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25 abril de 2009
El TNC estrena el miércoles 29 en su Sala Petita una versión del clásico de Federico García Lorca dirigida por Lluís Pasqual
JUSTO BARRANCO
Barcelona
La casa de Bernarda Alba reúne por primera vez a dos grandes actrices sobre el escenario, Núria Espert y Rosa Maria Sardà, a las órdenes Lluís Pasqual, que ya las ha dirigido por separado. Espert, además, debutó en la dirección teatral con este título en Londres hace ya dos décadas, con Glenda Jackson en el papel que ella lleva ahora a las tablas, una Bernarda en la que, dice Espert, "salía la personalidad de Glenda y era como un hombre... Yo no tengo esta biografía y de hecho he buscado lo contrario, los puntos débiles de esta especie de monstruo, qué le pasa, por qué". Rosa Maria Sardà es Poncia, su criada, y la obra se representará a partir del miércoles en un lugar intimista, la Sala Petita del TNC, con el público a ambos lados de un escenario blanco y desnudo.
¿Sienten mucha presión por lo que se espera de ustedes juntos?
Núria Espert: Por lo que pensarán, no. Por cómo saldrá, porque todo lo que quisiera que me pasara, que me pase. Pero si gustará o no gustará al público, no es el momento.
Rosa Maria Sardà: Yo lo que querría es agradarles a Lluís y a Núria y que estén orgullosos de mí. N. E. (ríe): Pues eso ya lo tienes logrado, ya no cabe que vengas. Lluís Pasqual: Yo más que presión siento responsabilidad, un compromiso que tomas con un autor. Lo escoges porque crees en aquellas palabras y las quieres transmitir con la intensidad que tú las sientes cuando las lees. Eso es más fuerte que la presión externa, si la hubiera.
Se multiplican las Bernardas Albas en escena, aquí, en el extranjero, en teatro, en danza. ¿Qué tiene Bernarda Alba para ser universal?
LL. P.: Para nosotros es una cosa, Lorca retrata el ambiente un segundo antes del big bang de la Guerra Civil. Pero en general, y en el resto del mundo sobre todo, es una metáfora de cómo la violencia y la intolerancia intentan poner una tapa de plomo sobre los sentimientos de la gente...
N. E.: Sobre la vida.
LL. P.: Y eso explota, y produce muerte. Es una metáfora que va más allá del tiempo y el espacio. Como todas las grandes metáforas salen de cosas muy concretas, en el caso de Lorca nace de una electricidad que él respiraba. Y que le duró poco y le explotó en la cara.
¿Con qué Bernarda Alba se van a encontrar los espectadores?
LL. P.: Todas son diferentes, porque las actrices que la hacen tienen una personalidad.
N. E.: Y el director una visión.
LL. P.: Espero que encuentren la Bernarda Alba que nos toca en el momento que vivimos.
¿Y cómo es?
LL. P.: Una Bernarda Alba radical, por un lado, y pensar que el mal, el poder, la opresión, la violencia, no son términos abstractos, sino comportamientos humanos. Los hacemos nosotros.
N. E.: Todos lo que nos parecen monstruos son gente como nosotros con unos comportamientos absolutamente...
R. M. S.: Aquello de esto lo digo yo en nombre de un Dios, el que sea, el de los cristianos, los islamistas... y se mata en su nombre.
Ha dicho Núria Espert que en esta Bernarda también se enseña su parte humana.
N. E.: Es que sus debilidades están escritas. Cuando ella dice "recuerda que esta es tu obligación", quiere decir que alguna cosa dentro de ella estaba luchando por salir, que todo lo que ha mamado, que ha aprendido, la lleva a la dureza ya la inflexibilidad, pero si se lo tiene que imponer y recordarse a sí misma que tiene la obligación de someter a estas personas a unas leyes que ya le impusieron a ella, quiere decir que alguna cosa dentro flaquea, o le parecería lo más natural del mundo.
LL. P.: En el primer acto no dice que la gente sea mala o no, sino cuánto esfuerzo cuesta hacer que la gente vaya por el camino recto. Que hagan lo que han de hacer, que no se sabe lo que es. N. E. (ríe): Sí que se sabe. Lo que ella dice. Abstinencia, obediencia...
LL. P: El decálogo.
¿Cómo ha sido el encuentro de Rosa Maria Sardà y Núria Espert sobre el escenario?
