18 de juny 2006

La Viuda Alegre en el Teatro Municipal


Diario el Gong - Chile
13 de juny de 2006

Aníbal Barrera OrtegaLa opereta romántica es una especie de nueva ópera melódica en la que la obligada comicidad no excluye ni la calidad lírica más alta ni las partituras escritas con mano maestra en lo vocal y lo instrumental, que reconciliaron en su tiempo al público con el teatro musical de calidad y la gran música.Franz Lehár, con La Viuda Alegre, en la ya ponderada compañía de la Orquesta Filarmónica Municipal de Temuco, el Coro del Teatro Municipal de nuestra ciudad, eximios solistas invitados y la dirección de Santiago Meza, estarán en viernes 16 en el gallardo coliseo cultural de la avenida Pablo Neruda.Hemos de explicar que la opereta vienesa tuvo curiosamente por continuador de Johann Strauss [hijo] a un compositor húngaro, Franz Lehár [1870 – 1948], que había nacido en la pequeña ciudad de Komaron, fronteriza con la actual Eslovaquia, en pleno corazón de lo que entonces se denominaba Imperio Austro-Húngaro.Lehár representa el tipo exacto de la nueva generación de la opereta. Aunque tomó el encanto de los valses de Strauss, sobrepasa quizás a éste por su agilidad, sus exquisitos matices y el vigor que le imprime. No obstante, quizá el verdadero mérito de Lehár, más allá de otras consideraciones, estuvo en haber acertado con la vuelta de tuerca que la opereta necesitaba entonces para sobrevivirse a sí misma en medio de los nuevos ritmos que llegaban de Norteamérica y la eclosión del cinematógrafo.La opereta romántica¿De qué hablamos? Hablamos de la opereta romántica, especie de nueva ópera melódica en la que la obligada comicidad no excluía ni la temperatura lírica más alta ni, incluso, los finales agridulces; partituras, en fin, escritas con mano maestra en lo vocal y lo instrumental, que, con la revolución de Schönberg y Berg ya sobre la mesa, reconciliaban al público con el teatro musical de calidad y la gran música.En los días de comienzos del siglo XX, en 1907, la recepción del público fue tal que ya a comienzos de ese año se habían alcanzado las trescientas representaciones en la capital del imperio. Muy pronto el fenómeno de La Viuda Alegre se extendió por toda Europa, y a los pocos años llegó a Estados Unidos, América del Sur, la India, Australia, e incluso a China, Ceilán o Japón. Traducida y adaptada a diez idiomas, al finalizar la primera década del siglo XX la obra había alcanzado nada menos que dieciocho mil representaciones.Para el compositor húngaro, La Viuda Alegre representó uno de sus triunfos apoteósicos.