02 de juliol 2011
Gelabert emociona con su baile ilusionista y daliniano
La Banda Municipal defendió la mezcla de sardanas, ya fueran de Cassú o de Santos | Fue el sonido lo que enlazó el ánimo con esta entelequia que, si insisten, es Catalunya | Gelabert se enzarza en una moderna evocación de la cultura tradicional | Sedujo Perejaume con su topográfico trazo sobre el piso del Teatre Grec
Catalunya será una entelequia, si lo desean, y tal vez debido a esa inefable condición ocurre que, periódicamente, la genialidad de alguno de sus artistas consigue afianzarla en el corazón de todo quisque. Desdibujada, acaso.
Ilusionaria, inaprehensible... y con todo, presentada como un hallazgo de humanidad y de templada rauxa. Anoche, la crème de la Catalunya amable que se acercó a la inauguración del festival Grec se entregó sin paliativos a su coreógrafo y bailarín de referencia, Cesc Gelabert, en su presentación de un emocionante encargo: una producción que evoca la sardana en sus orígenes –tan desconocidos por la mayoría–, para reinterpretarla en clave ilógica o actual, para el caso. Todo ello en una moderna evocación de la cultura tradicional catalana que, venga ya, tan a menudo nos aburre.
¡Sorpresa!
La muntanya al teu voltant –"al voltant teu pero també tu voltant, fent girs", explica Gelabert–, la primera coreografía de creación catalana con la que se inaugura un Grec, aterrizó cargada de elementos de envergadura. Perejaume creó el trazo que simula la muntanya sobre la que danzaron doce bailarines de contemporáneo, más catorce miembros de colles sardanistes; Carles Santos firmó –de nuevo cuño– una de las seis sardanas que, interpretadas por la Banda Municipal de Barcelona, elevaron hasta el espíritu más holgazán, y Lydia Azzopardi, de la companyia Gelabert Azzopardi, diseñó un vestuario que contribuyó a la magia de un imaginario daliniano.
Y todo ello en la imponente amplitud en forma de montanya invertida que es el Teatre Grec. Gelabert aprovechó hasta la zona del foso para así generar una mayor aproximación del público a sus bailarines y, por qué no, a sí mismo, que es quien guarda mayores ases de mago en su manga sin dejar entrever el truco. Y luego utiliza el teatro en su dimensión vertical, colgando a tres mentros de altura a la Banda, al fondo del escenario. La simulada topografía de esa montaña –que puede simular cualquier rincón de nuetro Mediterráneo– le sirve al coreógrafo para abordar "uno de los misterios que como bailarín y coreógrafo más me ha fascinado: la presencia del bailarín y su relación con la coreografía y el colectivo. Así como un árbol que es algo individual o parte de un bosque, la presencia es algo personal o el resultado de una interrelación con los demas".
Gelabert partió inspirado por un fragmento de Pagèsiques, del polifacético Perejaume –que anoche se vio metido en este berenjenal que mezcla caras conocidas del arte y la política en cada estreno del Grec–. Un texto que dice, por ejemplo: "Torno a veure les muntanyes com homes que caminen. Jo ballava amb la muntanya de vallar. Profunda com el mar, traçava cercles, la muntanya, lentament, al meu voltant".
La Banda Municipal dirigida por Salvador Brotons, que ya había colaborado en Belmonte con Gelabert Azzopardi, defendió con soltura la mezcla de sardanas de Cassú, Gil i Membrado o Ventura con las contemporáneas recreaciones del valenciano Santos y el vasco Borja Ramos, que firmaba la adaptación en general. "He desaparecido como autor para que el espectáculo haga ese viaje cultural y emocional", comentaba Ramos.
Y ahí, en esa tralla musical, fue donde aquello de lo profundo catalán –que no folklórico ni de pastorets– conectó con el respetable. No importaba que a la vez el público viera su pulsión reflejada en el ir y venir de los cuerpos contemporáneos de Dani Corrales, Samuel Delvaux, Virginia Gimeno, Tura Gómez... La cosa funcionaba, ya fuera sonando los clásicos de la sardana –La sonàmbula, Catalina, La flama de la sardana– como escuchando la más cañera Sardana Gelabert de Carles Santos.
Para entendernos: lo visual fue chocante, enigmático y estimulante (¡grandes sardanistas!), pero lo que enlazó los espíritus con esta entelequia que, si insisten, es Catalunya fue un sonido que ha quedado fijado en el adn.
publicat per
Maricel Chavarría
www.lavanguardia.es
18 de juny de 2011
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