
10 octubre 2006
Julio Bravo
El Festival de Otoño llega, este año, a su vigésimo tercera edición. A lo largo de estas más de dos décadas, el certamen ha atravesado por muy distintas etapas y ha pasado de la brillantez a la opacidad, de ser un sonado escaparate del mejor teatro internacional a convertirse en un apagado contenedor de espectáculos reunidos sin criterio alguno. Se llegó incluso a cuestionar (y con razonamientos nada apasionados) la conveniencia de celebrar en Madrid un certamen de estas características.
Desde hace unos años, lo dirige el argentino Ariel Goldenberg, que ya había dado muestras de su capacidad gestora cuando dirigió el extinto Festival de Teatro de Madrid. Goldenberg vino a Madrid sin abandonar París, donde ha estado trabajando en los últimos años. Comparte la dirección del certamen madrileño con la del teatro Chaillot, enclavado al pie de la torre Eiffel, y uno de los grandes emblemas de la escena parisina. Fue nombrado por Alicia Moreno cuando ésta era consejera de la Comunidad de Madrid (de la que depende el festival) y aunque su continuidad fue cuestionada cuando cambió el Gobierno regional (no de partido, pero sí de personas), ha permanecido en el cargo y cuenta con la confianza de los actuales responsables del área cultural de la Comunidad.
Goldenberg se remite únicamente a los hechos. Y estos son claros. En esta próxima edición, que comenzará el próximo 11 de octubre y concluirá el 9 de noviembre, figuran nombres tan importantes como los de Laurie Anderson (que abrirá el festival), Calixto Bieito, Helena Pimenta, la compañía polaca Teatr Nowy, Peter Brook (cuyo «Mahabharata» es uno de los grandes hitos de la historia del Festival), La Ribot, Alain Platel, Eduardo Pavlovsky, Philippe Decouflé, la Comédie-Française, Piotr Fomenko, Pina Bausch, Robert Lepage o Christoph Marthaler. Un menú más que prometedor, al que se sumará, con toda seguridad, alguna sorpresa (y seguramente también, alguna decepción): espectáculos como «Bal Caustique», del Cirque Hirsute; «The little match girl», de The Tigre Lillies, o «Mabou Milnes DollHouse», de Mabou Mines, van a sorprender seguramente a más de un espectador.
Lo mejor de lo posible
El director del Festival de Otoño es claro cuando se refiere al criterio para la elección de los espectáculos: el criterio de lo posible. Sus antecesores en el cargo ya se quejaron de la falta de espacios escénicos adecuados en Madrid (tanto en la capital como en las poblaciones de la Comunidad). Así que escarba entre lo que se hace fundamentalmente en Europa, estudia la posibilidad de encajarlo en alguno de los teatros madrileños, estudia el presupuesto, y programa.
Ya por lo que respecta a la programación, el teatro se lleva la parte del león. De los 37 espectáculos que se verán en este Festival de Otoño, 23 son teatrales; otros 10 son de danza, y 4 musicales. Goldenberg cree que es una balanza adecuada a las necesidades y las carencias de la capital en su programación habitual.
Destaca, por encima de todos, la presencia de Peter Brook, uno de los grandes tótems del teatro europeo. Londinense, reside actualmente en París, donde dirige junto a Micheline Rozan el Théâtre des Bouffes du Nord. A Madrid trae un espectáculo titulado «Sizwe Banzi est mort», que habla sobre un asunto de gran actualidad en España: la inmigración ilegal. La ciudad británica de New Brighton, donde existe un gueto surafricano en el que transcurre la acción del espectáculo, fue el lugar elegido para el estreno de esta obra.
