12 de maig 2011
Remiendo Teatro: “con todo lo que duró la postguerra la gente se acostumbró al silencio y hay miedo a hablar”
Entrevista a Gracia Morales, autora del montaje de NN12 sobre las fosas comunes de las guerras, y a su protagonista Carolina Bustamante
Si hubiese una manera de diferenciar realidad de falsedad en el teatro, seguramente sería otra cosa, donde las máscaras que los personajes imponen a actrices y actores no tendrían ninguna trascendencia: nos contarían su vida en primera persona, o la de otros en tercera.
Por eso, ver una obra con un algo grado de compromiso no significa que la implicación alcance a l@s integrantes de la compañía que la representa. Ni siquiera a la de su dramaturg@. Puede tratarse de un simple ejercicio de escritura o de puesta en escena y nada más.
Este y otros planteamientos me hacía antes de asistir a NN12, obra escrita por Gracia Morales y que Remiendo Teatro ha llevado a escena. Es cierto que en un trabajo donde sentimientos tan escondidos en nuestro país, como son los de los muertos en las fosas comunes tras la guerra civil y la dictadura franquista, no pueden dejar inane a quien lo hace, vista la forma de escribirlo por parte de la autora, que además hace un personaje principal en la puesta en escena. Gracia le ha puesto corazón al trabajo, y esto se transmite a la compañía. Por su parte, Carolina Bustamante, que será el personaje que encarne al cadáver encontrado (NN12), no ha podido evitar su propia implicación, de manera que este trabajo en el que su participación tiene mucho de expresión física, además de la parte textual, refleja muy bien lo que alguien que ya no está ha podido sufrir en el secuestro y la tortura, antes de morir, pensando en aquello que podría llegar a ocurrir más tarde, pero que ella no llegará a ver.
Pese a todo, hasta que no conoces a quienes hay detrás de un proyecto teatral, no llegas a vislumbrar el auténtico significado del mismo, o hasta dónde llegan las raíces de su creación. Y en este caso, como podemos ver a través de esta entrevista realizada a Gracia Morales y a Carolina Bustamante, la implicación y el compromiso de sus integrantes les son propios y constituyen parte de sus fines. La compañía se ubica en Granada, pero desde allí han ido dando saltos con su NN12 a distintos puntos de la geografía mundial, para poder trasladar este testimonio documentado en su investigación, como un ejemplo de lo que las guerras como la nuestra, o la argentina, o la de tantos otros lugares, han podido dejar como lacra social. En muchos sitios es acogida con cariño, en nuestro país consigue sus logros allí donde consigue abrirse camino, porque nuestros políticos gobernantes y sus secuaces aún no están preparados para que se cuente la verdad. Sin embargo, han pasado varias semanas por Madrid, cosa que es de agradecer.
¿Por qué en España se sigue hablando con miedo de las desapariciones, las torturas, los secuestros de niñ@s… hasta 80 años después?
Gracia: La gente puede tener razones diferentes. Me he encontrado con el caso de gente que no quiere hablar por miedo a que pueda volver a ocurrir si se radicaliza el tema. Para alguna gente sigue latente el tema de “las dos Españas”, y hay miedo a que algo así vuelva a provocar violencia. Yo no estoy de acuerdo, y quizá la gente que lo piensa es mayor, gente que mantiene el miedo de la postguerra. Habrá otra gente que lo siente como una amenaza política, que sienten que hablar de esto es criticar a una ideología política, y la defensa de ésta, hace que se quiera obviar aquello. Creo que tiene que ver con que nunca hemos hecho una reflexión profunda y enjuiciadora de lo que pasó. Se provocó una ideología del silencio, y con todo lo que duró la postguerra, la gente se acostumbró a ese silencio, así que hay miedo a hablar.
Carolina: En los pueblos también se ve eso que hablamos de “las dos Españas”, y esa gente es la que tiene más miedo a la hora de hablar de estos temas, prefieren dejarlo a un lado.
Gracia: quizá porque piensan que ya no se puede arreglar nada de lo ocurrido. Y en eso llevan razón, pero no estamos diciendo que “se cambie” lo que ocurrió, eso ya ocurrió. Pero lo que es cierto es que lo ocurrido, en este caso, llenó el país de fosas comunes, que siguen estando ahí y no se ha sacado a esa gente de ahí. En Argentina, por ejemplo, sí que se ha seguido un proceso de ir sacando a esa gente, recuperando la memoria, identificando a hijos y nietos de los desaparecidos… Creo que aquí tuvimos una dictadura tan larga que obligó de alguna manera al silencio, hay alguna gente se ha hecho tarde y hay gente que no quiere recordar por miedo o por un sentimiento heredado de “culpa”.
