18 d’octubre 2006

Un ejemplo más del estilo Joglars



14 octubre 2006


El Quijote de Albert Boadella cabalgará, o mejor dicho, circulará hoy por última vez sobre el escenario del Principal. Subido en su moto y dejando a un lado su profesión de caballero andante por la de fontanero, el singular personaje al que da vida Ramón Fontseré se presentará a las 20.30 horas ante el público gasteiztarra en la tercera sesión que Els Joglars ha preparado para la presente edición del Festival Internacional de Teatro.
Lo más seguro es que, como sucedió tanto ayer como el jueves, el público llene las butacas de la sede del certamen ya que los espectadores alaveses siempre han mostrado una gran fidelidad a las diferentes propuestas de la compañía catalana, el único grupo que participó en la primera edición de este festival en 1975 y todavía sigue en activo.
Ya el primer día de función, el jueves, se notó que los asistentes al Principal sabían que iban a disfrutar. Y así fue. Els Joglars presentó un espectáculo que desde el primer momento huele y sabe a la firma de Boadella, aunque ello suponga recaer en los tópicos demasiado manidos ya que el grupo siempre repite, sobre todo desde la trilogía que conformaron Ubú President , Daaalí y La increíble historia de Dr. Floit y Mr. Pla .
De todas formas, sólo los buenos pueden permitirse el lujo de recalcar hasta el exceso algunos clichés y formas de interpretación.
En un lugar de Manhattan esconde muchos secretos y alguna que otra pulla contra el propio mundo del teatro y los profesionales que por él andan. Es cierto que Boadella se podría aplicar algunas de las críticas que hace en esta obra así mismo, pero eso no le quita razón a la hora de denunciar cierto aire de divismo y vanguardismo paranoico que se da hoy en día, sobre todo a cuenta de los aniversarios, como el del Quijote.
A un buen texto se une en este caso un cuerpo de actores excelente en el que Fontseré, una vez más y ya es complicado hacer la lista, demuestra que sobre el escenario es todo una animal. Su caballero tiene lo justo de cuerdo y de loco. Además, cuenta, sobre el escenario, con unos compañeros que le hacen incluso mejor de lo que ya es.
Destaca una Pilar Sáenz a la que le toca tal vez el papel más ingrato, ese que representa a todo el snobismo que hoy pulula por una escena cargada de divinidad, aunque la referencia que Joglars hace a Flotats no sea del todo justa.
Aunque, como el libro de Cervantes, la obra tiene sus momentos de intensidad, la carcajada está presente a lo largo de las dos horas justas del montaje, habiendo momentos hilarantes como ese que el público disfrutó el jueves al ver a El Quijote y Sancho Panza vestidos de miembro de ETA y txistulari. Por no escaparse de las garras ácidas de la compañía, ni siquiera pudo huir el terrorismo radical islámico.
Y todo ello en una escenografía sencilla hasta el límite pero muy útil, donde una puerta móvil es el único elemento un tanto vivo.
Els Joglars construye en esta producción una obra crítica, reivindicativa del verdadero Cervantes, con un reparto excelente y llena de mensajes de todo tipo. Eso sí, tal vez le falta la fuerza y la profundidad de otros montajes.