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5 de març de 2008
ROBERTO HERRERO
FICHA
Título: Secando charcos.
Autora: Maite Agirre.
Directora: Garbi Losada.
Intérpretes: Maite Agirre, Ander Lipus, Joseba Usabiaga, Inés Martínez de Iturrate.
Lugar: Sala Niessen (Errenteria)
Fechas: Jueves 6, euskera. Sábado 8, castellano.
Hora: 20.00 horas.
Dirigida por Garbi Losada, la obra se estrena mañana en euskera y el sábado en castellano en Errenteria
san sebastián. DV. «Me surgió la necesidad de poner frente a frente a un hombre y a una mujer que se quieren intensamente y que viven juntos hace mucho tiempo. Una pareja que en un momento dado quieren mirarse a los ojos y decir, bueno, vamos a ver qué hay detrás de cada uno, qué pasa entre nosotros con una serie de cosas».
Es Maite Agirre contando el empujón que le animó a escribir la obra de teatro Secando charcos, la misma que mañana se estrena en su versión en euskera y el sábado en castellano. Esta vez Agirre ha preferido dejar la dirección en manos de otra persona, Garbi Losada, y centrarse en la interpretación. «No puedo interpretar y dirigir al mismo tiempo. Lo he hecho alguna vez, pero no se consigue el mismo nivel actoral si te diriges. Para ciertos experimentos puede valer, pero no para una obra como ésta donde la figura del director es clave».
Acompañando a Maite en el escenario está Ander Lipus, fundador de la Fábrica de Teatro Imaginario y uno de los creadores teatrales más intrépidos del teatro vasco. Ellos son Ramona y Ramón cuando tienen poco más de cuarenta años, en pleno proceso de repaso a su vida en común. Junto a ellos otra pareja de actores, Joseba Usabiaga e Inés Martínez de Iturrate, que representan también a Ramón y Ramona, pero con bastante menos años, cuando todo empezaba entre ellos. «De jóvenes somos inconscientes, pero valientes. Luego nos llega la lucidez y nos volvemos cobardes».
La pareja que salió de la escritura de Agirre es la de «un hombre y una mujer fuera de los tópicos». Imaginar cómo «entrar en la piel de ellos dos fue el primer viaje que hice con esta obra», recuerda la creadora de la compañía Agerre Teatro, galardonada hace poco con el Premio Max al mejor texto en euskera por Haur Kabareta.
De su personaje, Ramona, cuenta que «es una mujer cuya vida va paralela a la sociedad, ella no quiere renunciar a su deseo ni a la pasión, parece una tontería pero es algo fundamental porque renunciando a eso es como si se renuncia a la vida. Ramona se encara con eso y dice que además del amor y más allá del amor está todo eso a lo que no quiere renunciar».
Aparentemente felices
Ramón y Ramona tienen poco más de cuarenta años. «Son dos personas aparentemente felices. Me impactó mucho la película de Bergman, Secretos de un matrimonio, porque cuando algo parece que marcha muy bien, de repente cada uno empieza a escarbar y encuentra un montón de charcos».
Con la vida «hay que apostar fuerte», reconoce Maite Agirre que comenzó en la escena en Dagoll Dagom nada más crearse la compañía mediados los setenta. «Tanto estar juntos desde el amor como desde el desamor es siempre una apuesta, un riesgo. Y sobre todo en una mujer, creo que es muy hermoso que Ramona no quiera renunciar a su deseo».
Una alta temperatura emotiva cruza el texto y también la puesta en escena porque, según Maite Agirre, «la directora es muy exigente y no se conforma con medias tintas. O tu emoción es real y valiente en escena o no le vale».
Abanderada del teatro moderno y a veces hasta rompedor, Agirre niega que ahora se haya puesto tierna con esta obra. «Me pongo valiente, que es otra cosa. Ander Lipus y yo nos reímos mucho, porque hemos tenido el coraje y la valentía de hablar de amor. Ni él ni yo pensábamos hacerlo tanto, nos ha empujado la directora cuando cogió el texto lo reescribió y nos empezó a exigir, a arriesgar y dejar fuera todos nuestros pudores físicos e intelectuales».
Y puesto a hacerlo «que sea con nivel», apunta. «Hay géneros que no se tocan porque son muy difíciles. Esto ha sido un reto. Es muy sano hacerse de tanto en tanto un chequeo actoral como éste. Eres una actriz, eres un actor, ¡pues venga, vamos a ver si eres capaz de hacerme llorar! ¿Para qué sirve un actor, sólo para decirme frases bonitas que tengan contundencia y suenen muy guay?». La modernidad teatral no piensa Agirre que esté en las historias que se cuentan, «sino en cómo se cuentan. La modernidad tiene que estar en el lenguaje, no tanto en las historias, ¡pero si siempre hablamos de lo mismo, de amor, muerte y sexo!». El montaje cuenta con música escrita para la ocasión e interpretada en directo por una de las actrices, Inés Martínez de Iturrate.
Sabedora de que le ha perseguido el sambenito de rara dentro del teatro vasco, Agirre cree que «a los que hemos ido por delante nos ha tocado recibir los golpes, pero ha merecido la pena, volvería a repetirlo. Con Secando charcos busca a un público mucho más amplio. «El tema del amor encanta. En un curso en la universidad propuse hacer Romeo y Julieta y se apuntó todo pichichi. La sociedad vasca es muy pudorosa con el amor, ¡pues, bien, vamos a hablar del amor! n
5 de març de 2008
ROBERTO HERRERO
FICHA
Título: Secando charcos.
