01 de juny 2008

Esto es teatro social... sin caer en el tópico



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26 de maig de 2008

La compañía balear La Impaciència apuesta por la sátira cotidiana en Radiografies

Rodo (izq.), Luca (de pie) y Salvador, durante la representación en el teatre del Raval. –
TONI POLO
TONI POLO – BARCELONA

Un escenario vacío. Aparece Salvador con una silla plegable de madera. Y espera. Aparece Luca con una silla idéntica. También Rodo, igual. Y ya tenemos en escena todos los elementos de Radiografies, una divertida, cercana y entretenida representación basada en cuentos del escritor mallorquín Albert Herranz. Una representación simple, sincera y llana.

Ahí está su encanto, en la simplicidad. Cuentan cosas cercanas, discuten, se pelean, pasean por Manacor, buscan una gasolinera que atracar, uno acaba completamente borracho, se trasladan en el tiempo hasta la España de la posguerra (la de una entrañable senyora Remei) y hasta Banja Luka, montan un espeluznante concurso de televisión, se convierten en marineros sindicalistas.

Nada tiene que ver con nada, aparentemente. Porque las historias están hilvanadas con maestría. Los actores se desdoblan y pasan de una escena (es un decir: no hay escenografía) a otra sin que la obra chirríe.

El triunfo de la sencillez

Radiografies, que se acaba de instalar en el teatre del Raval de Barcelona hasta el 1 de junio, ha sido un éxito. Fue la sensación de Baleares y probaron (corriendo con todos los gastos; es decir, perdiendo dinero) en la Mostra de Teatre de Barcelona, a finales del año pasado, donde se llevaron el premio al mejor espectáculo.

Luca Bonadei (italiano de 47 años, de los que 18 vivió en Mallorca; o sea, mallorquín ya), Salvador Oliva (34 años, mallorquín de toda la vida) y Rodo Gener (menorquín de 34 años) forman la compañía La Impaciència, oficializada el pasado mes de enero.

No teníamos un duro, por eso la escenografía es tan... simple, comenta Salvador Oliva. Por simple, quiere decir inexistente: las citadas sillas, compradas por él mismo en IKEA, es todo cuanto cargan en su periplo. Sin embargo, consiguen crear hasta efectos especiales: una moto, una furgona, un niño pequeño, escenas en cámara lenta... Y es que hay veces en que el racionamiento de medios es la mejor la receta. Y funciona.

¿Una pantera rosa?

La compañía ha tenido claro desde el principio lo que quiere. Un teatro social, sin caer en el tópico, explica Salvador. Para ello, nada mejor que las historias cotidianas. Las discusiones son cercanas: ¿Se dice un pantera rosa o una pantera rosa?. Todo el mundo sabe que es masculino, puesto que se refiere al pastelito, pero... Los que dicen un coca-cola y un fanta se sienten tentados de intervenir.

Pero la cosa tiene mucho de sátira. Oliva lo define desencanto optimista. Y se explica: Pensamos que la vida, en el fondo, es una gran mentira, pero hay que jugar con ella. Así lo refleja el texto, plagado de guiños a la actualidad. Son las únicas improvisaciones: siempre hay sitio para comentarios sobre la situación política. El PP nos ha dado mucho juego.

Pero algunos de los chistes son ácidos, como cuando un presentador de un concurso de TV dice: Soy demócrata, creo en el sistema. El regidor, enseguida, se dirige al público, que no ha captado la gracia: ¡Risas, risas!, le ordena. Las risas que tapan la realidad, la gran mentira.