¿Qué parte de la obra interiorizáis más a la hora de escribirla o de representarla?
Carolina: Para mí el tema de lo importante que es la libertad: primero cuando te quitan la libertad, y luego cuando te quitan un hijo… A mí se me viene la imagen de las Madres de Mayo, inevitablemente, y claro, el abuso del poder en la política puede contra muchas cosas, pero en Argentina nunca esperaban a las madres, porque lo pero que se les pudo hacer fue quitarles a sus hijos: una vez que te quitan un hijo no queda nada, así que no tienen nada que perder. Por eso creo que tuvo tanta fuerza ese movimiento. No soy madre, pero creo que el que te quiten un hijo debe de ser una de las cosas más duras del mundo. A mí es una de las cosas de la obra que más me emocionan ¿qué más se le puede hacer a una mujer en unas circunstancias como ésta?
Gracia: quizá más el tema de las “desapariciones forzosas”. El propio término “desaparición” me molesta profundamente, porque la persona no desaparece, “la desaparecen”. En realidad hay un momento en que se dice “desaparecida no, tú no has desaparecido,… torturada, asesinada, tirada sin nombre… ¡eso sí!”. Claro, la gente no desapareció, no se fue un día de su casa y se volatilizó, sino que estuvieron en un centro de detención (llámese España, llámese Yugoslavia, llámese Alemania o lo que queramos, porque ha ocurrido en muchos países). Además, cuando estuve investigando en diferentes países, me di cuenta de que hay una especie de “clichés” o arquetipos que se repetían: siempre el esfuerzo por hacer desaparecer el cuerpo, porque incluso muerto sigue siendo un testimonio de lo que ha ocurrido. Siempre el aprovechamiento de la mujer como objeto sexual. Siempre el aprovechamiento de la vulnerabilidad de los hijos y de la familia en general. Es esa forma de terror, que a mí me parece tan poderosa y tan efectiva, como esto de que un día te saquen de casa a alguien que tú quieres, y ya no vuelvas a saber de él. Me parece terrible y creo que no puede haber nada tan angustioso, porque incluso si te lo traen muerto, ya sabes que está muerto, pero no saber cómo está, si sufre, si ha muerto ya, si no… La esperanza que muchas familias guardan hasta muy tarde, porque aunque la razón les diga que la persona ha tenido que morir, hay una parte de su emoción que quiere seguir creyendo que está viva. Para mí, eso fue lo más terrible. También la conciencia de que hay como un “sistema del terror”, y que la gente que lo mueve se lo conoce muy bien, saben cómo organizarlo todo para provocar estos efectos.
Tu personaje de desaparecida tiene sus momentos de texto duro y también muchas de silencios ¿cuál de los dos aspectos te parece más difícil de llevar a cabo?
Carolina: Una de las cuestiones que más dificultad me acarreó en cuanto al personaje, fue el tema de la voz, porque tanto por la parte de dirección, como por mi parte, no sabíamos “cómo habla un muerto”. Así que darle voz fue un proceso de búsqueda dificultoso, pero una vez resuelto, no hay diferencia entre una parte de voz y una de texto. La emoción se mantiene porque es una línea continua. El personaje quiere que se le escuche y a la vez escucha, pero como personaje sí que es muy duro cuando está callado, porque está descubriendo cosas por encima de las que creía estar al haber muerto. Pero le espera otra sorpresa en lo referente al hijo, así que, como personaje los silencios son más duros, porque es donde más sufre.
Gracia: Tuvimos mucho tiempo de ensayo y trabajamos mucho la interrelación entre ella y los otros personajes. Nosotros no tenemos que verla, pero ella es una presencia que está todo el tiempo allí. Así que hubo que resolver cómo hacer que estando presente no distorsionara a los otros, ni ella se distrajera. Esta especie de dos mundos que están tan juntos. Es un proceso muy interesante, pero luego tampoco es tan difícil, porque a veces nos parece muy complicado, pero el teatro es un espacio de experimentación muy rico.
¿En alguna vez se os ha dado que hubiese algún rechazo por parte del público?
