Teatro Nuevo Apolo. Madrid
Irreverente, gamberro, incorrecto, desvergonzado, sorprendente y tremendamente divertido. Así es Avenue Q, el musical que recientemente se ha hecho un hueco en la cartelera madrileña sobre las tablas del Teatro Nuevo Apolo. La crítica, los galardones (ganó tres premios Tony en 2004 entre ellos el de mejor musical y en 2005 un Grammy) y, sobre todo, el boca-oreja avalan este espectáculo que ya ha colgado en varias ocasiones el cartel de “no hay localidades”.
Cuentan Jeff Marx y Robert López que escribieron Avenue Q pensando en algunos de sus amigos a los que no les gustaban los musicales para que así se aficionaran al género. Querían que los protagonistas de su historia fueran marionetas al estilo de Jim Henson (el creador de los Teleñecos) y, de hecho, intentaron venderle la idea pero no hubo acuerdo, por lo que optaron seguir solos en su empresa. Tomaron los códigos habituales de los musicales -una historia aderezada con buenas partituras y coreografías ad hoc- y le dieron una vuelta de tuerca que iba más allá de que sus personajes principales tuvieran corazón de gomaespuma. Miraron a su alrededor y llevaron al libreto la realidad de aquellos que, rozando los 30, se tienen que enfrentar a la vida cotidiana de los adultos que, casi siempre, es mucho más dura de lo que se habían imaginado. La búsqueda de una meta en la vida, del amor, los amigos, la identidad sexual, el empleo o la falta de él son algunos de los temas que, en clave de humor – magnifico, brillante y, por momentos, salvaje-, toca esta obra vestida de ligero divertimento que no deja de arrancar carcajadas en las butacas. Tantas que, si no estáis atentos, os perderéis algún chiste (razón para verla más de una vez). La única advertencia que debemos haceros es que no es para niños. No se dejen engañar por los muñecos que, si bien algunos son tiernos y cándidos, también reconocen su afición al porno, entre otras cosas.
Las adaptaciones siempre son peliagudas y no haremos aquí escarnio dando títulos de algunas televisivas recientes o teatrales algo más remotas, pero cuando hablamos de un musical, el reto es aún mayor. En este caso, Yllana está al frente de un grupo de grandes profesionales que han bordado este "más difícil todavía" logrando que el fabuloso trabajo del elenco (dificilísimo: cantan, bailan, actúan y manejan las marionetas) brille con luz propia. Si a ustedes no les gustan los musicales, vayan a ver Avenue Q. Si lo suyo tampoco es el teatro, vayan a ver Avenue Q. Y si son fans de Bertolt Brecht, también vayan a ver Avenue Q. No les defraudará. Se lo garantizamos.
Publicat per
María Cereijo
www.avenueq.es
http://www.notodo.com
4 de novembre de 2010