17 de maig 2007

Bombalurina, un tren ideal

16 de maig de 2007

Tawfik De Las Casas
El pasado domingo asistí asombrado y perplejo a la función del Mago de Oz. Desde aquí mi enhorabuena a todo un equipo que, surgido como de la nada, ha sido capaz de emocionarme como un niño más, de tantos como habían en la sala del antaño famoso Cine Nacional. Amante como soy de los musicales, debo reconocer la calidad y entusiasmo con que han desarrollado una función que, pudiendo parecer relativamente sencilla, encierra sin embargo una gran dificultad ya que su gran mérito, a mi juicio, radica en cómo transmitir valores, tan sensatos y culturales, como la familia, la amistad, el sacrificio, la generosidad, la perseverancia, y el poder de la humildad, desde la sabiduría del humor, la grandeza del teatro, y la fuerza de la música, a un público tan heterogéneo que hacía iguales el aplauso de un niño como el de un abuelo, todos por igual.Asistí asombrado y perplejo, ante la capacidad de mi pueblo, el de Melilla, de convivir tan vivamente con la cultura, frente a "las culturas". Y cultura es eso precisamente, la fuerza de lo heterogéneo frente a lo monolítico, el camino hacia la utopía, el reino de la libre expresión, la riqueza de las diferencias, el color de las carnes frente al color de la piel. La cultura es la herramienta básica de todo desarrollo. Sólo ella es capaz de descubrir un corazón tras la oquedad de un hombre de hojalata, o una lucidez desbordante y fresca tras la insignificancia de un hombre de paja. Por fin la cultura asoma por la tierra de las culturas. Y asoma con la fuerza que la caracteriza. La que le otorga el arte, la música, el teatro, y la poesía. Esta vez a través de Bombalurina, un tren ideal.En mi tierra a algunos se les cae la baba cuando hablan de las culturas, como si de un gran patrimonio se tratara, cuando en realidad están hablando de religiones y razas, confundiendo las churras con las meninas. Sepa el lector que religión no es cultura, ni lo ha sido jamás, al menos para mí. Más bien habría que sentenciar que tradicionalmente las religiones han sido las grandes enemigas de la cultura, no importa el pueblo, la época, o el lugar. Tan sólo hay que analizar la historia para echarse a llorar. La cultura no cree en las diferencias, las religiones sobreviven gracias a ellas. La cultura es una banda ancha en la que caben todos, y todos tienen algo que aportar. Las religiones son unos mundos de buenos y malos, donde el bueno casualmente soy yo, y el otro siempre es el malo, y además me molesta.La cultura no es la lucha del hombre bueno contra el hombre malo, sino del hombre a secas contra sus propios males. El mal de la ignorancia, el mal de la insensibilidad, el mal de la mala educación, el mal de la cobardía, el mal del odio, el mal de la incomprensión, el mal de la indiferencia, el mal de la exclusión, y tantos y tantos males que desearíamos vomitar a la vuelta de la esquina. La cultura es el candil a través del cual se ilumina el espíritu del hombre. La cultura te hace similar, y por tanto tolerante, dialogante, comprensivo, y humilde. Y para ello utiliza como muletas de indudable valor el arte, la ciencia y la filosofía. Armas de tan afilado perfil, que convierten a todo hombre en persona, y a toda persona en una riqueza abierta al semejante, y lo desnuda de tal manera que es capaz de mostrar al espectador cómo el todopoderoso Oz no era en el fondo sino un vulgar cantamañanas escondido tras una cortina. Y que para colmo, lo descubre un simple hombre de paja.
Esa es la grandeza de la cultura.Gracias a Bombalurina al brindar tan apretada apuesta, por un público como el melillense, tan hambriento de cultura y a la vez tan hastiado de culturas. ¡Al diablo con la economía, los asfaltos, las placitas monas, y no se qué mas! ¡Al diablo con las culturas y multiculturas! Melilla necesita afianzar la Cultura a secas como mejor activo para su desarrollo, y sobre todo para arraigar a su juventud. Nadie se siente afecto a un determinado sitio o territorio por la belleza de sus cajeros automáticos, sino por la belleza interior de sus personas, y esa belleza hay que cultivarla.Melilla necesita urgentemente destapar el corcho que la asfixia, y ofrecer sin complejos su enorme poesía, su teatro, su música, su literatura y su arte en general, que no es poco, como fuerza de desarrollo sostenible. ¿A quien? A sí misma. Sentirse satisfecha y orgullosa de sí misma, y tener su propia personalidad ante el mundo que la rodea es tarea cultural y no económica. A quien corresponda.