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30 de maig de 2008
LONDRES (AFP)
Un fascinante espectáculo creado por una de las estrellas de la danza contemporánea, Sidi Larbi Cherkaoui, con 17 monjes guerreros del templo Shaolin, se estrenó mundialmente el miércoles en Londres, antes de viajar a Roma, Aviñón (Francia), Berlín, Atenas, Barcelona y Madrid.
El bailarín y coreógrafo belga-marroquí ensayó 'Sutra' en el recinto del milenario templo chino Shaolin, al pie de las montañas Songshan, en la provincia central de Henan, antes de traer la obra al teatro Sadler's Wells, el templo de la danza contemporánea londinense.
Larbi, que desde niño adoraba el kung-fu y a Bruce Lee, ha combinado los gestos marciales de los monjes, sus saltos sobrehumanos, su increíble energía, con la vulnerabilidad lírica de sus propios movimientos, que evocan por momentos a Chaplin, y con la música melancólica de un piano y un violoncelo.
"Mágico, cautivador", tituló el jueves el crítico del diario Evening Standard, saludando un espectáculo que dice que no se parece a nada visto antes.
Veintiuna cajas de madera rústica y una de aluminio, creadas para el espectáculo por el artista británico Anthony Gormley, componen la escenografía de 'Sutra'.
De esas cajas en forma de féretros los monjes con cabeza rapada -vestidos primero con sus sencillas vestimentas tradicionales y luego en trajes oscuros, occidentales- entran y salen, se suben, practican kung-fu y taichí, luchan con espadas o palos, forman barreras, dominós, laberintos, barcazas, cementerios.
A base sólo de imágenes, la pieza evoca, a través de las evoluciones de los monjes, lo que está pasando en Tíbet, en Birmania, en China. Evoca Tiananmén, Mao, la Gran Muralla, dictaduras, guerras, la Ciudad Prohibida, el milenario ejército de terracota de Xian.
Entre los monjes, hay también un niño de 11 años, Dong Dong, que estudia desde hace años en el templo Shaolin, y que a veces pone un toque de humor en la obra.
"Siempre he estado interesado en la danza porque es una de las formas de arte más valientes y directas", dijo al diario The Independent el popular escultor británico Gormley, que viajó al templo para ver a los monjes practicar kung-fu.
Larbi ha admitido que, aunque no habla nunca de política de manera directa, sí lo hace con metáforas. Pero recalca sobre todo su fascinación y respeto por la tradición de los monjes guerreros.
"Como bailarín y coreógrafo, estaba inspirado por su comprensión del movimiento, su total identificación con la vida alrededor de ellos, esa sorprendente capacidad de convertirse en la esencia de un tigre, una grúa o una serpiente", explicó.
Tras el Sadler's Wells, la obra, que recibió una ovación de pie del público londinense, viajará a Berlín, Atenas y al Festival de Aviñón, en el sur de Francia, antes de presentarse en Barcelona en el marco del Festival Grec, a mediados de julio, y en Madrid, en el Festival de Otoño.
30 de maig de 2008
LONDRES (AFP)
Un fascinante espectáculo creado por una de las estrellas de la danza contemporánea, Sidi Larbi Cherkaoui, con 17 monjes guerreros del templo Shaolin, se estrenó mundialmente el miércoles en Londres, antes de viajar a Roma, Aviñón (Francia), Berlín, Atenas, Barcelona y Madrid.
El bailarín y coreógrafo belga-marroquí ensayó 'Sutra' en el recinto del milenario templo chino Shaolin, al pie de las montañas Songshan, en la provincia central de Henan, antes de traer la obra al teatro Sadler's Wells, el templo de la danza contemporánea londinense.
Larbi, que desde niño adoraba el kung-fu y a Bruce Lee, ha combinado los gestos marciales de los monjes, sus saltos sobrehumanos, su increíble energía, con la vulnerabilidad lírica de sus propios movimientos, que evocan por momentos a Chaplin, y con la música melancólica de un piano y un violoncelo.
"Mágico, cautivador", tituló el jueves el crítico del diario Evening Standard, saludando un espectáculo que dice que no se parece a nada visto antes.
Veintiuna cajas de madera rústica y una de aluminio, creadas para el espectáculo por el artista británico Anthony Gormley, componen la escenografía de 'Sutra'.
De esas cajas en forma de féretros los monjes con cabeza rapada -vestidos primero con sus sencillas vestimentas tradicionales y luego en trajes oscuros, occidentales- entran y salen, se suben, practican kung-fu y taichí, luchan con espadas o palos, forman barreras, dominós, laberintos, barcazas, cementerios.
A base sólo de imágenes, la pieza evoca, a través de las evoluciones de los monjes, lo que está pasando en Tíbet, en Birmania, en China. Evoca Tiananmén, Mao, la Gran Muralla, dictaduras, guerras, la Ciudad Prohibida, el milenario ejército de terracota de Xian.
Entre los monjes, hay también un niño de 11 años, Dong Dong, que estudia desde hace años en el templo Shaolin, y que a veces pone un toque de humor en la obra.
"Siempre he estado interesado en la danza porque es una de las formas de arte más valientes y directas", dijo al diario The Independent el popular escultor británico Gormley, que viajó al templo para ver a los monjes practicar kung-fu.
Larbi ha admitido que, aunque no habla nunca de política de manera directa, sí lo hace con metáforas. Pero recalca sobre todo su fascinación y respeto por la tradición de los monjes guerreros.
"Como bailarín y coreógrafo, estaba inspirado por su comprensión del movimiento, su total identificación con la vida alrededor de ellos, esa sorprendente capacidad de convertirse en la esencia de un tigre, una grúa o una serpiente", explicó.
Tras el Sadler's Wells, la obra, que recibió una ovación de pie del público londinense, viajará a Berlín, Atenas y al Festival de Aviñón, en el sur de Francia, antes de presentarse en Barcelona en el marco del Festival Grec, a mediados de julio, y en Madrid, en el Festival de Otoño.