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7 de juliol de 2008
El drama de la guerra con altibajos
'Las troyanas', un interesante pero irregular alegato antibelicista, humaniza a las víctimas con una versión contundente y esmerada. Gloria Muñoz, Anna Ycobalzeta y Mia Esteve potencian el montaje con interpretaciones brillantes
CELESTINO J. VINAGRE
Instante del ensayo general de 'Las Troyanas'./BRÍGIDO «Nunca llaméis feliz a nadie por afortunado que parezca hasta que haya muerto». Hécuba, la destronada reina de Troya, resume con esta bofetada al optimismo la luctuosa, vengativa, descarnada y, por momentos, asfixiante historia de 'Las troyanas', con el que Mario Gas vuelve a la dirección en el Festival de Mérida.
En su estreno, ante apenas 800 espectadores -la peor cifra de público en los últimos años en el primer día de un espectáculo- en una noche inusualmente fresca, Gas, valor seguro de la escena española, ofrece un montaje previsible, habitual en su trabajo: sin aditivos, bien contado, con brillantes interpretaciones femeninas pero lastrado por fases de irregularidad y probablemente demasiado largo en el tiempo, que dejan al espectador más exigente con un sabor agridulce. Un producto recomendable, sí, aunque susceptible de mejora.
El drama de Eurípides, una historia de perdedores, que denuncia la actitud de los vencidos y que, sobre todo, se centra en las víctimas, es lo suficientemente atractivo para abrir el cartel de un Festival que hace propósito de enmienda de regresar a la esencia grecolatina. Esta 'Troyanas' no desentona en absoluto para este objetivo.
El texto es su arma principal, aunque tenga como principales aliados una escenografía notable, una música justa y precisa y una Gloria Muñoz (Hécuba) sobresaliente cuya interpretación hace olvidar, por ejemplo, a un Antonio Valero tan fiable en la telenovela histórica 'Amar en tiempos revueltos' como poco convincente sobre las piedras del Teatro Romano en su papel de Menelao. Visto lo visto, el falanguista Hipólito Roldán es bastante más creíble que el ultrajado caudillo espartano.
Texto y coro
El delicioso texto de Eurípides, versionado por Ramón Irigoyen, es contundente, directo. No ofrece duda. Tiene claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. En este asunto, el papel del coro, las esclavizadas troyanas, tiene mucho que decir y actúa como un eficaz instrumento para que el espectador no se pierda. Y no lo hace porque, además, es casi imposible que lo haga debido al trabajo de los actores. Sobre todo, con Gloria Muñoz, la reina Hécuba, Anna Ycobalzeta, su enloquecida hija Casandra y Mia Esteve, su nuera, que debe contemplar sin atisbo de rebelión como su hijo de siete año es asesinado por el enemigo.
Muñoz, que cumple 60 años el próximo miércoles sobre el escenario del Teatro Romano emeritense, es un lujo para el oído y la vista. Transmite odio, serenidad, deseo de venganza («muerte a Helena», grita), liderazgo y dignidad de reina destronada con una credibilidad intachable. Y con continuidad. Es la gran protagonista del montaje, el referente de una historia plagada de desgracias y sin un leve mensaje para la esperanza. Brilla dentro de un espectáculo narrativo lúgubre en el que el único guiño, perfectamente asumible, a la modernidad es el traje militar contemporáneo frente a la vestimenta clásica de los ejércitos griegos.
La locura de Casandra (Ycobalzeta) mantiene la tensión del montaje en su primera parte, mientras que Andrómaca (Esteve), la viuda del fallecido Héctor propicia otra de las fases más intensas (y logradas) del montaje de Mario Gas. En dosis cortas pero apropiadas, Ricardo Moya (Taltibio), en su papel de enemigo pero con corazón, aporta otro grado de brillantez representativa dentro de un espectáculo que, aunque basado en lo narrativo, no descuida la efectividad de lo visual.
Escenografía
En estas 'Troyanas', su director saca provecho de la zona de la Orchestra, reconvertida en una sorprendente playa y en un escenario imprescindible para la historia. Más arriba, sobre el propio escenario del Teatro, domina una torre, custodiada por soldados y puerta de entrada a una imaginaria Troya que, al final, será completamente arrasada.
Este espectáculo final de destrucción, en la que no se escatiman esfuerzos, y, aunque a más de uno le pueda recordar a 'Los persas' del año pasado, lo cierto es que tiene mucha mejor explicación y, además, consigue resaltar el Teatro, no minimizarlo.
Para entonces, el espectador, tras más de cien minutos en el graderío, revive tras soportar algunos momentos de frialdad (no ambiental, sino teatral), actos deslabazados y algunas interpretaciones no tan agradecidas como las anteriores.
