un día como hoy, 25 de agosto de 1807, este histórico espacio
escénico de Madrid reabrió sus puertas, con un lavado de cara, tras haber sido
devorado por las llamas unos años antes.
Este teatro, que llevó por nombre el de la
calle en la que está situado, cuenta con unas vistas de excepción a la plaza de
Santa Ana. Si las paredes del que fue el teatro Príncipe -en la actualidad
Teatro Español- pudiesen hablar, tendría que remontarse muchos años atrás
cuando en ese mismo lugar estuvo un corral de comedias -se inauguró en 1583 con
una representación de Lope de Rueda-. No existen demasiados datos acerca del
aspecto físico del Corral, salvo la planta levantada por Pedro de Ribera en
1735, conservada en el Archivo de la Villa, y dos dibujos de la primera mitad
del siglo XVIII, conservados en la Biblioteca Nacional, por lo que su
reconstrucción planteó numerosos problemas.
Después del 1735 se decidió derribar el Corral
del Príncipe, concebido desde este momento como teatro a la italiana. El nuevo
teatro fue construido por Juan Bautista Sachetti, arquitecto mayor de Madrid,
secundado por Ventura Rodriguez, quienes finalizaron la obra en 1745. Años más
tarde se renovó la fachada y el interior de la Sala. Unas mejoras que pudieron
disfrutarse tan solo hasta 1802 cuando un incendio arrasó por completo el
edificio, quedando en pie solamente la estructura exterior del teatro. De su
reconstrucción se encargó el arquitecto madrileño Juan de Villanueva. Realizó
los planos, proponiendo adquirir la casa contigua del Café y la de la calle del
Lobo, que correspondía al escenario, para dar a teatro mayor amplitud. El
edificio quedó completamente reedificado y fue inaugurado un 25 de agosto de
1807.
De estas reconstrucciones tras los incendios
poco queda, aunque se sabe que se introdujeron otras reformas. Como las que
propuso el actor Julián Romea: quería que desaparecieran los antiguos bancos
del patio, convirtiéndolos en lunetas con respaldo de terciopelo azul y que se
suprimiese la cazuela de mujeres, convertida en galería en el lugar que hoy
ocupan los palcos de platea. Peticiones que vieron la luz años más tarde
formando además, la fachada asimétrica actual. Pero el espacio escénico volvió
a enfrentarse a otro cambio, el de su nombre. Así, en 1869 pasa a llamarse
Teatro Español, con motivo de la ley de 1850 por la cual cada teatro debía
denominarse según el género que en él se representaba.
A lo largo de la época franquista, el teatro
pasa a depender del Ministerio de Información y Turismo hasta 1975, fecha en la
que se produce el segundo gran incendio, destruyéndose la totalidad del
escenario y una parte del patio de butacas. De nuevo, el edificio, dirigido por
un patronato formado por el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Madrid,
afrontó una nueva resturación en 1980 -Lucio Oñoro y Enrique Ortega fueron los
responsables-, respetando el trabajo que había realizado Villanueva. Pero no
sería la última transformación que sufrió porque un nuevo incendio de grandes
proporciones devastó en 1991 parte del Teatro Español.
En la actualidad, este coliseo, que cuenta en
la fachada con seis bustos en honor a Lope de Vega, Tirso de Molina, Ruiz de
Alarcón, Calderón de la Barca, Benavente y Lope de Rueda, alberga biblioteca,
sala de exposiciones, almacenes y un Café. Atrás quedan los recuerdos de los
incendios y los fenómenos paranormales que algunos trabajadores aseguraron
vivir en las estancias. A día de hoy, esos ruidos extraños y bajadas de
temperatura de golpe siguen siendo temas recurrentes entre aquellas personas
que conocen bien las entrañas del teatro. Extraños sucesos que no restan
importancia a lo que representa el Teatro Español en la escena madrileña.
Imponente, emerge cada día en la Plaza de Santa Ana.
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