01 d’abril 2009

El monólogo después de Rubianes

www.lavanguardia.es
29 de març de 2009

¿Es el auge del solo teatral una vuelta a las esencias o un recurso en tiempo de crisis?

Maricel Chavarría
Barcelona

Un sentimiento de orfandad se extiende por los teatros y los platós por los que monologaba Pepe Rubianes. A este Rey muerto no hay rey puesto, coinciden los teatreros consultados. Sin embargo, el solo teatral, y especialmente el monólogo cómico, vive hoy un periodo de bonanza alentado por la televisión e internet.

¿Está acaso el público interesado en volver a la esencia del teatro o sólo ha sido cautivado por los rostros popularizados por la televisión en un sinfín de late shows de humor? "No sabría decirle, la televisión difunde algo que la gente desconocía, de ahí que la asistencia al teatro para ver un rostro conocido sea masiva", responde Josep Salvatella, director del Teatreneu y programador habitual de monólogos. "Pero el monólogo por sí mismo –enfatiza– ya tiene éxito cuando comunica cosas que conectan con vivencias cotidianas. ¿Que son superficiales? Bueno, es hacia donde tiende la sociedad. Queremos cosas digeribles, que no sean densas ni demasiado profundas".

Dani Pérez, Dani Rovira, Berto, Albert Boira, Txabi Franquesa, Santi Rodríguez, Toni Moog, Pablo Motos, Ricky López, Flipy, Dani Mateo, Belen Rubio, Carolina Noriega, María la Vikinga, Luismi, Iñaki Urrutia, Goyo Jiménez... son nombres que despuntan o se han afianzado en el difícil arte de monologar. Algunos incluso con vocación rubianesca.

La Vanguardia ha recabado la opinión de personalidades del teatro sobre el presente y el futuro del monólogo.

SERGI BELBEL, director del Teatre Nacional de Catalunya
El monólogo como género está absolutamente dedicado a la personalidad del autor. Es su fuerza interpretativa lo que identifica un monólogo teatral. Rubianes es inimitable, ha dejado más un agujero que una manera de hacer monólogo. Cualquiera que cogiera su forma sería un imitador. Yo recomendaría a los actores de monólogos que no intentaran imitar su estilo, pues la gracia de este género es la personalidad. El monólogo no está de moda, es una técnica muy válida porque juega con todo el instrumento del actor. Ha habido booms del monólogo porque es una forma barata y esencial de hacer teatro. Por ello, apela a lo más esencial: un espacio compartido, un intérprete y algo que decir. Siempre conviene volver de vez en cuando a los orígenes. Es una forma de volver a las esencias, recomendable sobre todo en épocas de crisis. Es teatralidad en estado máximo. La gracia está en que el sudor del intérprete te pueda salpicar en un momento dado.

EVA HACHE, actriz y humorista. Monologuista
Estamos huérfanos después de Rubianes… Todos tenemos algún matiz de él, hemos heredado algo, el poso nos queda a todos. Un buen heredero y compañero es Carles Flavià. Creo que el monólogo, que es uno de los registros del actor más arriesgados y difíciles, se ha denostado durante un tiempo. Hay quien piensa que es cansino porque se nos ha tiroteado durante una época con mucho monólogo. Pero es que se trata de la supervivencia del actor: depende de ti y de tu poca vergüenza. Lo recomiendo en época de crisis a quien se quede en paro, que cuente su vida o que cuente mentiras. Sobre mi experiencia, diré que es una herramienta que vale mucho para la sátira política. En el escenario es más libre, pero en la tele tiene que pasar más filtros. Es complicado hacer humor en un canal de televisión y que no se te identifique con una opción política. Cuando hacíamos Noche Hache en Cuatro recibíamos muchas críticas, se nos consideraba los bufones a sueldo de Zapatero y yo nunca me he sentido así. Hace tiempo que no hago monólogos en bares y teatros porque la desnudez del formato es muy agotadora, es un nivel de exposición física muy fuerte. Pero sí que me gustaría, aunque la tele no me deja tiempo, hacer un espectáculo que pueda llamarse un solo, un clown más que un simple texto.

