
elcomercioperu.com
18 abril 2006
Los actores de la compañía Gran Reyneta interpretan la obra 'Roman Photo' dirigida por Jean Luc Courcoultr.
Ayer domingo concluyó la mayor fiesta teatral del Continente. Conversamos con Fanny Mikey, la directora y gestora del FITB
BOGOTÁ.
Ayer domingo concluyó la mayor fiesta teatral del Continente. Conversamos con Fanny Mikey, la directora y gestora del FITB
BOGOTÁ.
Durante los feriados de Semana Santa, Bogotá se paraliza por completo. La gente huye masivamente hacia los alrededores de la ciudad, las tiendas y comercios se mantienen rigurosamente cerrados y se percibe una atmósfera de tranquilidad poco frecuente en grandes urbes como esta. En días como estos, el Festival Iberoamericano de Teatro se convierte en el epicentro social, cultural y hasta económico de la capital colombiana.
Las funciones de las diferentes obras que se escenifica en las innumerables salas teatrales de Bogotá y en Ciudad Teatro, el corazón del festival, lucen siempre atestadas de espectadores y muchas veces resulta sencillamente imposible conseguir una entrada (o boleta, como las llaman aquí) para ver cualquiera de las grandes atracciones de esta inmensa fiesta internacional.
LOS INICIOS
Las funciones de las diferentes obras que se escenifica en las innumerables salas teatrales de Bogotá y en Ciudad Teatro, el corazón del festival, lucen siempre atestadas de espectadores y muchas veces resulta sencillamente imposible conseguir una entrada (o boleta, como las llaman aquí) para ver cualquiera de las grandes atracciones de esta inmensa fiesta internacional.
LOS INICIOS
La gran gestora del FITB es Fanny Mikey, una actriz y empresaria teatral argentina que hace mucho tiempo decidió quedarse a vivir y trabajar en Bogotá. Mikey inició esta aventura en 1988 y hoy puede ufanarse de ser la creadora del más importante encuentro teatral del planeta.
"En términos de cantidad y calidad, este es el mayor festival de teatro del mundo. Parece una locura organizar un encuentro de esta magnitud, pero no es así. El público siempre nos ha respondido y por eso nos obliga a exigirnos más en cada nueva edición del festival", asegura Mikey. "A lo largo del tiempo el festival no solo ha crecido en países participantes, sino en cantidad de asistentes, categoría y en el orgullo que sienten los habitantes de esta ciudad por él. Aunque fueras billonario, es imposible que puedas ver en dos años todas las obras de gran calidad que se presentan en las dos semanas que dura el festival".
BALANCE
"En términos de cantidad y calidad, este es el mayor festival de teatro del mundo. Parece una locura organizar un encuentro de esta magnitud, pero no es así. El público siempre nos ha respondido y por eso nos obliga a exigirnos más en cada nueva edición del festival", asegura Mikey. "A lo largo del tiempo el festival no solo ha crecido en países participantes, sino en cantidad de asistentes, categoría y en el orgullo que sienten los habitantes de esta ciudad por él. Aunque fueras billonario, es imposible que puedas ver en dos años todas las obras de gran calidad que se presentan en las dos semanas que dura el festival".
BALANCE
Durante los días pasados tuvimos la oportunidad de ver numerosos montajes, entre ellos algunos de los más promocionados del festival. Sorprendieron gratamente "Hibiki", de la célebre agrupación japonesa Sankai Juku, y el notable (y divertidísimo) circo experimental de los canadienses Los siete dedos de la mano. El gran bluff del FITB es, sin dudas, la aparatosa y efectista "Villa Villa", de los argentinos De la Guarda. Mucho ruido y pocas, muy pocas nueces.
Un detalle que vale la pena resaltar es el altísimo nivel del teatro colombiano: prácticamente todos los montajes de conjuntos locales que vimos superaron y, por amplio margen, nuestras expectativas. Entre ellas, destacaron especialmente dos: "Woyzeck", de la compañía Casa del Silencio, un intenso y conmovedor ejercicio de teatro gestual en el que la expresividad de los cuerpos hace olvidar rápidamente la ausencia de parlamentos; y, sobre todo, "Kilele", de la agrupación Varasanta, una obra devastadora y perturbadora que echa mano de la música, los bailes y la interacción con el público para abordar un hecho real, la masacre de 119 pobladores de una localidad del interior colombiano llamada Bojayá, ocurrida el 2 de mayo del 2002.
Ocupando las distintas habitaciones de una casa, los intérpretes de "Kilele" (entre los espectadores pudimos ver a la actriz peruana Teresa Ralli, de Yuyachkani, que llegó a Bogotá para presentar su unipersonal "Antígona" en el marco del Festival de Teatro Alternativo, que se desarrolla en paralelo al FITB) se confunden en una brillante dinámica coreográfica que echa mano de elementos mágico- religiosos para denunciar el drama de las víctimas y los desplazados de la guerra interna en Colombia.
"El proceso de esta obra empezó en el 2003, cuando presenté el proyecto al Ministerio de Cultura y obtuve una residencia artística junto con una de las actrices, Catalina Medina, con quien viajé hasta la zona del Chocó, donde vivimos y trabajamos tres meses con las comunidades. Hicimos talleres y recopilamos testimonios de los sobrevivientes de la masacre. Para mí, fue importante presentar a los involucrados en ese hecho no como víctimas, sino como héroes", asegura Felipe Vergara, el autor del texto original de "Kilele".
Anoche, en el parque Simón Bolívar, el más grande de la ciudad, se realizó la colorida y masiva ceremonia de clausura del festival. Fueron días que jamás olvidaremos. Raúl Cachay A. Enviado especial
Un detalle que vale la pena resaltar es el altísimo nivel del teatro colombiano: prácticamente todos los montajes de conjuntos locales que vimos superaron y, por amplio margen, nuestras expectativas. Entre ellas, destacaron especialmente dos: "Woyzeck", de la compañía Casa del Silencio, un intenso y conmovedor ejercicio de teatro gestual en el que la expresividad de los cuerpos hace olvidar rápidamente la ausencia de parlamentos; y, sobre todo, "Kilele", de la agrupación Varasanta, una obra devastadora y perturbadora que echa mano de la música, los bailes y la interacción con el público para abordar un hecho real, la masacre de 119 pobladores de una localidad del interior colombiano llamada Bojayá, ocurrida el 2 de mayo del 2002.
Ocupando las distintas habitaciones de una casa, los intérpretes de "Kilele" (entre los espectadores pudimos ver a la actriz peruana Teresa Ralli, de Yuyachkani, que llegó a Bogotá para presentar su unipersonal "Antígona" en el marco del Festival de Teatro Alternativo, que se desarrolla en paralelo al FITB) se confunden en una brillante dinámica coreográfica que echa mano de elementos mágico- religiosos para denunciar el drama de las víctimas y los desplazados de la guerra interna en Colombia.
"El proceso de esta obra empezó en el 2003, cuando presenté el proyecto al Ministerio de Cultura y obtuve una residencia artística junto con una de las actrices, Catalina Medina, con quien viajé hasta la zona del Chocó, donde vivimos y trabajamos tres meses con las comunidades. Hicimos talleres y recopilamos testimonios de los sobrevivientes de la masacre. Para mí, fue importante presentar a los involucrados en ese hecho no como víctimas, sino como héroes", asegura Felipe Vergara, el autor del texto original de "Kilele".
Anoche, en el parque Simón Bolívar, el más grande de la ciudad, se realizó la colorida y masiva ceremonia de clausura del festival. Fueron días que jamás olvidaremos. Raúl Cachay A. Enviado especial
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