
18 de juny de 2007
Jango Edwards, o Stanley Ted Edwards como le llamaron sus padres, nació en Detroit en los cincuenta y sobre los veinte años vendió parte de la empresa familiar a su hermano y se dedicó por completo a su pasión: ser payaso. Desde entonces, ha actuado en medio mundo, intentando cambiarlo o, al menos, mejorarlo gracias al poder de la sonrisa. Esta es la filosofía de lo que se ha dado en llamar "Los Nuevos Clowns". Este lunes por la noche y el próximo ofrece sus dos últimos Cabaret González en la Discoteca Antilla de Barcelona, por el que han pasado colaboradores como Toni Albà, Màgic Andreu, Tortell Poltrona, Mario Gas o Sergi López, entre otros.
El clown norteamericano Jango Edwards caracterizado para su espectáculo "Orquesta del aire", que presentó en Barcelona el año pasado / Efe / Alberto Estévez
El clown norteamericano Jango Edwards caracterizado para su espectáculo "Orquesta del aire", que presentó en Barcelona el año pasado / Efe / Alberto Estévez
-¿Para qué sirve el humor?-
El humor es algo medicinal, es, de hecho, una ciencia para solucionar los problemas de la gente. El humor puede, por ejemplo, eliminar el estrés.
-¿Sólo el estrés?-
No. El humor primero nos libera del estrés y cuando éste está fuera, podemos pensar. Yo, con el humor, puedo hacer pensar a la gente porque les hago relajarse, les hago reír.
-El objetivo es relajarles o hacerles capaces de pensar...-
Mi objetivo es reflejar el mundo que me rodea y utilizar el humor es un milagro, es una forma de periodismo, una manera de contar lo que pasa. Si dices la verdad mientras la gente ríe, después, cuando se relajan, empiezan a pensar en lo que les has dicho y ven las cosas tal como son. Muchos gags o números que hacemos los payasos no son divertidos y es que la vida no es siempre divertida, es más bien trágica.
-Como payaso, como bufón, ¿se siente en la obligación de contar las verdades incómodas?-
Sí, es mi obligación. Yo hago humor así que, por supuesto, mi primera obligación es hacer reír a la gente, pero detrás de las risas hay mucho más...
-¿Hay censura en el mundo del humor?-
Los clown no tenemos barreras y si se es un buen artista, se corren riesgos, las limitaciones se rompen en cada show ya que el objetivo siempre es sobrepasar los límites.
-¿En esa búsqueda de los límites se encuentra uno con la censura?-
Sí, yo me he encontrado con la censura de sectores oficiales, de gobiernos, jueces, de todo tipo de organizaciones... Porque yo hago humor con cualquier cosa, no escojo el signo, hago comedia de todo. Por eso siempre hay algo en el show que a la gente no le gusta, porque les toca de cerca.-¿Los políticos tienen sentido del humor?-
Son graciosos pero tiene poco sentido del humor. La política es un oficio bastante extraño, a mi no me gusta ningún tipo de político, su tarea es controlar a la gente. Claro que se necesita cierto control, pero ahora realmente hemos perdido nuestra naturaleza, estamos demasiado controlados.
-¿Por qué vino a Europa?-
Porque el mundo de los clown en América no tiene una tradición cultural. En mi país el entretenimiento es básicamente comercial. Aquí había mucha más tradición, así que me vine a aprender.-
Pero ¿dónde vive exactamente?-
No vivo en ningún sitio, viajo todo el tiempo, me alojo en hoteles... A veces estoy en Barcelona, en Ámsterdam, en Inglaterra.
-¿Y en Estados Unidos?-
No, vendí mi casa, allí sólo voy a jugar al golf.
-¿Dónde cree que sería más necesario poner su humor?-
En todas partes. Yo he actuado para todo el mundo; he actuado para monjas en un convento, para los Rolling Stones... Todo el mundo necesita reír, porque las cosas están muy mal... ¡Así que tengo mucho trabajo!
-¿Reímos lo suficiente?-
No, ese es uno de los pilares de mi show. En los últimos tres minutos hablo de ello. En ese tiempo hago reflexionar al público sobre que si les pido reír sólo durante un minuto, con todas sus fuerzas, les acabará doliendo la cara... Una sonrisa es un gran regalo, pero también puede causar dolor, puede ser un arma, es gratis y la gente no la usa.
-Usted dice que todos llevamos un payaso dentro, ¿para qué nos sirve en nuestro día a día?-
Bueno básicamente nacemos payasos, nacemos con inocencia, con capacidad para jugar, pero a medida que nos hacemos mayores vamos perdiendo el humor, dejamos de utilizarlo y lo que hay que hacer para volver a ser un payaso es tratar de recordar lo que olvidamos. Eso es lo que yo enseño a mis alumnos, les hago recordar lo que olvidaron sobre la diversión, el juego, sobre la capacidad de disfrutar de la vida. Es muy simple.
-Pero en estos días en que todo va tan rápido... ¿Hay tiempo para jugar, para disfrutar?-
Cada noche gano un nuevo adepto, como mínimo, así que es posible. Se puede cambiar con eso la vida de alguien, no gracias a mí, sino al humor, a la sonrisa.
-Usted ha dedicado la mayor parte de su vida al humor, ¿cuál es la recompensa?-
Es mi oficio y soy afortunado, la gente me paga por pasármelo bien, hago lo que me gusta y, lo más importante, siento su respuesta, su conexión.-¿Cómo ve la situación de payasos y artistas de calle en Barcelona?-
Hay una gran comunidad de payasos pero las calles están cerradas al arte. Ahora las leyes han cambiado mucho y todo es más difícil, por eso estoy aquí en la sala Antilla o estuve en el Almazen para hacer mi cabaret. Es una forma de dar a la gente una oportunidad para que tengan dónde actuar. A mí me encanta actuar en la calle, con Fools Militia eso es lo que hacemos, acciones en la calle, sorprendiendo a la gente. Creamos la compañía para el Fòrum 2004 pero justamente por eso hemos querido mantenerla, porque no actuamos por dinero.
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