19 d’abril 2011

Hair en el teatre Apolo.



El sábado pasado me acerqué por el teatre Apolo de la barcelonesa Avinguda del Paral•lel de Barcelona para ver el clásico musical Hair. Cabe decir que es un musical que nunca me ha gustado, por lo -poco- que cuenta y por su música, y es que no todo son críticas buenas en este blog, aunque tampoco lo son de malas. Supongo que me cuesta bastante sintonizar y empatizar con los personajes y sus principios. Así como la temática hippie en sí. Evidentemente compartimos cierto sentimiento antibelicoso y la lucha ante el racismo. El problema es que todo estaba aderezado con un humor bastante simple que bien les debió funcionar en la época y un constante alegato a las drogas que no me interesa ni me llega ni me hace gracia. Creo que a los 20.000 chistes referentes a la marihuana y el merchandise total acerca de esta me han inmunizado completamente sobre el tema. Ni simpatía ni animadversión. Simplemente me deja frío.

La trama, es más bien escasa, es una concatenación de canciones mientras describe las vivencias de un grupo de hippies radicados en NY. Nunca estás seguro de si todos viven en una comuna, si sólo se encuentran para sus movilizaciones o algunos viven donde pueden y otros donde los quieren, habitualmente la casa de sus padres. Sólo tuve presente algunos extásis místicos ayudados de las drogas y la constante amenaza de ser reclutados por el ejercito para la guerra de Vietnam. Poca chicha para dos horas y media de espectáculo. Ahora bien, las coreografías están muy bien logradas y a nivel vocal, los actores no tienen falta alguna. Yo fui a la función del sábado noche, así que me perdí la actuación de Julia Möller, pero ya me dijeron que su cover estaba más que al nivel y eso ya me compensó. Que a mi me gusta mucho Julia Möller.

La producción es la misma que se pudo ver en Broadway en el año 2009 y que la hizo merecedora de un premio TONY y de un Drama Desk al mejor revival ese mismo año. En términos escenográficos diré que jamás había reparado en lo grande que era la boca del Apolo, tampoco en su altura. Que tranquilamente debería llegar a los diez metros. Los músicos estaban situados al fondo a la izquierda, repartidos en tres pisos con espacio para paso de los actores, tras estos aún había una suerte de ciclorama hippie. Al otro lado, una roulotte y un coche tapado que únicamente aparece al final y supongo que para que el sponsor suelte la mosca.

Las dos horas y media se pasan rápidas. El ritmo es bueno y es entretenido. Pero no es para esperarse gran cosa. Como otro de aquellos grandes musicales jukebox a los que últimamente nos han acostumbrado... En su momento fue importante por lo que fue, ahora únicamente nos parece entrañable y poco más. Como otros tantos musicales que en su momento fueron modernos. Ahora una invasión del patio de butacas por parte de los actores ya no impacta tal como lo hubiese hecho antaño. O al menos no lo hace conmigo, quizá a gente menos acostumbrada a éste tipo de cosas, sí. Bien es cierto que es un espectáculo vital y entretenido. Pero supongo que andaba buscando algo más. Igualmente es muy recomendable y accesible. Aquellos que aún no hayan tenido oportunidad de verlo tienen hasta el próximo 1 de Mayo.

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http://memiroenelespejoysoyfeliz.blogspot.com
12 abril de 2011