17 de juliol 2008

Lo público y lo privado

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13 de juliol de 2008

JUAN SORIANO

Gobernar es tomar decisiones. Lo ha dicho esta semana Ángel Calle, alcalde de Mérida, en el anuncio de la decisión municipal de emitir el decreto de cierre de la fábrica Extremeña de Grasas, situada en el polígono industrial El Prado, a la que se considera causante de los malos olores que de vez en cuando inundan la ciudad. El equipo de Gobierno que lidera Calle ha dado esta semana un paso más en el conflicto ciudadano abierto con la factoría, que se dedica a quemar despojos de animales, con los consiguientes olores nauseabundos.

El Consistorio tomó cartas en el asunto el pasado año, cuando obtuvo de los propietarios de la empresa el compromiso de reducir sus emisiones de forma drástica. Doce meses después, los olores han vuelto con cierta frecuencia a inundar la ciudad. Los espectadores del Festival de Mérida han podido sentir esta invasión durante alguna de las representaciones en el Teatro Romano. Así las cosas, el primer edil asegura que no ha tenido más remedio que dictar el cierre de la fábrica. Eso sí, no todo está decidido aún. Antes de proceder a suspender la licencia de apertura da un plazo de diez días a Extremeña de Grasas para que presente las alegaciones que considere oportunas para evitar la clausura. Pero el paso definitivo ya se ha dado y se ha rubricado en un decreto de Alcaldía, así que sólo queda esperar el siguiente movimiento para saber cómo termina esta historia.

Las relaciones entre la cosa pública y la privada no siempre son fáciles, pero lo que está claro es que son inevitables. Están condenados a entenderse, los primeros para poder llevar a cabo muchos de sus proyectos y los segundos para desarrollar sus actividades conforme a la legalidad vigente. Ángel Calle ha tenido muestras de ambas cuestiones esta misma semana no sólo con la fábrica de grasas, sino también con los dueños de una casa catalogada en la Puerta de la Villa. Su intención era construir una cervecería en el lugar, pero el inmueble en cuestión ha sufrido tanto deterioro en los últimos meses que perdió los elementos catalogados y llegó incluso a amenazar ruina. El Ayuntamiento, de nuevo con los plazos, dio siete días a los propietarios para que procedieran al derribo. La casa ya no está, pero el proyecto de la cervecería sigue encima de la mesa, mientras que el Gobierno local quiere aprovechar la situación para ampliar la plaza de la Puerta de la Villa y recuperar para su contemplación los restos de uno de los puntos de acceso originales a la colonia amurallada de Emerita Augusta.

Pero no todo son problemas entre la administración y las empresas. Esta semana se han ofrecido dos conciertos de renombre en la capital autonómica, Bob Dylan el jueves 10 y el Vía de la Plata Festival, con Iron Maiden, Slayer y Barón Rojo, el viernes 11. El primero congregó a unas 5.000 personas, el máximo del aforo que autoriza el maestro en su gira europea 2008 y el máximo de capacidad de la Plaza de Toros de Mérida. En cuanto a los grupos 'heavy', atrajeron a unas 20.000 personas (parece mentira) al albergue municipal durante toda una jornada de rock duro en directo. En ambos casos, los conciertos cuentan con organización privada, pero con dinero municipal para costear buena parte de la producción. Dinero bien invertido, ya que miles de personas llegadas de todo el país se llevarán un buen recuerdo de su paso por Mérida. Gobernar es decidir, sí, y a veces acertar.