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14 de maig de 2005
La adaptación musical de la obra de Margaret Mitchell, estrenada en el New London Theatre el 22 de abril, flaquea en la partitura a pesar de contar con una cuidada producción.
GONE WITH THE WIND narra una historia de amor épica que tiene como telón de fondo la Guerra de Secesión norteamericana. Margaret Mitchell, una ávida lectora de novelas, decidió escribir su propio libro consiguiendo un éxito sin precedentes y el premio Pulitzer de ficción en 1937.
La adaptación cinematográfica realizada en 1939, ganadora de diez premios Oscar, sólo hizo que acrecentar la popularidad de esta magnífica historia, grabando para siempre en la memoria de los espectadores imágenes que se han convertido en espectaculares iconos del séptimo arte.
Convertir GONE WITH THE WIND en un musical es una empresa titánica. Hay que condensar un material de proporciones desmesuradas en una obra de teatro y, además, añadirle música. Si bien la adaptación cinematográfica cumplió con matrícula de honor tan apabullante reto, lo cierto es que el musical no llega a satisfacer las expectativas.
El libreto, la música y las letras son obra de Margaret Martin, una doctora que decidió llevar a cabo por cuenta propia la adaptación musical de la famosa novela para, posteriormente, presentársela a Trevor Nunn (director de montajes como LES MISÉRABLES, CATS, SUNSET BOULEVARD o THE WOMAN IN WHITE). Y, si bien la narración es fiel al original, la música es tan sólo una sucesión de canciones que suelen detener la acción y que, por lo general, interpreta un único personaje.
Se puede considerar, por lo tanto, que la versión que se representa en el West End de Londres no es una adaptación musical propiamente dicha, sino que es un (buen) resumen de la historia original al que se le han añadido algunas canciones, la mayoría de ellas con poca entidad cualitativamente hablando. Es el gran hándicap de un producto que brilla en todos los demás aspectos pero que sin embargo ha sufrido numerosos contratiempos desde su estreno el pasado 22 de abril: poco después de empezar las funciones previas (el 5 de abril) se cancelaron algunas representaciones para ajustar algunos aspectos técnicos y reestructurar el espectáculo para reducir su duración. Además, después del estreno oficial, la protagonista Jill Paice tuvo que ser sustituida durante algunas funciones debido a una infección de garganta que le impedía cantar.
A pesar de ser imposible emular a Vivien Leigh, la Scarlett O’Hara por antonomasia, Jill Paice (THE WOMAN IN WHITE, CURTAINS o LES MISÉRABLES) logra encarnar a una Scarlett inevitablemente muy parecida a su homónima cinematográfica, llena de encanto, inteligencia, personalidad y pasión por la vida. Una nada desdeñable hazaña si tenemos en cuenta que todas las comparaciones son, de por sí, odiosas.
El papel de Rhett Butler ha sido confiado a Darius Danesh, un intérprete escocés que saltó a la fama gracias al televisivo concurso británico “Pop Idol”. Danesh, a quien también hemos podido ver en CHICAGO y en la reciente producción de GUYS & DOLLS, encarna a Butler con presencia y aplomo, consiguiendo una buena química con su compañera Jill Paice.
Del resto del reparto cabe destacar a los intérpretes que dan vida a los esclavos de las plantaciones, que cuentan con algunas canciones que les permiten un gran lucimiento vocal.
Mención aparte merece la escenografía de John Napier, responsable de decorados tan míticos e impresionantes como los de JESUS CHRIST SUPERSTAR, CATS, LES MISÉRABLES, MISS SAIGON o SUNSET BOULEVARD. Napier resuelve la puesta en escena con efectividad y contención y traslada al espectador a 1861 desde el momento en que pone los pies en la platea del New London Theatre.
La dirección del experimentado Trevor Nunn logra que el espectáculo tenga calidad y satisfaga a los numerosos fans de GONE WITH THE WIND. La simple y poco brillante partitura, sin embargo, hace de esta obra un musical fallido que, con el material de base con el que contaba como punto de partida, podría (y debería) haber dado mucho, muchísimo más.
