19 de juny 2008

El amargo centenario del Teatro Colón




8 de juny de 2008

El Teatro Colón, en reformas.
ABEL Gilbert

El Teatro Colón se yergue en el centro de esta ciudad melómana con una majestuosidad rodeada de equívocos. Acaba de cumplir 100 años y no encontró mejor idea que festejarlo con las puertas cerradas. Homenaje paradójico para una sala que siempre ha sido considerada entre las cinco más importantes del mundo por su acústica y exigencia artística.
Por el Colón han desfilado las estrellas de la ópera, el ballet y la música sinfónica, de Beniamino Gigli a Richard Strauss, de Igor Stravinsky a Maia Plisetskaya. El teatro es una versión a escala reducida de las grandezas y desdichas de una ciudad y un país.
Abrió en épocas de prosperidad. Una sala a la medida de la renta agraria y los sueños --que sueños son-- de ser París. Pero, muy pronto, se puso en escena otra de las paradojas nacionales: el Colón era una empresa por encima de las posibilidades reales. "Desde hace más de 10 años sostenemos una verdad que, por evidente que sea, no tiene menos interesados en ocultarla: el teatro lírico está atravesando una grave crisis", advertía ya en 1921 el diario La Nación.
El Estado terminó haciéndose cargo de su gestión, pero sin resolver el malentendido. En los años 90, cuando el peso argentino era un equivalente fantasioso del dólar, el teatro llegó a contar con un presupuesto que era similar al del Covent Garden de Londres. Este despropósito resultó tan insostenible como la paridad cambiaria. Cuando, en diciembre del 2001, Argentina se desplomó, el Colón, naturalmente, tuvo su propia y pronunciada pendiente. La precariedad fue tal que llegó a tener dificultades económicas para el alquiler de partituras.
Gestionar el Colón en una ciudad de melómanos es un problema adicional para las autoridades de Buenos Aires, que nunca aciertan en la designación de sus directores. El actual jefe de Gobierno de la capital, Mauricio Macri, ha colocado ahora a Horacio Sanguinetti. En su currículo figura haber sido director del Colegio Nacional Buenos Aires, una escuela secundaria de élite, y una confesa vocación de coleccionista de discos de ópera. Sanguinetti encontró al Colón cerrado, en supuesta plena etapa de reformas estructurales. Y seguirá así por mucho tiempo porque esas reformas están en el limbo.
Daniel Barenboim, uno de los grandes directores y pianistas de su tiempo, fue el que mejor definió esta penosa efeméride. Barenboim nació y dio sus primeros pasos en Buenos Aires. Argentina representa, en ese sentido, un episodio más que sentimental de su vida. Barenboim, al frente de la prestigiosa Staatskapelle de Berlín, ofreció un concierto en el Luna Park. Deberían haber actuado en el Colón y lo estaban haciendo en lo que ha sido siempre un estadio de boxeo.
Barenboim no pasó por alto la circunstancia. "Que el Colón no esté abierto es un indicio de que aquí algo no está funcionando. Pido a todas las personas, responsables o irresponsables, que dejen de lado sus ambiciones personales y su orgullo personal, que son algo muy pequeño y de poco valor comparado con lo que este teatro representa", dijo.
La gente lo ovacionó. De pie.