Carolina: de cara a nosotros no, pero a lo mejor alguien que se ha levantado y se ha ido.
Gracia: toses, que es una forma de incomodar un poco cuando te das cuenta de que ya no es por necesidad… Pero, en realidad, nada más.
Carolina: no, yo creo que ha habido más bien una buena acogida por parte de la gente, esperarnos a la salida y hacernos comentarios… En Argentina era muy emotivo, porque la gente se te acercaba y te contaba su propia experiencia. Como allí está tan fresco, te decían “esta historia es la de un vecino mío”. Era muy emocionante, y creo que ha habido más abrazos que otra cosa por parte del público.
Gracia: en alguna de las funciones hemos hecho un encuentro con el público, y ha sido muy interesante. En Málaga, en el Teatro Cano, al final nos tuvimos que ir, porque llevábamos mucho rato allí hablando con la gente. A la gente le entra ganas de hablar y compartir una reflexión después de la obra, y eso es muy gratificante.
En Málaga que también hubo mucha represión.
Gracia: Sí, también lo que pasa es que, quizá, la gente que viene al teatro se informa sobre lo que va el espectáculo y no viene tan ingenuamente. Así que igual contamos con un público ya interesado. Pero hemos escuchado testimonios desde quien te dice “antes de ver esta obra pensaba que no había que hablar de este tema, y que no había que desenterrar a la gente, y ahora he cambiado de opinión. Lo he visto de otra manera”. Y eso es magnífico, porque cuando te viene alguien que está convencido, se reafirma, pero nada más. Que alguien que viene con otra opinión, y sin necesidad de imponerle una ideología desde el texto, sino contándole una historia, diga “es verdad, hay algo en esto que no está resuelto”, es muy gratificante.
¿En la compañía habéis hecho trabajos de características similares en cuanto a compromiso político o social?
Gracia: Todos los montajes han sido sobre textos míos. La compañía empieza en el año 2000 como amateur, y luego se profesionaliza en 2004 y casi todas las obras tienen compromiso. En Remiendo somos tres fundadores, e igual de importantes los tres. Yo soy la que pongo la palabra en el texto, pero Carlos y Fernando son dos puntales fundamentales, porque son los que hacen caminar a Remiendo. Yo no tengo una misión tan práctica, pongo la palabra, y nada más. Hemos cambiado de director, pero siempre he sido yo la dramaturga.
Hicimos un montaje que se titula Como si fuera esta noche, que trata el tema de la violencia machista, aunque no sea de forma completamente directa. Otro que se llama Paso lento trata sobre el tema de la tercera edad, sobre el papel que cumplen los ancianos dentro de la sociedad,… Casi siempre hay alguna cuestión social de fondo, vista con una mirada que permita hacer preguntas sobre esa cuestión.
¿Es más complicado subirse al trapecio o la implicación en un trabajo como este?
Carolina: Es muy distinto. Cuando terminé Arte Dramático tuve un paroncillo con el teatro, porque con el trapecio una tiene un poco de prisa, porque en eso hay unos determinados años para dedicarme, mientras que en el teatro, como quien dice, tengo toda la vida. Pero tenía muchas ganas de coger un texto de nuevo, y cuando me lo ofrecieron y lo leí, fue como un regalo. Cuando hago algo de trapecio me gusta que también haya algo que contar, pero, evidentemente, cuando tienes un texto de esta categoría en las manos, lo tienes mucho más fácil a la hora de expresarlo. Es distinto.
Gracia: Aquí la pobre termina emocionalmente agotada, no sólo físicamente.
Carolina: Es otro desgaste
En tu caso, lo del trapecio será difícil moverlo en Madrid
Carolina: tampoco me he movido mucho. Me dedico a dar clases y también sigo formándome. Como las clases me van bien y sigo haciendo teatro, a veces canto y hago un poquito de todo, lo que me ha salido de aéreo ha sido porque alguien ha dicho que yo hago, pero nunca he buscado trabajo de eso (quizá si lo buscara me saldría más). Sigo formándome, porque ahora estoy interesada en el trapecio volante, que es más complicado, porque en infraestructuras es bastante más grande que el fijo y voy más despacito.
Gracia: es una curranta, y aquí la explotamos, y la hacemos subirse, bajarse… le ha dado una dimensión muy mágica al personaje gracias a esas cualidades físicas.
