09 de juliol 2011

Conocimiento carnal



Autor: Richard Nelson. Dirección: Àngel Llàcer. Intérpretes: Clara Segura, Carlos Cuevas, Montse Vellvehí. Teatre Borràs, 8 de junio

Las historias de profesoras que practican el conocimiento carnal con sus alumnos menudearon en los años sesenta. Iniciarse en el sexo a temprana edad, se antojaba una prioridad inexcusable cuando se proclamaba que “la virginidad produce cáncer, vacúnate”. Tal divisa acrecentó el “baby boom”, el consumo de penicilina y produjo tragedias motivadas por el descubrimiento postcoital de la imposible inserción social de la relación entre iniciciadora e iniciado. La cosa acababa muy mal como en “Mourir d’aimer” (1971), con Annie Girardot, o se abordaba de forma irónica como en aquella profesora particular que encarnó Analía Gadé enseñando a Serrat a tocar... el piano.

En ese ambiente, circa mayo parisino del 68, transcurre “Madame Melville”: un alumno quinceañero (Carlos Cuevas) se queda una noche en casa de su profesora (Clara Segura) que le enseña a mirar de otra manera la “Mujer en la bañera” de Bonnard y a aprenderse los nombres posturales del Kamasutra como si se tratara de la lista de los pintores impresionistas. Representada en su versión original por Macauly Culkin y Joely Richardson, la adaptación de Àngel Llàcer se sustenta en el trabajo actoral, ya que el texto de Richard Nelson carece de calado moral y se limita a juguetear con la cultura eludiendo las consecuencias de la relación y la diferencia de edad.

Clara Segura, Carles Cuevas y la vecina Montse Vellvehí dinamizan la acción y sacan a flote el montaje. Están muy bien Clara y Montse en su parodia de las señoritas de Rochefort de Catherine Deneuve y su hermana François Dorleac; la voz de Brel entonando el “Quand on n’a que l’amour” en el mircosurco aporta la atmósfera nostálgica. Entre la cara de niño-viejo de Caulkin y Cuevas preferimos el segundo, mientras que Clara Segura conjuga a la perfección los embates del deseo y un cierto sentimiento de culpa. La versión más prosaica de lo sexual corre a cargo de la vecinita violinista, tan capaz de resaltar un acorde sublime como de quejarse porque su último amante le ha pasado ladillas.

Un "conocimiento carnal" abordado con humor que no se mete en camisas de once varas ni jardines existenciales. Ya es verano en el Borràs.

publicat per
Sergi Dora
www.abc.es
21 de juny de 2011