10 de gener 2007

Un país de azúcar


5 de gener de 2007

‘Peter Pan, el musical’ resultó un montaje de impecable factura y argumento dulzón, que hizo las delicias de pequeños y mayores
Por : Elena Clemente

Dos momentos de la primera función de ‘Peter Pan, el musical’, del que se ha ofrecido esta semana por el Buero Vallejo cuatro pases. (Foto: NANDO RUIZ)
Peter Pan, el musical’ tiene todo lo necesario para enganchar a los más pequeños. Es un montaje de impecable factura, magníficamente cantado, calculadamente interpretado, con una escenografía impresionante, unos efectos especiales que captan irremediablemente la atención y una buena dosis de mermelada aderezada con canciones pop, baladas previsibles y temas rock con alguna salida funky.Es Navidad y ‘Peter Pan’ se antoja la receta más apetecible para los tiempos que corren. El argumento de la historia, eso sí, es simple: El infantil Peter Pan, héroe encarnado por un espléndido Juan Dávila, es un niño que no quiere crecer. Vive bien y se divierte en su país de ‘Nuncajamás’ con su amiga Campanilla, ‘Campi’ –un puntero láser en forma de hada, que no habla– y un grupo de niños perdidos, “los que se caen de su cochecito ante la distracción de quien le cuida”.Una noche, Peter Pan se cuela en la adinerada casa de la familia Darling y se hace amigo de Wendy, la protagonista femenina de la historia –impecable voz de Mirela Cabero, ex- de Eurojunior– y de sus dos hermanos, Michael y John. Juntos viajarán a ‘Nuncajamás’, aunque los vuelos prometidos, diseñados por el equipo del mago David Copperfield, en realidad se resumen en uno solo.En ese país, lleno de maravillas visuales y números musicales entretenidos –un notable baile indio, que acaba en una demostración de percusión, de gimnasia y un fugaz homenaje a Moulin Rouge– habita el malvado y fácilmente irritable Capitán Garfio (interpretado por el director vocal del montaje, Miguel Angel Gamero, que también da vida en este cuento al Sr. Darling). El capitán pirata canta rock y tiene como grumetes a una panda dirigida por el Sr. Smee, un subalterno con acento de Cádiz, que hace un escueto papel y juega, fundamentalmente, con el público. No faltan tampoco en esta fábula, que reividica el espíritu infantil, la magia y la ilusión para la vida, piratas tartamudos y espléndidos actores que, aunque secundarios, se convierten en indios, bucaneros, sirenas y bailarines a la vez.El público aplaudió el montaje, de más de dos horas de duración –con descanso de diez minutos incluido– que finalizó con un ‘popurrí’ de los temas que componen la banda sonora. ‘Peter Pan, el musical’ resultó finalmente un plato entretenido para los más pequeños –con una primera parte color de rosa, brillante introducción de láser incluida y una segunda, más llevadera– pero con demasiado azúcar en su interior. Aunque de lo que se trataba, claro, era de que los más pequeños se divirtieran. Por eso, prueba conseguida.