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8 de gener de 2009
Artistas locales e internacionales han pasado por las tablas del Jovellanos, antes Dindurra, durante más de un siglo. Un bombardeo acabó con su primera etapa
El teatro Dindurra, que renació como Jovellanos.
E. C.
No sobrevivieron el Obdulia, ni el Cómico, ni El Edén. Ni siquiera sobrevivió el originario Jovellanos. Pero sí lo hizo el Dindurra. Y lo ha hecho hasta hoy. El antiguo teatro, rehabilitado y rebautizado, permanece en el paseo de Begoña 120 años después de su apertura. Porque el coliseo abrió sus puertas en el mes de julio de 1899 y el próximo julio, fecha del aniversario, estará de nuevo en proceso de remodelación.
El Teatro Dindurra, cuenta su propia historia, nació «como consecuencia de las demandas propias de una villa en evolución». En su lugar había una ermita en estado ruinoso y el Ayuntamiento decidió urbanizar toda la zona. Manuel Sánchez Dindurra, «célebre personaje por su peso en la vida de la ciudad y también por sus extravagancias» (según publicó EL COMERCIO) aprovechó esas dos circunstancias: que Gijón demandaba un teatro y que la zona había cambiado completamente de imagen. El empresario había participado antes en sociedades que llevaron a cabo algunos de los proyectos más importantes de la ciudad en aquellos momentos: la plaza de toros, el Muro, el propio paseo de Begoña...
Y así, encargó el diseño del coliseo al arquitecto Mariano Marín. La fachada original del teatro constaba de una arcada, similar a la actual y el interior tenía forma de herradura, con 22 metros de ancho y 17 de largo. El arco de escena estaba decorado con columnas corintias, molduras y ornamentos a cartón piedra, con estilo renacentista. El escenario medía 28 metros de ancho y 9 de fondo. La capacidad se repartía entre los 60 palcos, 400 butacas y 800 asientos del anfiteatro, en total, 1.300 localidades.
Manuel Sánchez Dindurra no quiso reparar en gastos. Estaba decidido a hacer del Dindurra un teatro importante, así que contrató también al escenógrafo Amalio Fernández y a la Compañía Giovannini. Con todo, a partir de aquel mes de julio de 1899 el Dindurra comenzó a ofrecer a los gijoneses espectáculos variados y de calidad, a veces con artistas locales como los cantantes Paco Meana y Luis Llaneza o los actores Manolín Muñiz y Jesús Panadero. Junto a ellos, artistas conocidos internacionalmente, como el transformista italiano Leopoldo Frégoli, que pasó por el Dindurra en 1905.
En esos años, los gijoneses aplaudieron las operetas de Franz Lehár, como 'La Viuda Alegre' o 'El Conde de Luxemburgo'; 'El Patio', de los hermanos Álvarez Quintero; 'Juan José' de Joaquín Dicenta; 'Rosas de Otoño', de Jacinto Benavente, o glorias del denominado género chico como 'Bohemios' y 'La Corte de Faraón' (que alargó sus representaciones en Gijón durante tres meses), ambas con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios Brugueras. Cuentan que, en 1917, durante una representación, el teatro se quedó sin energía eléctrica. Unos cuantos faros de automóvil sirvieron para iluminar la sala.
Empezó después el Dindurra a acoger proyecciones de películas. Y así, compaginando unas cosas y otras, llegó hasta 1936, cuando fue incautado por el Control de Espectáculos Públicos. Siguió funcionando hasta el 14 de octubre de 1937, cuando un bombardeo lo redujo a escombros. A partir de aquí, la historia del Teatro Dindurra pasa a ser la del Jovellanos, ya que cuando fue reconstruido y reinaugurado, en 1942, lo hizo ya con el nuevo nombre.
8 de gener de 2009
Artistas locales e internacionales han pasado por las tablas del Jovellanos, antes Dindurra, durante más de un siglo. Un bombardeo acabó con su primera etapa
El teatro Dindurra, que renació como Jovellanos.
E. C.
No sobrevivieron el Obdulia, ni el Cómico, ni El Edén. Ni siquiera sobrevivió el originario Jovellanos. Pero sí lo hizo el Dindurra. Y lo ha hecho hasta hoy. El antiguo teatro, rehabilitado y rebautizado, permanece en el paseo de Begoña 120 años después de su apertura. Porque el coliseo abrió sus puertas en el mes de julio de 1899 y el próximo julio, fecha del aniversario, estará de nuevo en proceso de remodelación.
El Teatro Dindurra, cuenta su propia historia, nació «como consecuencia de las demandas propias de una villa en evolución». En su lugar había una ermita en estado ruinoso y el Ayuntamiento decidió urbanizar toda la zona. Manuel Sánchez Dindurra, «célebre personaje por su peso en la vida de la ciudad y también por sus extravagancias» (según publicó EL COMERCIO) aprovechó esas dos circunstancias: que Gijón demandaba un teatro y que la zona había cambiado completamente de imagen. El empresario había participado antes en sociedades que llevaron a cabo algunos de los proyectos más importantes de la ciudad en aquellos momentos: la plaza de toros, el Muro, el propio paseo de Begoña...
Y así, encargó el diseño del coliseo al arquitecto Mariano Marín. La fachada original del teatro constaba de una arcada, similar a la actual y el interior tenía forma de herradura, con 22 metros de ancho y 17 de largo. El arco de escena estaba decorado con columnas corintias, molduras y ornamentos a cartón piedra, con estilo renacentista. El escenario medía 28 metros de ancho y 9 de fondo. La capacidad se repartía entre los 60 palcos, 400 butacas y 800 asientos del anfiteatro, en total, 1.300 localidades.
Manuel Sánchez Dindurra no quiso reparar en gastos. Estaba decidido a hacer del Dindurra un teatro importante, así que contrató también al escenógrafo Amalio Fernández y a la Compañía Giovannini. Con todo, a partir de aquel mes de julio de 1899 el Dindurra comenzó a ofrecer a los gijoneses espectáculos variados y de calidad, a veces con artistas locales como los cantantes Paco Meana y Luis Llaneza o los actores Manolín Muñiz y Jesús Panadero. Junto a ellos, artistas conocidos internacionalmente, como el transformista italiano Leopoldo Frégoli, que pasó por el Dindurra en 1905.
En esos años, los gijoneses aplaudieron las operetas de Franz Lehár, como 'La Viuda Alegre' o 'El Conde de Luxemburgo'; 'El Patio', de los hermanos Álvarez Quintero; 'Juan José' de Joaquín Dicenta; 'Rosas de Otoño', de Jacinto Benavente, o glorias del denominado género chico como 'Bohemios' y 'La Corte de Faraón' (que alargó sus representaciones en Gijón durante tres meses), ambas con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios Brugueras. Cuentan que, en 1917, durante una representación, el teatro se quedó sin energía eléctrica. Unos cuantos faros de automóvil sirvieron para iluminar la sala.
Empezó después el Dindurra a acoger proyecciones de películas. Y así, compaginando unas cosas y otras, llegó hasta 1936, cuando fue incautado por el Control de Espectáculos Públicos. Siguió funcionando hasta el 14 de octubre de 1937, cuando un bombardeo lo redujo a escombros. A partir de aquí, la historia del Teatro Dindurra pasa a ser la del Jovellanos, ya que cuando fue reconstruido y reinaugurado, en 1942, lo hizo ya con el nuevo nombre.