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25 de maig de 2009
El musical 'The producers' de Mel Brooks desembarca en la capital alemana con gran éxito de taquilla
RAFAEL POCH
Berlín.
Corresponsal
La vista de una escuadra de tipos de las SS con cascos de acero avanzando brazo en alto en formación resulta desagradable e inquietante en todas partes, pero si Tel Aviv lo soportó, ¿por qué no iba a hacerlo Berlín? Es una escena del musical 'The producers' de Mel Brooks, que lleva por subtítulo 'Frühling für Hitler' ('Primavera para Hitler'), estrenado esta semana en la capital alemana tras haber dado la vuelta a medio mundo durante ocho años. En su segundo día en el emblemático Admirals Palast, un 80% de ocupación, muchas risas y aplausos, pero también algo de angustia en el ambiente en la mencionada escena.
A efectos de esta comedia satírica, Berlín no es lo mismo que Nueva York o París. Reírse aquí del nazismo, con un Hitler gay, con bromas sobre judíos y todo tipo de guiños golfos, tiene algo de mentar la soga en casa del ahorcado. También es un ejercicio sano y saludable. Pero sería exagerado ver en esta pantomima, algo rancia y pasada de moda, una especie de prueba para el subconsciente alemán.
La obra ha llegado a Berlín procedente de Viena, donde tuvo un éxito moderado. Brooks, un judío de familia originaria de Kiev y Danzig (Gdansk), la estrenó como película en 1968 y la recreó como musical de Broadway en el 2001, consiguiendo un sinfín de premios, lo que le llevó a decir que le había encantado ganar dinero riéndose de Hitler. Pero su obra no trata del dictador, sino de dos productores judíos de Broadway, Bialystok y Bloom, que tras llegar a la conclusión de que para forrarse hay que hacer una obra muy mala - lo que no es del todo disparatado - deciden hacer la peor posible y rescatan la de un autor nazi aficionado a las palomas que ensalza a Hitler. Para ello, contratan al peor director y los peores actores, pero, por accidente, el asunto sale bien y el éxito y la crítica les saludan.
Brooks ha dicho que llevar su obra a Berlín es "un gran triunfo personal", pero el verdadero éxito es para la ciudad que fue epicentro de los dramas asociados a Hitler, y en especial para el teatro que alberga el musical. El Admirals Palast está estos días engalanado con banderas rojas y en lugar de la esvástica, prohibida en Alemania, exhibe como símbolos nazis especialidades locales como el Bretzel o la salchicha, pintadas en negro sobre el círculo blanco. A principios del siglo XX, este teatro que hoy tiene 1.500 butacas fue escenario del Berlín golfo, de la sátira política y el cabaret al que los nazis pusieron fin. Una ley de 1934 excluyó a los no arios del lugar y una remodelación de Goebbels lo reconvirtió en teatro nazi, en el que Hitler tenía palco. Que hoy el dictador sea objeto de risa ahí tiene algo de reparación histórica.
"Había una cultura de cabaret, de gente irónica y divertida, mucha sátira. Gran parte de eso fue físicamente eliminado por el Tercer Reich, o emigró a Broadway", ha dicho Titus Hoffmann, director del teatro, en declaraciones a la Deutsche Welle."De alguna forma, es como si algo de todo eso regresara, porque, aparte de las cosas horribles que pasaron con Hitler, de lo que todavía se carece un poco en Alemania es de buen humor", dice.
25 de maig de 2009
El musical 'The producers' de Mel Brooks desembarca en la capital alemana con gran éxito de taquilla
RAFAEL POCH
Berlín.
Corresponsal
La vista de una escuadra de tipos de las SS con cascos de acero avanzando brazo en alto en formación resulta desagradable e inquietante en todas partes, pero si Tel Aviv lo soportó, ¿por qué no iba a hacerlo Berlín? Es una escena del musical 'The producers' de Mel Brooks, que lleva por subtítulo 'Frühling für Hitler' ('Primavera para Hitler'), estrenado esta semana en la capital alemana tras haber dado la vuelta a medio mundo durante ocho años. En su segundo día en el emblemático Admirals Palast, un 80% de ocupación, muchas risas y aplausos, pero también algo de angustia en el ambiente en la mencionada escena.
A efectos de esta comedia satírica, Berlín no es lo mismo que Nueva York o París. Reírse aquí del nazismo, con un Hitler gay, con bromas sobre judíos y todo tipo de guiños golfos, tiene algo de mentar la soga en casa del ahorcado. También es un ejercicio sano y saludable. Pero sería exagerado ver en esta pantomima, algo rancia y pasada de moda, una especie de prueba para el subconsciente alemán.
La obra ha llegado a Berlín procedente de Viena, donde tuvo un éxito moderado. Brooks, un judío de familia originaria de Kiev y Danzig (Gdansk), la estrenó como película en 1968 y la recreó como musical de Broadway en el 2001, consiguiendo un sinfín de premios, lo que le llevó a decir que le había encantado ganar dinero riéndose de Hitler. Pero su obra no trata del dictador, sino de dos productores judíos de Broadway, Bialystok y Bloom, que tras llegar a la conclusión de que para forrarse hay que hacer una obra muy mala - lo que no es del todo disparatado - deciden hacer la peor posible y rescatan la de un autor nazi aficionado a las palomas que ensalza a Hitler. Para ello, contratan al peor director y los peores actores, pero, por accidente, el asunto sale bien y el éxito y la crítica les saludan.
Brooks ha dicho que llevar su obra a Berlín es "un gran triunfo personal", pero el verdadero éxito es para la ciudad que fue epicentro de los dramas asociados a Hitler, y en especial para el teatro que alberga el musical. El Admirals Palast está estos días engalanado con banderas rojas y en lugar de la esvástica, prohibida en Alemania, exhibe como símbolos nazis especialidades locales como el Bretzel o la salchicha, pintadas en negro sobre el círculo blanco. A principios del siglo XX, este teatro que hoy tiene 1.500 butacas fue escenario del Berlín golfo, de la sátira política y el cabaret al que los nazis pusieron fin. Una ley de 1934 excluyó a los no arios del lugar y una remodelación de Goebbels lo reconvirtió en teatro nazi, en el que Hitler tenía palco. Que hoy el dictador sea objeto de risa ahí tiene algo de reparación histórica.
"Había una cultura de cabaret, de gente irónica y divertida, mucha sátira. Gran parte de eso fue físicamente eliminado por el Tercer Reich, o emigró a Broadway", ha dicho Titus Hoffmann, director del teatro, en declaraciones a la Deutsche Welle."De alguna forma, es como si algo de todo eso regresara, porque, aparte de las cosas horribles que pasaron con Hitler, de lo que todavía se carece un poco en Alemania es de buen humor", dice.