R. M. S.: Nos conocemos de fuera, no he tenido sorpresas.
N. E.: Yo tampoco.
R. M. S.: Encontrarse en el escenario con Núria es la seguridad de que nada irá mal. Yo tengo esta sensación. Y la Bernarda de Núria no me ha sorprendido porque la conozco y sabía por dónde iría, me gusta mucho adivinar. Y tener razón. Siempre.
N. E.: Yo la Poncia de Rosa la he ido siguiendo como una novela policiaca porque ella comenzó con mucha inseguridad y todo lo preguntaba como una niña pequeña, y se ha convertido en lo que es, una grandísima actriz.
¿Por qué las eligió a ellas?
LL. P.: Casi era una evidencia. Salían del papel cuando leía las dos voces. Parto de la idea de que es una tragedia y de que son dos maneras de tener un sentimiento trágico, el de Bernarda y el de Poncia, pero ambos lo tienen. Auna criada sólo respondona la habría echado al cabo de un año. Se necesita un grado de inteligencia para tener esa relación sadomasoquista, de yo te permito que me digas la verdad que yo no me atrevo a decirme y tú permites que te la diga.
Espert y Pasqual han dirigido ya Bernarda Alba.¿En qué se diferencian sus versiones? N. E.: Fue mi primera dirección, muy inmadura, insegura. Tuve a las mejores actrices del mundo, los ingleses son los mejores actores de teatro. Salió un espectáculo que funcionó bien. Y cuando Lluís me pidió que actuara en Bernarda Alba,primero no me hizo ninguna gracia y luego le dije de manera seria que una de las cosas importantísimas para que fuera bien era entender que cuando le preguntara algo no venía de que yo hubiera dirigido algo de lo que ni me acuerdo, sino de que serían las preguntas que hago siempre como actriz: por qué lo dice, por qué lo hace... Sin el chip de la directora, porque no lo soy, soy una actriz que ha dirigido cosas. Quizá habría podido ser directora si hubiera comenzado antes, pero me vino de una manera tan regalada que siempre me he sentido como una impostora dirigiendo, por eso hace años que no quiero hacerlo. Esta Bernarda Alba no tiene nada que ver con aquella que hice. Cuando la dirigí estaba bien y esta lo está igualmente.
25 abril de 2009
El TNC estrena el miércoles 29 en su Sala Petita una versión del clásico de Federico García Lorca dirigida por Lluís Pasqual
JUSTO BARRANCO
Barcelona
La casa de Bernarda Alba reúne por primera vez a dos grandes actrices sobre el escenario, Núria Espert y Rosa Maria Sardà, a las órdenes Lluís Pasqual, que ya las ha dirigido por separado. Espert, además, debutó en la dirección teatral con este título en Londres hace ya dos décadas, con Glenda Jackson en el papel que ella lleva ahora a las tablas, una Bernarda en la que, dice Espert, "salía la personalidad de Glenda y era como un hombre... Yo no tengo esta biografía y de hecho he buscado lo contrario, los puntos débiles de esta especie de monstruo, qué le pasa, por qué". Rosa Maria Sardà es Poncia, su criada, y la obra se representará a partir del miércoles en un lugar intimista, la Sala Petita del TNC, con el público a ambos lados de un escenario blanco y desnudo.
¿Sienten mucha presión por lo que se espera de ustedes juntos?
Núria Espert: Por lo que pensarán, no. Por cómo saldrá, porque todo lo que quisiera que me pasara, que me pase. Pero si gustará o no gustará al público, no es el momento.
Rosa Maria Sardà: Yo lo que querría es agradarles a Lluís y a Núria y que estén orgullosos de mí. N. E. (ríe): Pues eso ya lo tienes logrado, ya no cabe que vengas. Lluís Pasqual: Yo más que presión siento responsabilidad, un compromiso que tomas con un autor. Lo escoges porque crees en aquellas palabras y las quieres transmitir con la intensidad que tú las sientes cuando las lees. Eso es más fuerte que la presión externa, si la hubiera.
Se multiplican las Bernardas Albas en escena, aquí, en el extranjero, en teatro, en danza. ¿Qué tiene Bernarda Alba para ser universal?
LL. P.: Para nosotros es una cosa, Lorca retrata el ambiente un segundo antes del big bang de la Guerra Civil. Pero en general, y en el resto del mundo sobre todo, es una metáfora de cómo la violencia y la intolerancia intentan poner una tapa de plomo sobre los sentimientos de la gente...