ÀLEX RIGOLA, director del Teatre Lliure
No me gusta la estructura del monólogo. Mi escasa experiencia se reduce a cuando monté "La nit just després dels boscos", de Bernard-Marie Koltès, y decidí que fuera un monólogo en boca de seis actores. Hay quien confunde monólogos con parlamentos largos. Hamlet no es un monólogo, sino un parlamento largo. Y Rubianes un gran maestro para los que vienen después, como lo fue Gila. Ha dejado muchos discípulos. Cenabas con él y era como estar dentro del espectáculo. Quien venga después será igual de bueno, pero en su estilo. Cuidado, recordemos que después de Rubianes y antes de que empezara el actual fenómeno de la comedia televisiva, aparecieron las T de Teatre. Y después han surgido todos los clubes de la comedia que se han dedicado no a otra cosa, sino a los diferentes formatos de la comedia del monólogo cómico. Rubianes tiene una tradición de estar hablando de él mismo, y esta es una tradición americana. Si te atrae el monólogo no es tanto por la exhibición de virtuosismo, sino porque te gusta mucho un actor al que tienes sólo para ti durante una hora u hora y media. ¿Por qué triunfan ahora? No veo el éxito del monólogo vinculado a la crisis económica. El éxito está muy ligado a la pasión que puede sentirse por la figura de quien lo interpreta. El texto, para tener éxito, deberá tener mucha intención dramática, pero siempre dependerá del actor que lo haga.

MARIO GAS, director del Teatro Nacional
Rubianes practicaba un tipo de monólogo, absolutamente personal y muy centrado en su animalidad escénica, que si tiene reminiscencias hay que buscarlas fuera de este país. Como decía Márquez Ordónez, lo conectaba con Lenny Bruce. Lo suyo era cáustico, ingenuo… un estilo que empieza y acaba con él. Lo otro son fórmulas que se repiten en sí mismas. En los monologuistas que se imponen desde los medios no veo ni su personalidad, ni su vitalidad, ni su causticidad. Pepe tenía su público. Estaba en la línea del humor con una crítica política de costumbres, siempre con una comprensión hacia el ser humano pero con latigazos al entorno. Eso le entroncaba con los grandes. El monólogo ha sido una solución para muchos teatros durante mucho tiempo. Tiene gracia y razón de ser es cuando un artista se plantea que el universo de actuación pasa por una comunicación directa entre él o ella y el público. ¿Que esto convenga a la crisis? Si se trata de apostar por el monólogo para abaratar costes, nos estamos yendo al garete.

SERGI LÓPEZ, actor. Monologuista en Non Solum
Todos los que hacemos teatro llevamos un poco dentro a Pepe Rubianes. El monólogo se ha estandarizado, tenemos la impresión de que significa sólo el "one-man-show" que sale y explica chistes, eso típico de la tele, un tipo sentado en un taburete. Pero los que hacemos teatro estamos obligados a preguntarnos qué es lo que queremos decir. Hay algo que está haciendo daño a la cultura que es querer gustar a todo el mundo. Pepe sabía que no gustaba a todos, es una herencia que nos ha dejado, ser maleducado. Pepe no sólo explicaba cosas divertidas, sino que generaba un vínculo con lo que explicaba, era como si fuera su vida, no sabías cuando hablaba de verdad o mentira. ¿Sucesores? Pepe es un poco patrimonio ultural de la humanidad. ¿Mi monólogo en Non Solum? Tuve la necesidad fisiológica de hacer teatro, y era muy complicado coincidir con otros actores. Aposté por un monólogo, pero lo complicado era saber si ahí había un monólogo. No quería explicar chistes ni hacer un cabaret, sino hacer teatro. Tuve la duda de si mis ideas conformaban un espectáculo, y sí, descubrimos que había un universo. ¿Mis referencias? El francés Philippe Caubère es una máquina, y otro al que he visto hacer cosas que no he visto hacer a nadie es Toni Albà.

CARLES FLAVIÀ, monologuista y agitador cultural
El monólogo no tiene porque estar a más nivel que la literatura "de catedrales y puentes". Estamos en un momento en el que se llevan los grandes espectáculos, como si estuviéramos en un McDonalds. Una época de grandes proyectos y gente bailando, lo que ahoga otras cosas. No lo critico, porque el alquiler de las salas cuesta un dinero y hay que pagarlo. Pero estoy de acuerdo con Pep Tossar cuando dice que las salas alternativas no lo son tanto, sino que apuestan por lo mismo que las demás en formato más reducido. No se apuesta por los diálogos o los monólogos. La grosería de Rubianes se ha heredado, y eso no tiene sentido. Me sabía mal alguna grosería de Pepe porque tenía nivel para rematarlo mejor. Pero lo había personalizado tanto y tenía tanta clase y simpatía… a mi madre le encantaba. Por eso yo le debía tener tanta rabia. Ja ja. En todo caso, sí tenemos buena salud de monólogos en estos momentos. Aguanto mejor el humor catalán que el de fuera. Los monologuistas que acaban diciendo "gilipollas" me atacan los nervios.

