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2 d’agost de 2008
El dramaturgo tiene 81 años, mucho teatro encima y nada de artificio para denunciar lo que ve: la escena española está "enferma de consumismo, insolidaridad y desinterés". Es como si en un "restaurante", compara, en vez de darte de comer te leyeran una receta de cocina. Frustrante y vacuo.
EFE Monleón, que ha recibido esta semana en los Cursos de Verano de la Complutense en El Escorial el homenaje de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) por su trayectoria y por los 50 años de vida de su revista "Primer Acto", se reconoce en una entrevista con Efe un "agitador cultural" que se mueve cómodo contracorriente y que, desde luego, dice lo que quiere.
Él, muy al contrario de lo que el sector percibe, no cree que el negocio teatral, "el que alimenta las carteleras", goce de una salud "espléndida" ni que esté en "un estado inmejorable". Está, simple y llanamente, "mal", aunque reconoce que hay autores y grupos que luchan contra la situación.
El teatro español, afirma, está "enfermo" y su dolencia puede llamarse "consumismo, insolidaridad, desinterés por el destino ajeno, individualismo. Todo mezclado".
"Es como si el teatro fuera una actividad marginal. Dónde está -se pregunta- la gente, lo humano, el conflicto. Lo que tiene que representar el teatro es lo que está pasando, y aquí se va todo en formalismo, en el oficio, y nada en la intención, en el interés por la persona".
"O el teatro es un acto de amor, como decía Grotowski, o no es nada; o hay un interés por el otro, una aproximación, que lleve a interesarse al espectador por el problema de una persona de soledad, de amor, de muerte... o todo es estéril", resume.
No da nombres pero considera que siempre deberían estar en cartelera los autores que tienen interés por los demás, por la cultura, y traslucen sentido de la convivencia, sin que eso signifique seriedad o complejidad.
Monleón (Tabernes de Valldigna, Valencia, 1927) admite que es una ingenuidad pensar que el teatro es revolución aunque haya habido momentos en la historia en los que se haya creído que sí lo era, pero sí es capaz "de poner de manifiesto que hay ese sentimiento".
"Tu nunca te vas a enamorar por leer un poema pero en un momento en el que estás en una situación propicia a enamorarte es muy posible que su lectura sirva para darte cuenta de tu emoción", explica.
A él le interesa "mucho más" el pensamiento político que la actividad política, por eso cree que "lo suyo" es más ser "un agitador del pensamiento, de la imaginación, que político".
"Muchas acciones políticas son pobres, esquemáticas, muy lineales y al final, ineficaces, porque están apoyadas en pensamientos exiguos", afirma y sentencia que "estar arriba te separa de la realidad; por eso, quien menos ve a España es el que está en lo alto, en el poder", y lo dice alguien, sonríe malicioso, que mide casi dos metros.
Lamenta, además, que en España haya "mucha gente" que se considera de izquierdas y que no es consciente de la crueldad que ejerce Europa sobre África, "un continente que ha sido marginado durante siglos y que está sufriendo la gran paliza del mundo del bienestar".
Le parece "horrible" la indiferencia ante la tragedia de la inmigración e insiste en que es "absurda" una acción política "que está defendiendo leyes sociales para que las mujeres no estén por debajo de los hombres" en la vida social y que a la vez hace "una justicia social" tamizada por el origen de quien vive la desigualdad.
2 d’agost de 2008
El dramaturgo tiene 81 años, mucho teatro encima y nada de artificio para denunciar lo que ve: la escena española está "enferma de consumismo, insolidaridad y desinterés". Es como si en un "restaurante", compara, en vez de darte de comer te leyeran una receta de cocina. Frustrante y vacuo.
EFE Monleón, que ha recibido esta semana en los Cursos de Verano de la Complutense en El Escorial el homenaje de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) por su trayectoria y por los 50 años de vida de su revista "Primer Acto", se reconoce en una entrevista con Efe un "agitador cultural" que se mueve cómodo contracorriente y que, desde luego, dice lo que quiere.
Él, muy al contrario de lo que el sector percibe, no cree que el negocio teatral, "el que alimenta las carteleras", goce de una salud "espléndida" ni que esté en "un estado inmejorable". Está, simple y llanamente, "mal", aunque reconoce que hay autores y grupos que luchan contra la situación.
El teatro español, afirma, está "enfermo" y su dolencia puede llamarse "consumismo, insolidaridad, desinterés por el destino ajeno, individualismo. Todo mezclado".
"Es como si el teatro fuera una actividad marginal. Dónde está -se pregunta- la gente, lo humano, el conflicto. Lo que tiene que representar el teatro es lo que está pasando, y aquí se va todo en formalismo, en el oficio, y nada en la intención, en el interés por la persona".
"O el teatro es un acto de amor, como decía Grotowski, o no es nada; o hay un interés por el otro, una aproximación, que lleve a interesarse al espectador por el problema de una persona de soledad, de amor, de muerte... o todo es estéril", resume.
No da nombres pero considera que siempre deberían estar en cartelera los autores que tienen interés por los demás, por la cultura, y traslucen sentido de la convivencia, sin que eso signifique seriedad o complejidad.
Monleón (Tabernes de Valldigna, Valencia, 1927) admite que es una ingenuidad pensar que el teatro es revolución aunque haya habido momentos en la historia en los que se haya creído que sí lo era, pero sí es capaz "de poner de manifiesto que hay ese sentimiento".
"Tu nunca te vas a enamorar por leer un poema pero en un momento en el que estás en una situación propicia a enamorarte es muy posible que su lectura sirva para darte cuenta de tu emoción", explica.
A él le interesa "mucho más" el pensamiento político que la actividad política, por eso cree que "lo suyo" es más ser "un agitador del pensamiento, de la imaginación, que político".
"Muchas acciones políticas son pobres, esquemáticas, muy lineales y al final, ineficaces, porque están apoyadas en pensamientos exiguos", afirma y sentencia que "estar arriba te separa de la realidad; por eso, quien menos ve a España es el que está en lo alto, en el poder", y lo dice alguien, sonríe malicioso, que mide casi dos metros.
Lamenta, además, que en España haya "mucha gente" que se considera de izquierdas y que no es consciente de la crueldad que ejerce Europa sobre África, "un continente que ha sido marginado durante siglos y que está sufriendo la gran paliza del mundo del bienestar".
Le parece "horrible" la indiferencia ante la tragedia de la inmigración e insiste en que es "absurda" una acción política "que está defendiendo leyes sociales para que las mujeres no estén por debajo de los hombres" en la vida social y que a la vez hace "una justicia social" tamizada por el origen de quien vive la desigualdad.