10 octubre 2006
El lazo que une a José Antonio Campos, director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, a la historia del Teatro de la Zarzuela es muy fuerte y emotivo, bien como subdirector general de Música, «desde donde se hacía la programacón», entre 1980 y 1985; o como su director en dos etapas (1985-1990, la primera, y 2003-2004, la segunda). «En esta última retomé proyectos que no pude hacer en la primera como «La voz humana»», afirma. Aunque no todos los pudo materializar como la revista «Las leandras». «Cada vez que pienso en ella me doy cuenta de que es muy difícil llevarlo a cabo». Campos, que confiesa que en este teatro «he pasado los mejores momentos de mi vida», subraya que éste ha sido además «un ejemplo de continuidad», en el que los diferentes directores, desde Torroba a Olmos, han cumplido importantes etapas para este centro de zarzuela y ópera hasta que se reabrió el Teatro Real. En su caso, dando una vuelta de tuerca a la ópera, situándola más cerca de la escena teatral -«no eran tan sólo grandes cantantes»- de la mano de directores como Lluis Pasqual, Hugo de Ana o Pilar Miró. «Un teatro no es la persona que lo dirige. Cada uno es heredero de alguien. Y cada uno de los que han pasado por aquí han dejado su impronta. Tamayo era un revolucionario y Sagi impulso la escuela de jóvenes voces».
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