11 de juliol 2008

Recordando con duende a Nijinsky

www.ideal.es
30 de juny de 2008

Estupenda actuación de los alumnos de Reina Sofía en la Huerta de San Vicente

QUIÉN se atrevería a negar que con el paso del tiempo y el lógico esfuerzo que requiere la danza, cualquiera de ellos no podría convertirse en el Nijinsky del siglo XXI. Transmitir como él lo hacía, saltar como él lo hacía, tener su capacidad de convocatoria, su magia, su versatilidad e incluso su capacidad de provocar. Anoche, sobre el escenario de la Huerta de San Vicente, los alumnos del Taller coreográfico del Conservatorio Profesional de Danza Reina Sofía de Granada homenajearon al genial y atormentado bailarín ruso. Se trata del montaje 'De tú a tú', de la coreógrafa catalana María Rovira, especialmente adaptado para estos jóvenes aspirantes a estrellas de la danza. Primero aparecieron, de negro y estilizadas, las profesoras Karina, Mar y Susana, como tres Giselles contemporáneas, entre la frondosidad de la Huerta de San Vicente. A continuación, un ramillete de alumnos vestidos de colores dieron lo mejor de sí mismos en un tú a tú con el público, que aplaudió entusiasmado.

Enorme ilusión

Buena técnica y enormes dosis de ilusión provocaron que una hora de baile pasara rápidamente y supiera a poco. A través del movimiento, se adivinaban los altos y bajos de la vida de Nijinsky, sus éxitos y los fracasos en su vida personal, que alguna vez le llevaron a decir aquello de «Yo quiero a todo el mundo, y sin embargo no soy amado».

El espíritu de Nijinsky, su magia, su sinceridad, todo estaba en comunión con la belleza de la noche, la profesionalidad de los alumnos del Reina Sofía y el entorno tan especial de la Huerta de San Vicente. Para la coreógrafa María Rovira, que hace muy poco estrenó con el ballet de Nueva York 'Tierra y Luna', en homenaje a Lorca, ver su trabajo en la Huerta de San Vicente fue un sueño hecho realidad.

El público, entusiasmado, aplaudió muchísimo al final de la actuación. Por cierto, que los asientos se ocuparon a la velocidad del rayo, y fueron muchas las personas que vieron el ballet de pie. Todo un éxito este montaje, vanguardista y equilibrado, juvenil y a la vez profundo, que tocó con su frescura el corazón de los asistentes. Los intérpretes supieron llenar el escenario incluso en los momentos de silencio. Ante un trabajo tan bien hecho, sólo queda decir bravo. Verdaderamente, hubo duende.