09 d’octubre 2009

Tim Robbins estrena con éxito en el Poliorama una versión de '1984', de Orwell


www.lavanguardia.es
1 octubre 2009

El actor y director estuvo de pie mascando chicle y con los brazos cruzados en la puerta de la sala, observando el ambiente que había generado la obra


JUSTO BARRANCO
Barcelona

Quien controla el presente, controla el pasado. Quien controla el pasado, controla el futuro. ¡Controla el presente!". La famosa máxima de la novela 1984 con la que George Orwell resumía la política de Stalin en la URSS, capaz de borrar de las fotos antiguas a los prohombres caídos en desgracia y enviados al gulag, cerró la función. Le siguió un aplauso largo e incluso estruendoso. Tanto que aunque parecía renuente, Tim Robbins (California, 1958), el director de la adaptación teatral de 1984 que anoche se estrenaba en el Poliorama, acabó apareciendo en el escenario junto a los seis actores de The Actor's Gang –la compañía que fundó en 1981– que habían llevado el peso de la obra durante dos horas.

El público en su mayor parte salió satisfecho y, o resumía su impresión en un "muy bien" y en "unos actores fantásticos", o explicaba que aunque al principio les había costado entrar en la obra por el hecho de que transcurre en un único escenario –la celda de tortura de Winston Smith, el luchador contra el todopoderoso Gran Hermano– y porque los actores, embutidos en sus trajes negros y sus corbatas, interpretan continuamente a personajes distintos, luego les había gustado mucho. Pero no faltaban los que creían que la puesta en escena no había añadido mucho a la novela y que la necesidad de mirar a los subtítulos lastraba la representación. También había un camino intermedio: a los que la primera parte les aburrió un poco pero que creían el final remontaba mucho y que además "Tim Robbins estaba guapísimo". Guapísimo y muy atento. El actor y director estuvo de pie mascando chicle y con los brazos cruzados en la puerta de la sala hasta que la obra comenzó, observando el ambiente que había generado la obra.

Unas frases proyectadas en el escenario hicieron sonreír al público al inicio: "En el intermedio dejen sus datos, el Gran Hermano los protegerá" o "el Ministerio de Teatro ruega que apaguen sus móviles... o serán ejecutados". Por supuesto, un móvil sonó en medio de la obra, pero el Ministerio no actuó. En todo caso, no habría muchas más sonrisas: la versión de 1984 que Robbins ha llevado al Poliorama, el teatro donde Orwell se atrincheró para defender la sede del POUM durante los Fets de Maig de 1937, arranca cuando ya han detenido al protagonista y le torturan en una celda del Ministerio del Amor. Los actores dan vida a toda velocidad al diario del detenido, su rebeldía, su amor por Julia, sus sueños, y se convierten en niños, madres, agentes... excepto el torturado, siempre atado en el medio. La obra es muy recitativa –tienen incluso cuadernos que leen en escena– excepto en el tramo final, en el que Smith es torturado para "convertirlo en una persona sana", momento en el que los actores incluso bajan del escenario. Convertirlo en una persona sana, claro, significa que renuncie a todas las ilusiones, no sólo la libertad, también el amor. La electricidad hace finalmente entender a Smith que, sí, la guerra es la paz y la libertad es la esclavitud. Y los presentes acaban comprendiendo la importancia del lenguaje a la hora de controlar el presente.