Autora: Maite Agirre.
Directora: Garbi Losada.
Intérpretes: Maite Agirre, Ander Lipus, Joseba Usabiaga, Inés Martínez de Iturrate.
Lugar: Sala Niessen (Errenteria)
Fechas: Jueves 6, euskera. Sábado 8, castellano.
Hora: 20.00 horas.
Dirigida por Garbi Losada, la obra se estrena mañana en euskera y el sábado en castellano en Errenteria
san sebastián. DV. «Me surgió la necesidad de poner frente a frente a un hombre y a una mujer que se quieren intensamente y que viven juntos hace mucho tiempo. Una pareja que en un momento dado quieren mirarse a los ojos y decir, bueno, vamos a ver qué hay detrás de cada uno, qué pasa entre nosotros con una serie de cosas».
Es Maite Agirre contando el empujón que le animó a escribir la obra de teatro Secando charcos, la misma que mañana se estrena en su versión en euskera y el sábado en castellano. Esta vez Agirre ha preferido dejar la dirección en manos de otra persona, Garbi Losada, y centrarse en la interpretación. «No puedo interpretar y dirigir al mismo tiempo. Lo he hecho alguna vez, pero no se consigue el mismo nivel actoral si te diriges. Para ciertos experimentos puede valer, pero no para una obra como ésta donde la figura del director es clave».
Acompañando a Maite en el escenario está Ander Lipus, fundador de la Fábrica de Teatro Imaginario y uno de los creadores teatrales más intrépidos del teatro vasco. Ellos son Ramona y Ramón cuando tienen poco más de cuarenta años, en pleno proceso de repaso a su vida en común. Junto a ellos otra pareja de actores, Joseba Usabiaga e Inés Martínez de Iturrate, que representan también a Ramón y Ramona, pero con bastante menos años, cuando todo empezaba entre ellos. «De jóvenes somos inconscientes, pero valientes. Luego nos llega la lucidez y nos volvemos cobardes».
La pareja que salió de la escritura de Agirre es la de «un hombre y una mujer fuera de los tópicos». Imaginar cómo «entrar en la piel de ellos dos fue el primer viaje que hice con esta obra», recuerda la creadora de la compañía Agerre Teatro, galardonada hace poco con el Premio Max al mejor texto en euskera por Haur Kabareta.
De su personaje, Ramona, cuenta que «es una mujer cuya vida va paralela a la sociedad, ella no quiere renunciar a su deseo ni a la pasión, parece una tontería pero es algo fundamental porque renunciando a eso es como si se renuncia a la vida. Ramona se encara con eso y dice que además del amor y más allá del amor está todo eso a lo que no quiere renunciar».
Aparentemente felices
Ramón y Ramona tienen poco más de cuarenta años. «Son dos personas aparentemente felices. Me impactó mucho la película de Bergman, Secretos de un matrimonio, porque cuando algo parece que marcha muy bien, de repente cada uno empieza a escarbar y encuentra un montón de charcos».
Con la vida «hay que apostar fuerte», reconoce Maite Agirre que comenzó en la escena en Dagoll Dagom nada más crearse la compañía mediados los setenta. «Tanto estar juntos desde el amor como desde el desamor es siempre una apuesta, un riesgo. Y sobre todo en una mujer, creo que es muy hermoso que Ramona no quiera renunciar a su deseo».
Una alta temperatura emotiva cruza el texto y también la puesta en escena porque, según Maite Agirre, «la directora es muy exigente y no se conforma con medias tintas. O tu emoción es real y valiente en escena o no le vale».
Abanderada del teatro moderno y a veces hasta rompedor, Agirre niega que ahora se haya puesto tierna con esta obra. «Me pongo valiente, que es otra cosa. Ander Lipus y yo nos reímos mucho, porque hemos tenido el coraje y la valentía de hablar de amor. Ni él ni yo pensábamos hacerlo tanto, nos ha empujado la directora cuando cogió el texto lo reescribió y nos empezó a exigir, a arriesgar y dejar fuera todos nuestros pudores físicos e intelectuales».
Y puesto a hacerlo «que sea con nivel», apunta. «Hay géneros que no se tocan porque son muy difíciles. Esto ha sido un reto. Es muy sano hacerse de tanto en tanto un chequeo actoral como éste. Eres una actriz, eres un actor, ¡pues venga, vamos a ver si eres capaz de hacerme llorar! ¿Para qué sirve un actor, sólo para decirme frases bonitas que tengan contundencia y suenen muy guay?». La modernidad teatral no piensa Agirre que esté en las historias que se cuentan, «sino en cómo se cuentan. La modernidad tiene que estar en el lenguaje, no tanto en las historias, ¡pero si siempre hablamos de lo mismo, de amor, muerte y sexo!». El montaje cuenta con música escrita para la ocasión e interpretada en directo por una de las actrices, Inés Martínez de Iturrate.
Sabedora de que le ha perseguido el sambenito de rara dentro del teatro vasco, Agirre cree que «a los que hemos ido por delante nos ha tocado recibir los golpes, pero ha merecido la pena, volvería a repetirlo. Con Secando charcos busca a un público mucho más amplio. «El tema del amor encanta. En un curso en la universidad propuse hacer Romeo y Julieta y se apuntó todo pichichi. La sociedad vasca es muy pudorosa con el amor, ¡pues, bien, vamos a hablar del amor! n
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