N. E.: Sobre la vida.
LL. P.: Y eso explota, y produce muerte. Es una metáfora que va más allá del tiempo y el espacio. Como todas las grandes metáforas salen de cosas muy concretas, en el caso de Lorca nace de una electricidad que él respiraba. Y que le duró poco y le explotó en la cara.
¿Con qué Bernarda Alba se van a encontrar los espectadores?
LL. P.: Todas son diferentes, porque las actrices que la hacen tienen una personalidad.
N. E.: Y el director una visión.
LL. P.: Espero que encuentren la Bernarda Alba que nos toca en el momento que vivimos.
¿Y cómo es?
LL. P.: Una Bernarda Alba radical, por un lado, y pensar que el mal, el poder, la opresión, la violencia, no son términos abstractos, sino comportamientos humanos. Los hacemos nosotros.
N. E.: Todos lo que nos parecen monstruos son gente como nosotros con unos comportamientos absolutamente...
R. M. S.: Aquello de esto lo digo yo en nombre de un Dios, el que sea, el de los cristianos, los islamistas... y se mata en su nombre.
Ha dicho Núria Espert que en esta Bernarda también se enseña su parte humana.
N. E.: Es que sus debilidades están escritas. Cuando ella dice "recuerda que esta es tu obligación", quiere decir que alguna cosa dentro de ella estaba luchando por salir, que todo lo que ha mamado, que ha aprendido, la lleva a la dureza ya la inflexibilidad, pero si se lo tiene que imponer y recordarse a sí misma que tiene la obligación de someter a estas personas a unas leyes que ya le impusieron a ella, quiere decir que alguna cosa dentro flaquea, o le parecería lo más natural del mundo.
LL. P.: En el primer acto no dice que la gente sea mala o no, sino cuánto esfuerzo cuesta hacer que la gente vaya por el camino recto. Que hagan lo que han de hacer, que no se sabe lo que es. N. E. (ríe): Sí que se sabe. Lo que ella dice. Abstinencia, obediencia...
LL. P: El decálogo.
¿Cómo ha sido el encuentro de Rosa Maria Sardà y Núria Espert sobre el escenario?
R. M. S.: Nos conocemos de fuera, no he tenido sorpresas.
N. E.: Yo tampoco.
R. M. S.: Encontrarse en el escenario con Núria es la seguridad de que nada irá mal. Yo tengo esta sensación. Y la Bernarda de Núria no me ha sorprendido porque la conozco y sabía por dónde iría, me gusta mucho adivinar. Y tener razón. Siempre.
N. E.: Yo la Poncia de Rosa la he ido siguiendo como una novela policiaca porque ella comenzó con mucha inseguridad y todo lo preguntaba como una niña pequeña, y se ha convertido en lo que es, una grandísima actriz.
¿Por qué las eligió a ellas?
LL. P.: Casi era una evidencia. Salían del papel cuando leía las dos voces. Parto de la idea de que es una tragedia y de que son dos maneras de tener un sentimiento trágico, el de Bernarda y el de Poncia, pero ambos lo tienen. Auna criada sólo respondona la habría echado al cabo de un año. Se necesita un grado de inteligencia para tener esa relación sadomasoquista, de yo te permito que me digas la verdad que yo no me atrevo a decirme y tú permites que te la diga.
Espert y Pasqual han dirigido ya Bernarda Alba.¿En qué se diferencian sus versiones? N. E.: Fue mi primera dirección, muy inmadura, insegura. Tuve a las mejores actrices del mundo, los ingleses son los mejores actores de teatro. Salió un espectáculo que funcionó bien. Y cuando Lluís me pidió que actuara en Bernarda Alba,primero no me hizo ninguna gracia y luego le dije de manera seria que una de las cosas importantísimas para que fuera bien era entender que cuando le preguntara algo no venía de que yo hubiera dirigido algo de lo que ni me acuerdo, sino de que serían las preguntas que hago siempre como actriz: por qué lo dice, por qué lo hace... Sin el chip de la directora, porque no lo soy, soy una actriz que ha dirigido cosas. Quizá habría podido ser directora si hubiera comenzado antes, pero me vino de una manera tan regalada que siempre me he sentido como una impostora dirigiendo, por eso hace años que no quiero hacerlo. Esta Bernarda Alba no tiene nada que ver con aquella que hice. Cuando la dirigí estaba bien y esta lo está igualmente.