TONI SOLER, historiador y guionista
"No creo que el legado de Rubianes sea aprovechable. Su manera de ser era intransferible. Dudo que aparezca una voz como la suya o que nadie se atreva a poner su material sobre el escenario sin él. Era un humor demasiado personal para pensar que pudiera clonarse o reproducirse. La manera en que decía "hijos de la gran puta", con su sonrisa, hace pensar que es difícil que alguien pueda decir cosas tan gordas y hacer reír a la gente. En general, un monólogo ha de estar desnudo, sin efectos visuales ni de sonido. La gracia del monólogo es la gracia torera, el hombre solo ante la bestia, y a mí me dan miedo los toros… Tiene un punto de riesgo: si no arranca sonrisas, el actor se queda desnudo y asume un riesgo muy grande. Eso nos permite entender la dimensión que tenía Pepe.

ALBERT VIDAL, performer
Me considero más performer que monologuista. Hay una identificación excesiva entre el arte del monólogo y el humorista. El género del humorista, que en España goza de una tradición de teatro costumbrista, está alejado de las preocupaciones metafísicas, espirituales y profundas a través de las que un hombre puede expresar una visión del mundo. El arte del monólogo en Catalunya se ha convertido en el arte de la defección. El monologuista tiene que ser un rebelde, tiene que ser incómodo, porque tiene el privilegio de poder manifestar su identidad como persona vibrante ante un público, de rebelarse ante los mecanismos automáticos que genera la incomprensión de la realidad. Rubianes es uno de los pocos ejemplos de autenticidad a quien nadie regaló nada. Se trabajó una visión propia del mundo con una fuerza incuestionable, y sabía hablar con el subconsciente colectivo. Pero hoy el panorama del teatro en Catalunya lo encuentro patético, y es probable que me vaya con los pies en polvorosa.

LLUÍS HOMAR, actor
"Cada cosa tiene su función: el monólogo televisivo no está en su mejor momento, pero sucede que el valor del directo y la autoría son importantes. Porque Pepe, que ha creado escuela, también era autor, un autor con una manera de ver la vida y un compromiso muy fuerte. Directamente, ha sido un ser excepcional en lo profesional. Tenía una gran capacidad de estar en un escenario manteniendo al espectador entretenido haciéndole un buen repaso de asuntos, porque no podemos olvidar el espíritu de libertad con el que decía lo que le venía en gana cuando le venía en gana, aunque le reportara problemas. Nos beneficiará esta referencia, haberle visto actuar, porque ser políticamente correctos a veces nos empequeñece. Él lo decía todo desde una plataforma desde la que podía permitírselo, y verle con ese espíritu nos hará bien. De algún modo, permanecerá. Era una lección la manera en que miraba las cosas y las transmitía, que no tuviera filtros, que no fuera calculador…

TONI ALBÀ, actor y humorista
No sé si son buenos tiempos para la libertad, pero siempre ha de haber un punto de osadía. La misión del bufón es romper el tabú. Ojalá todo el mundo fuéramos políticamente incorrectos. El monólogo tiene ahora un pequeño problema: no lo puede hacer cualquiera. Tienes que ser original, porque si haces algo que ya ha salido en internet o que haga referencia a algo conocido, al cabo de cinco minutos, cinco millones de personas ya saben que no es original. Tienes que tener tu propio estilo y sorprender. En ese impasse de las tecnologías estamos obligados a ser innovadores, aunque a veces te crees que innovas y en realidad estás redescubriendo. Rubianes inventaba historias muy personales que nos incumbían a todos. A todos nos redescubrió una cosa como el monólogo, algo antiquísimo puesto al día, y fue uno de los primeros en hacerlo en la democracia, popularizándolo a través de la tele y haciendo muchas referencias a Dario Fo. El suyo era un estilo totalmente autodidacta. Sabía vibrar y captaba bien lo que pasaba en la calle.