Calixto Bieito, uno de los más controvertidos directores españoles de nuestros días, estará presente en el Festival de Otoño con dos montajes. Uno es «Plataforma», que cautivó al público del Festival de Edimburgo este pasado verano. Se trata de un «poema dramático hiperrealista para siete voces», basado en la novela de Michel Houllebecq, y que protagoniza Juan Echanove. Es un montaje descarnado y arriesgado, con el sello inconfundible de Bieito. La segunda propuesta es «Peer Gynt», de Ibsen, en una producción (igual que la anterior) del Teatro Romea de Barcelona. Bieito se atrevió a llevarla a la patria de Ibsen, Noruega, donde pasó con nota alta el examen.
Viajes interiores
Pina Bausch es otro de los nombres propios de la presente edición del Festival de Otoño, donde ya dejó en varias ocasiones muestras de su excepcional categoría como coreógrafa y como mujer de escena (también algún borrón). En esta visita trae a Madrid (junto con su compañía, el Tanztheater Wuppertal) «Nefés», una palabra que significa algo así como «alma» o «yo interior». En esta pieza, Pina Bausch viaja a Turquía para ofrecer una obra que busca los sentidos del espectador.
Robert Lepage se ha consolidado en los últimos años como uno de los grandes nombres del teatro europeo. Hace unos meses presentó en Madrid una discutida «Celestina» con Nuria Espert como protagonista. Ahora regresa al frente de su compañía, Ex Machina, y con un espectáculo basado en dos obras de Hans Christian Andersen: «La dríada» y «The shadow», y en la propia figura del autor danés. Una mezcla sin duda explosiva.
Otro de los nombres propios del festival es Christoph Marthaler, un controvertido director suizo que ha trabajado últimamente de manera más habitual en el mundo de la ópera (en su currículum tiene un sonoro abucheo en la apertura, con «Tristán e Isolda», del Festival de Bayreuth de 2005). Al Festival de Otoño trae «Winch only», una particular interpretación de la ópera de Claudio Monteverde «La incoronazione di Poppea», en la que se cuelan músicas de Schubert, Bach, Wagner o Saint-Saëns.
Grandes nombres
Piotr Fomenko repite visita. Ya deslumbró con «Guerra y paz» y «Noches egipcias», y ahora llega con otra versión de Chejov, «Tres hermanas». La Comédie-Française es otro de los alicientes del certamen. Se presentará en la Resad con «El Tartufo», de Molière. También cabe señalar «Scream and whisper», un montaje de danza de Saburo Teshigawara y la pieza «40 Espontáneos».
Son los nombres que destacan en un certamen cuyos responsables persiguen la excelencia y, sobre todo, presentar espectáculos que en Madrid no podrían verse en otras circunstancias. La selección es, por corta, naturalmente injusta, ya que a los nombres mencionados se suman otros trabajos, procedentes de 16 países, que conforman un atractivo y variado menú. Hay muchos platos con magnífico aspecto y destinados a paladares acostumbrados a este tipo de cocina teatral.
XXIII Festival de Otoño. (Del 11 de octubre al 9 de noviembre)
Espacios Escénicos en Madridciudad: de La Abadía (Sala Juan de la Cruz), Teatro Albéniz, Círculo de Bellas Artes (Teatro Fernando de Rojas), Centro Cultural de la Villa, La Casa Encendida, Sala Cuarta Pared, Teatro Español, Centro Dramático Nacional Teatro María Guerrero, Centro Cultural Raco Rabal-Palomeras Bajas, Teatro Pradillo, R.E.S.A.D (Sala Valle-Inclán), Teatro de Madrid, Centro Dramático Nacional Teatro Valle-Inclán y Teatro de la Zarzuela. Comunidad de Madrid: Alcalá de Henares, Aranjuez, Becerril de la Sierra, Collado-Villalba, Fuenlabrada, Getafe, La Cabrera, Las Rozas, Majadahonda, Mejorada del Campo, Móstoles, Pozuelo de Alarcón, Rivas-Vaciamadrid, San Lorenzo de El Escoria, San Martín de la Vega, San Sebastián de los Reyes, Torrejón de Ardoz, Torrelodones y Tres Cantos. Más información: www.madrid.org/fo06 y Guía de Teatro.
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