19 d’abril 2006

Las obras vistas en Bogotá


el universo
bogotá
16 abril 2006
Romeo y Julieta, la obra de William Shakespeare, adaptada al lenguaje coloquial de los barrios colombianos.

Carlos A. Ycaza
el Teatro Nacional de Bogotá se presentó El amante, una obra del dramaturgo Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura 2005.
EN UN FESTIVAL de tan espeluznante oferta uno trata de comenzar por lo esencial, especialmente cuando la permanencia era solo de cuatro días. No había más que ir a Shakespeare en el maravilloso Teatro Colón de Bogotá, donde se presentaba Hamlet, alternándose con La Tempestad.La propuesta del director catalán Lluis Pasqual contrasta el mensaje de ambas piezas. Aquí Hamlet se convierte en una especie de terrorista existencial movido por la venganza. En la actuación de Eduard Fernández, la obra coge una fuerza incontenible y todo tiene el ritmo de un thriller de dos horas y media, que Pasqual aligera con toques humorísticos sorprendentes en algunos personajes. Marisa Paredes es la Reina Gertrudis, madre de Hamlet.Desbordando interpretaciones musicales y tragicomedia, La Tempestad es la obra con la que William Shakespeare se despide de su carrera teatral en sus años finales. Allí vemos a Próspero (Francesc Orella), legítimo duque de Milán exiliado político en una isla junto a su hija Miranda. Él tiene poderes mágicos, que el director Pasqual aprovecha para contarnos la historia de una venganza que es redimida por el perdón. Próspero es un pacifista.En el Teatro Nacional –donde la directora es Fanny Mikey– hubo El amante, de Harold Pinter, Premio Nobel 2005. Aquí se vio una impecable dirección de Fabio Rubiano, con dos extraordinarios actores locales: Patrick Delmas y Marcela Carvajal. Fue un montaje sólido y pausado, acentuado sobriamente en silencios y miradas furtivas: una pareja debe crear sus propias mentiras eróticas para poder mantener su relación. El ritmo pinteriano está hilvanado por varias interpretaciones de la canción La vie en rose.Visualmente, la vanguardista adaptación del director alemán Nicolás Stemann de Las desventuras del joven Werther de Goethe, fue una inspiración innovadora con un solo personaje. El propio Werther (una interpretación formidable del joven actor Philipp Hochmair) nos cuenta su romántica tragedia, que a veces es una mezcla de sátira cruel y de frustrado idealismo en la relación con su amada Lotte. Este Werther nos contagia su pasión, que va de la lectura al performance, a la multimedia desbocada en una cámara que graba todo en primerísimos planos.Esos eran los alemanes. Pero lejos, al sur, está Sicilia y el panorama parece ser igualmente lúgubre en la desaforada visión de Palermo de la directora Emma Dante. Encerrados en su casa, dos parejas viven con la nonna, la abuela que parece ver todo y no comunicar nada. Ellos se preparan para salir a la calle, pero esto parece imposible. Digo parece, porque la obra es la dramatización de un pavoroso estancamiento, que es coreografiado como un ballet de gritos, gestos impotentes y acciones brutales.La Casa del Teatro Nacional de Colombia escenificó su Romeo y Julieta en uno de los escenarios de Colferias. Rodeado de más de mil personas –muchos jóvenes– en tribunas metálicas, esto fue toda una experiencia. Más Shakespeare, contado a ritmo de rock en altos decibeles y bailes desenfrenados por pandilleros que parecían Ñetas y Latin King. Si el teatro puede hipnotizar a los públicos más dispares, pues aquí estaba una prueba clarísima.