'Las Troyanas' es un espectáculo producido por el Festival de Mérida en coproducción con el Teatro Español y Cáceres 2016, se podrá ver hasta el domingo, y tras el descanso del lunes 7, y los días 8, 9, 10, 12 y 13. Tras su paso por el Teatro Romano de Mérida, el espectáculo irá al Teatro Grec de Barcelona y al Matadero-Naves del Teatro Español de Madrid
7 de juliol de 2008
El drama de la guerra con altibajos
'Las troyanas', un interesante pero irregular alegato antibelicista, humaniza a las víctimas con una versión contundente y esmerada. Gloria Muñoz, Anna Ycobalzeta y Mia Esteve potencian el montaje con interpretaciones brillantes
CELESTINO J. VINAGRE
Instante del ensayo general de 'Las Troyanas'./BRÍGIDO «Nunca llaméis feliz a nadie por afortunado que parezca hasta que haya muerto». Hécuba, la destronada reina de Troya, resume con esta bofetada al optimismo la luctuosa, vengativa, descarnada y, por momentos, asfixiante historia de 'Las troyanas', con el que Mario Gas vuelve a la dirección en el Festival de Mérida.
En su estreno, ante apenas 800 espectadores -la peor cifra de público en los últimos años en el primer día de un espectáculo- en una noche inusualmente fresca, Gas, valor seguro de la escena española, ofrece un montaje previsible, habitual en su trabajo: sin aditivos, bien contado, con brillantes interpretaciones femeninas pero lastrado por fases de irregularidad y probablemente demasiado largo en el tiempo, que dejan al espectador más exigente con un sabor agridulce. Un producto recomendable, sí, aunque susceptible de mejora.
El drama de Eurípides, una historia de perdedores, que denuncia la actitud de los vencidos y que, sobre todo, se centra en las víctimas, es lo suficientemente atractivo para abrir el cartel de un Festival que hace propósito de enmienda de regresar a la esencia grecolatina. Esta 'Troyanas' no desentona en absoluto para este objetivo.
El texto es su arma principal, aunque tenga como principales aliados una escenografía notable, una música justa y precisa y una Gloria Muñoz (Hécuba) sobresaliente cuya interpretación hace olvidar, por ejemplo, a un Antonio Valero tan fiable en la telenovela histórica 'Amar en tiempos revueltos' como poco convincente sobre las piedras del Teatro Romano en su papel de Menelao. Visto lo visto, el falanguista Hipólito Roldán es bastante más creíble que el ultrajado caudillo espartano.
Texto y coro
El delicioso texto de Eurípides, versionado por Ramón Irigoyen, es contundente, directo. No ofrece duda. Tiene claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. En este asunto, el papel del coro, las esclavizadas troyanas, tiene mucho que decir y actúa como un eficaz instrumento para que el espectador no se pierda. Y no lo hace porque, además, es casi imposible que lo haga debido al trabajo de los actores. Sobre todo, con Gloria Muñoz, la reina Hécuba, Anna Ycobalzeta, su enloquecida hija Casandra y Mia Esteve, su nuera, que debe contemplar sin atisbo de rebelión como su hijo de siete año es asesinado por el enemigo.
Muñoz, que cumple 60 años el próximo miércoles sobre el escenario del Teatro Romano emeritense, es un lujo para el oído y la vista. Transmite odio, serenidad, deseo de venganza («muerte a Helena», grita), liderazgo y dignidad de reina destronada con una credibilidad intachable. Y con continuidad. Es la gran protagonista del montaje, el referente de una historia plagada de desgracias y sin un leve mensaje para la esperanza. Brilla dentro de un espectáculo narrativo lúgubre en el que el único guiño, perfectamente asumible, a la modernidad es el traje militar contemporáneo frente a la vestimenta clásica de los ejércitos griegos.
La locura de Casandra (Ycobalzeta) mantiene la tensión del montaje en su primera parte, mientras que Andrómaca (Esteve), la viuda del fallecido Héctor propicia otra de las fases más intensas (y logradas) del montaje de Mario Gas. En dosis cortas pero apropiadas, Ricardo Moya (Taltibio), en su papel de enemigo pero con corazón, aporta otro grado de brillantez representativa dentro de un espectáculo que, aunque basado en lo narrativo, no descuida la efectividad de lo visual.
Escenografía
En estas 'Troyanas', su director saca provecho de la zona de la Orchestra, reconvertida en una sorprendente playa y en un escenario imprescindible para la historia. Más arriba, sobre el propio escenario del Teatro, domina una torre, custodiada por soldados y puerta de entrada a una imaginaria Troya que, al final, será completamente arrasada.
Este espectáculo final de destrucción, en la que no se escatiman esfuerzos, y, aunque a más de uno le pueda recordar a 'Los persas' del año pasado, lo cierto es que tiene mucha mejor explicación y, además, consigue resaltar el Teatro, no minimizarlo.
Para entonces, el espectador, tras más de cien minutos en el graderío, revive tras soportar algunos momentos de frialdad (no ambiental, sino teatral), actos deslabazados y algunas interpretaciones no tan agradecidas como las anteriores.
'Las Troyanas' es un espectáculo producido por el Festival de Mérida en coproducción con el Teatro Español y Cáceres 2016, se podrá ver hasta el domingo, y tras el descanso del lunes 7, y los días 8, 9, 10, 12 y 13. Tras su paso por el Teatro Romano de Mérida, el espectáculo irá al Teatro Grec de Barcelona y al Matadero-Naves del Teatro Español de Madrid