diumenge, 26 de març de 2017

«Séneca»: combate entre ética y corrupción



El Centro Dramático Nacional y el Festival de Mérida recuperan la obra de Antonio Gala en un montaje dirigido por Emilio Hernández


«La única forma que hay de acercar una estatua hasta nosotros es bajarla de su pedestal, desbrozarla de falsedades y oropeles, y dejarla caer, si es preciso, de bruces. Para mirar a Séneca a los ojos había que reducirlo a nuestra estatura: no solo a la física, sino a la moral; aceptarlo con sus contradicciones, sus incoherencias, su pro y su contra, su obra pero también su vida. No se trata de destronar un mito, sino de deshacer un tópico». Son palabras de Antonio Gala publicadas en ABC el 12 de septiembre de 1987, fecha del estreno de «Séneca o el beneficio de la duda». Casi treinta años después, el Centro Dramático Nacional recupera este texto y lo presenta en el Valle-Inclán en coproducción con el festival de Mérida (donde se estrenará el próximo julio). El montaje cuenta con versión y dirección de Emilio Hernández, y los intérpretes son Diego Garrido, Carmen Linares, Esther Ortega, Eva Rufo, José Luis Sendarrubias, Aka Thiémélé, Antonio Valero, Ignasi Vidal y Carolina Yuste.

Según Emilio Hernández, «Séneca» -así ha dejado el título- «es una obra absolutamente fundamental y totalmente vigente». Para el director, el texto plantea «un combate entre la ética y la corrupción, entre el idealismo y el pragmatismo, entre la belleza y la podredumbre. Gala escribió hace treinta años un prólogo que parece escrito ahora mismo».

Un escenario desnudo es el marco en el que Hernández desarrolla la función, alejada del historicismo, que se asienta fundamentalmente en dos figuras: un joven Nerón y un anciano Séneca. «Nerón representa -explica Diego Garrido, su intérprete-el espíritu joven, las nuevas ideas y las nuevas formas de hacer las cosas, que chocan con el poder establecido, que se lo impide». Séneca, por su parte, «está en su momento final -cuenta Hernández-; se le “ha invitado a morir”, y él se siente más libre que nunca. Ha planteado una sociedad presidida por la ética, pero no ha podido llevarla a cabo, y lucha consigo mismo para intentar comprender como pudo vivir con las ideas que mantuvo».

La versión de Emilio Hernández tiene un elemento fundamental: la música. La firma Marco Rasa, que ha tomado varios poemas del propio Antonio Gala. «Nerón era un apasionado de la poesía y de la música: me parecía que ésta era un elemento necesario. Acentos sirios, flamenco o Monteverdi (su ópera «L’ncoronazione di Poppea) forman el ambiente sonoro. «El propósito era lograr hacer un recorrido por diferentes culturas y diferentes épocas de la música, porque de eso también nos está hablando la obra», dice el director. Cuenta para ello con una de las grandes voces flamencas de la actualidad -Carmen Linares, en su primera incursión en un espectáculo teatral- e Ignasi Vidal, un actor con una larga experiencia en el teatro musical.

Lucio Anneo Séneca –filósofo, pensador, político...– nació en Córdoba en el año 4 a. C. Vivió los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Fue tutor de éste, además de ministro y consejero. Antonio Gala escribió, con motivo del estreno en 1987, que llevaba muchos años acariciando la idea de escribir sobre él. «Las contradicciones que se dan entre la obra y la actitud de Séneca son tan graves –dijo– que no podían dejar de atraer a un autor de teatro. Porque él es, al mismo tiempo, protagonista y antagonista de su vida». Séneca, añadía, «personifica las tentaciones que el poder plantea a la ética, y el contagio con el que la amoralidad asalta a la virtud».

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Una escena de «Séneca» - MarcosGPunto
juliobravo1963 Madrid


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