22 d’abril 2006

Los actores de teatro recurren a los bares para mostrar su talento

el ideal gallego
17 abril 2006

David Lendoiro agrava su voz y encorva la espalda. Esta noche le toca hacer de Chinín , el jhonky de As Conchiñas. No le gusta encasillarse como monologuista porque huye del prototipo de gafas de pasta y estilo cool. Define su espectáculo como un poco asesino y comenta que la primera reacción del público es pensar que está chalao .
MARTA GARCÍA MÁRQUEZ
A CORUÑA
A veces, acompaña el número con música core o comienza con una poesía hortera que ni él mismo entiende. Es una forma de provocar. Al principio suele meter la pata a propósito, es entonces cuando pide una carcajada y encuentra el primer guiño del público. Asegura que la popularidad llega antes por los bares que haciendo un cortometraje por lo que compagina sus actuaciones con teatro y televisión.
Su trabajo tiene mérito porque nace de la improvisación. De ahí que algunos números sean una basura y otros simplemente brillantes .
David aplica la sabiduría de la Commedia dell´Arte italiana a los personajes de aquí. Es consciente de que todavía queda mucho por hacer: En Galicia tenemos una retranca muy particular. La forma de decir las cosas y jugar con lo contrario. En el sur son simpáticos pero no tienen sentido del humor...
David se enfunda zapatos de gángster, corbata ancha y cabeza de gato. Si la actuación lo pide, se cuelga de la barra. La fuerza del papel puede con sitios tremebundos en donde no existe ni tarima ni un enchufe para el micrófono.
Oswaldo se define como un cuentacuentos. Explica que la gente asocia a los monologuistas con tíos simpáticos que hacen gracia. Pero detrás de todo eso existe gente muy válida con una formación teatral interesante. Al contrario que David, Oswaldo actúa en primera persona y apenas se caracteriza. Con un sombrero o una simple banqueta ya es suficiente. No culpa de la situación a los de arriba pero cree que una escuela dramática de teatro es esencial para avanzar.
Demuestran su arte en locales de la ciudad y tienen su público, mientras, sus historias retumban en el fondo de un vaso para encontrar una sonrisa.