5 de setembre del 2007
Se estrena ‘Walmartopia’, obra musical dedicada al minorista y a sus empleados
Por Jonathan Birchall en Nueva York
Por Jonathan Birchall en Nueva York
El UniversalMiércoles 05 de septiembre de 2007Ocurrió con Eva Perón, con la obra de Víctor Hugo y con el estado de Oklahoma. Ahora le sucede lo mismo a Wal-Mart, la cadena de tiendas de descuento con sede en Arkansas.
Walmartopia, la comedia musical de dos horas dedicada al minorista y sus empleados, se estrenó este fin de semana en el Teatro Minetta de Greenwich Village, en la ciudad de Nueva York. En las primeras funciones del espectáculo de dos horas se llenaron los 339 asientos del teatro off-Broadway.
Sin embargo, con canciones como “Consume and American Dream” (“El consumo y el sueño americano”) y letras como la “¡Oh joy, another day praying to the Smiley god!” (“¡Qué gozo, otro día rezándole al Dios de la carita feliz!”), es poco probable que Walmartopia alcance en los escenarios la categoría que la corporación de Bentonville tiene entre las empresas.
La trama y la música narran la historia de Vicki y Maia Latrell, madre e hija que se desilusionan al enterarse de que un hombre con menos experiencia es ascendido al puesto que le correspondería a Vicki. De pronto, las mujeres se ven 30 años después tras ser transportadas por una máquina del tiempo que ya ha traído de regreso la cabeza parlante de Sam Walton, fundador de Wal-Mart. En 2037, el minorista administra escuelas y prisiones y está en pie de guerra con los residentes recalcitrantemente anti-Wal Mart de Vermont.
Catherine Capellaro, autora de la trama y los diálogos del musical, señaló que el objetivo primordial de la obra es ofrecer “momentos divertidos”.
Pero con las extensas referencias a la postura anti-sindical de Wal-Mart y a la demanda colectiva que acusa al minorista de discriminación contra las mujeres trabajadoras, Walmartopia es claramente un musical con mensaje positivo.
“También estamos tratando de decir algo sobre lo que sucede cuando una corporación tiene tanto control y cuando las empresas en general tienen tanta influencia en el gobierno”, indicó.
No es la primera vez que Wal-Mart inspira críticas artísticas en Nueva York, una de las pocas ciudades que rechazó el “canto de las sirenas” del minorista para contar con uno de sus establecimientos.
El Art Parade, realizado el año pasado en el Bajo Manhattan, estuvo encabezado por supuestos opositores a Wal-Mart vestidos con su característico chaleco azul, cantando lemas irónicos como “No Way but Sam’s way” (Como Sam lo quiera, o nada), en un evento organizado por el artista local Bob Snead.
Wal-Mart también fue tema de un espectáculo realizado el año pasado que incluía el trabajo de Zoe Sheehan Saldaña, quien creó seis versiones hechas a mano de camisetas compradas en un Wal-Mart de Connecticut, a las que les añadió etiquetas y precios de Wal-Mart y las introdujo clandestinamente en los anaqueles de la tienda.
Capellaro y el compositor musical Andrew Rohn, quienes se describen como un equipo conformado por marido y mujer, afirmaron no haber recibido dinero de los sindicatos que han encabezado el movimiento anti-Wal-Mart en Estados Unidos, aunque el sindicato UFCW reservó todo el teatro para una presentación esta semana.
En un dramático cambio, Wal-Mart mismo adoptó su propia estrategia propagandística en la reunión anual del año pasado, cuando cerca de 20 mil de sus empleados fueron testigos de un musical que incluyó números como El día que conocí a Sam y en el que hizo énfasis en su propósito de hacer que los clientes utilicen sus tiendas para algo más que comprar productos básicos.
Capellaro señaló que la compañía Wal-Mart no ha presentado queja alguna por el uso de su marca registrada, su carita feliz y los chalecos utilizados por sus empleados.
En vez de eso, la cadena minorista subrayó que el musical, como el Fantasma de la Opera, es ficción, y que los precios bajos de Wal-Mart son reales.
Walmartopia, la comedia musical de dos horas dedicada al minorista y sus empleados, se estrenó este fin de semana en el Teatro Minetta de Greenwich Village, en la ciudad de Nueva York. En las primeras funciones del espectáculo de dos horas se llenaron los 339 asientos del teatro off-Broadway.
Sin embargo, con canciones como “Consume and American Dream” (“El consumo y el sueño americano”) y letras como la “¡Oh joy, another day praying to the Smiley god!” (“¡Qué gozo, otro día rezándole al Dios de la carita feliz!”), es poco probable que Walmartopia alcance en los escenarios la categoría que la corporación de Bentonville tiene entre las empresas.
La trama y la música narran la historia de Vicki y Maia Latrell, madre e hija que se desilusionan al enterarse de que un hombre con menos experiencia es ascendido al puesto que le correspondería a Vicki. De pronto, las mujeres se ven 30 años después tras ser transportadas por una máquina del tiempo que ya ha traído de regreso la cabeza parlante de Sam Walton, fundador de Wal-Mart. En 2037, el minorista administra escuelas y prisiones y está en pie de guerra con los residentes recalcitrantemente anti-Wal Mart de Vermont.
Catherine Capellaro, autora de la trama y los diálogos del musical, señaló que el objetivo primordial de la obra es ofrecer “momentos divertidos”.
Pero con las extensas referencias a la postura anti-sindical de Wal-Mart y a la demanda colectiva que acusa al minorista de discriminación contra las mujeres trabajadoras, Walmartopia es claramente un musical con mensaje positivo.
“También estamos tratando de decir algo sobre lo que sucede cuando una corporación tiene tanto control y cuando las empresas en general tienen tanta influencia en el gobierno”, indicó.
No es la primera vez que Wal-Mart inspira críticas artísticas en Nueva York, una de las pocas ciudades que rechazó el “canto de las sirenas” del minorista para contar con uno de sus establecimientos.
El Art Parade, realizado el año pasado en el Bajo Manhattan, estuvo encabezado por supuestos opositores a Wal-Mart vestidos con su característico chaleco azul, cantando lemas irónicos como “No Way but Sam’s way” (Como Sam lo quiera, o nada), en un evento organizado por el artista local Bob Snead.
Wal-Mart también fue tema de un espectáculo realizado el año pasado que incluía el trabajo de Zoe Sheehan Saldaña, quien creó seis versiones hechas a mano de camisetas compradas en un Wal-Mart de Connecticut, a las que les añadió etiquetas y precios de Wal-Mart y las introdujo clandestinamente en los anaqueles de la tienda.
Capellaro y el compositor musical Andrew Rohn, quienes se describen como un equipo conformado por marido y mujer, afirmaron no haber recibido dinero de los sindicatos que han encabezado el movimiento anti-Wal-Mart en Estados Unidos, aunque el sindicato UFCW reservó todo el teatro para una presentación esta semana.
En un dramático cambio, Wal-Mart mismo adoptó su propia estrategia propagandística en la reunión anual del año pasado, cuando cerca de 20 mil de sus empleados fueron testigos de un musical que incluyó números como El día que conocí a Sam y en el que hizo énfasis en su propósito de hacer que los clientes utilicen sus tiendas para algo más que comprar productos básicos.
Capellaro señaló que la compañía Wal-Mart no ha presentado queja alguna por el uso de su marca registrada, su carita feliz y los chalecos utilizados por sus empleados.
En vez de eso, la cadena minorista subrayó que el musical, como el Fantasma de la Opera, es ficción, y que los precios bajos de Wal-Mart son reales.
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