14 de maig de 2005
La adaptación musical de la obra de Margaret Mitchell, estrenada en el New London Theatre el 22 de abril, flaquea en la partitura a pesar de contar con una cuidada producción.
GONE WITH THE WIND narra una historia de amor épica que tiene como telón de fondo la Guerra de Secesión norteamericana. Margaret Mitchell, una ávida lectora de novelas, decidió escribir su propio libro consiguiendo un éxito sin precedentes y el premio Pulitzer de ficción en 1937.
La adaptación cinematográfica realizada en 1939, ganadora de diez premios Oscar, sólo hizo que acrecentar la popularidad de esta magnífica historia, grabando para siempre en la memoria de los espectadores imágenes que se han convertido en espectaculares iconos del séptimo arte.
Convertir GONE WITH THE WIND en un musical es una empresa titánica. Hay que condensar un material de proporciones desmesuradas en una obra de teatro y, además, añadirle música. Si bien la adaptación cinematográfica cumplió con matrícula de honor tan apabullante reto, lo cierto es que el musical no llega a satisfacer las expectativas.
El libreto, la música y las letras son obra de Margaret Martin, una doctora que decidió llevar a cabo por cuenta propia la adaptación musical de la famosa novela para, posteriormente, presentársela a Trevor Nunn (director de montajes como LES MISÉRABLES, CATS, SUNSET BOULEVARD o THE WOMAN IN WHITE). Y, si bien la narración es fiel al original, la música es tan sólo una sucesión de canciones que suelen detener la acción y que, por lo general, interpreta un único personaje.
Se puede considerar, por lo tanto, que la versión que se representa en el West End de Londres no es una adaptación musical propiamente dicha, sino que es un (buen) resumen de la historia original al que se le han añadido algunas canciones, la mayoría de ellas con poca entidad cualitativamente hablando. Es el gran hándicap de un producto que brilla en todos los demás aspectos pero que sin embargo ha sufrido numerosos contratiempos desde su estreno el pasado 22 de abril: poco después de empezar las funciones previas (el 5 de abril) se cancelaron algunas representaciones para ajustar algunos aspectos técnicos y reestructurar el espectáculo para reducir su duración. Además, después del estreno oficial, la protagonista Jill Paice tuvo que ser sustituida durante algunas funciones debido a una infección de garganta que le impedía cantar.
A pesar de ser imposible emular a Vivien Leigh, la Scarlett O’Hara por antonomasia, Jill Paice (THE WOMAN IN WHITE, CURTAINS o LES MISÉRABLES) logra encarnar a una Scarlett inevitablemente muy parecida a su homónima cinematográfica, llena de encanto, inteligencia, personalidad y pasión por la vida. Una nada desdeñable hazaña si tenemos en cuenta que todas las comparaciones son, de por sí, odiosas.
El papel de Rhett Butler ha sido confiado a Darius Danesh, un intérprete escocés que saltó a la fama gracias al televisivo concurso británico “Pop Idol”. Danesh, a quien también hemos podido ver en CHICAGO y en la reciente producción de GUYS & DOLLS, encarna a Butler con presencia y aplomo, consiguiendo una buena química con su compañera Jill Paice.
Del resto del reparto cabe destacar a los intérpretes que dan vida a los esclavos de las plantaciones, que cuentan con algunas canciones que les permiten un gran lucimiento vocal.
Mención aparte merece la escenografía de John Napier, responsable de decorados tan míticos e impresionantes como los de JESUS CHRIST SUPERSTAR, CATS, LES MISÉRABLES, MISS SAIGON o SUNSET BOULEVARD. Napier resuelve la puesta en escena con efectividad y contención y traslada al espectador a 1861 desde el momento en que pone los pies en la platea del New London Theatre.
La dirección del experimentado Trevor Nunn logra que el espectáculo tenga calidad y satisfaga a los numerosos fans de GONE WITH THE WIND. La simple y poco brillante partitura, sin embargo, hace de esta obra un musical fallido que, con el material de base con el que contaba como punto de partida, podría (y debería) haber dado mucho, muchísimo más.