¿Tenéis algo preparado a continuación?
Gracia: Estamos pensando en reestrenar un espectáculo que montamos hace unos años, que por circunstancias de la compañía apenas pudimos mover. Y nos parece que puede funcionar muy bien ahora. A veces me pasa eso, que escribo un texto y un tiempo después tiene más efectividad que cuando lo escribo. Es un monólogo, que creemos que encaja muy bien con el momento que estamos viviendo con la crisis, pero con todo lo que tiene la crisis de reflexión casi apocalíptica de cambio, fin de un período e inicio de otro… Se titula Un horizonte amarillo en los ojos, y seguramente lo reestrenemos.
Además estoy en proceso de escribir una obra nueva, porque Remiendo se adapta a mi proceso de escritura. Somos una compañía en la que lo más importante no es sacar un espectáculo cada año como si fueran churros, sino que van viniendo y se nos van presentando. Así que ahora estoy en un proceso de escritura de un texto que quiero que trate sobre la manipulación de los medios, sobre el miedo… me surge un poco de la indignación de ver cómo está el sistema que nos rodea, y cómo nos convierte en seres muy manipulables. Pero aún está ahí, plantándose la semillita.
Imagino que este tipo de temas es difícil de mover, y por otro lado, el teatro de Andalucía viene poco por Madrid.
Gracia: no nos ponen muy fácil venir, te lo aseguro. A nosotros nos costó mucho venir a Madrid, y no creas que teníamos muchas ofertas de teatro, salvo este contacto con el teatro Galileo. Tenemos mucho que perder, porque venimos a porcentaje de taquilla, y venir con un elenco más o menos grande no es sencillo. Si eres de aquí o de cerca es diferente, pero a nosotros nos supone un esfuerzo. También pasa que hay un circuito interno en Andalucía, donde las compañías pueden sobrevivir moviéndose dentro de la propia comunidad. No creo que no quieran venir, a todos nos interesa, pero hay mucha oferta y no tantas ganas de contratar. Y en nuestro caso específico, aparte de que tampoco son temas fáciles de mover, como dices, tampoco renunciamos a contar con la gente que nos interesa. No vamos buscando que entre un actor de televisión para que eso nos de más… Quizá somos muy ingenuos y deberíamos hacerlo, porque esto hace que luego haya poco tirón de público, y que nos cueste mucho llegar a un público… Contamos con una autora que se llama Gracia Morales, que no es una autora conocida, no montamos comedias fáciles y amenas,… Es el teatro que queremos hacer, pero a veces sentimos que tenemos que estar continuamente saltando obstáculos.
Carolina: Creo que en escala es igual en todas partes. Aquí hay más oferta y es más difícil, supone una apuesta muy grande para la compañía, porque hay que luchar para salir a delante desplazándose con cuatro actores, técnicos y demás, pero si te mueves por Granada o por Andalucía también te pasa eso. Quizá aquí se note más porque hay mucha más oferta, pero en escala está igual de complicado en todos lados.
Sin embargo vais a Buenos Aires… sorprendente ¿no?
Gracia: Pues sí, pero, sorprendentemente, mis textos se están montando mucho más en Argentina que en España. No te puedes imaginar. No estoy diciendo que yo sea una autora muy conocida en Argentina, pero a mí me llegan muchas veces… La cuestión es tener contactos, y yo tengo buena relación con el director del CLCIT, Carlos Ianni, y tienen una sala en Buenos Aires. Él conocía el texto y le gustaba mucho (de hecho lo han publicado en una página). Y para esto sí que contamos con ayuda del Ministerio de Cultura y de la Junta de Andalucía. De todas formas, lo que no he dicho, es que para venir a Madrid o para ir a Buenos Aires, también contamos con la complicidad de todo el equipo, porque somos un equipo muy unido y muy comprometido con todo lo que estamos haciendo y con esta historia en concreto. No tenemos muchísimas funciones, así que estar con esto exige mucho compromiso, porque ellos están trabajando en otras cosas, pero siempre nos dicen que sí. Nos vamos a Madrid, a ganar poco, las condiciones van a ser otras, pero ellos siempre responden positivamente. Así que nos lo ponen fácil.
publicat per
Carolina Bustamante
foto : Julio Castro : La actriz en el papel de desaparecida dentro de la obra NN12.
http://www.larepublicacultural.es
27 abril de 2011
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada